lunes, 28 de febrero de 2011

Crítica a la Moral y Religión Judeo-Cristiana. F. Nietzsche (Etica)


Crítica al cristianismo.

En general Nietzsche considera que toda religión nace del miedo, de la incapacidad de asumir la vida y sus desafíos. El hombre recurre inmediatamente a una entidad superior (Dios) que le descarga de responsabilidades.
Los motivos de Nietzsche para criticar al cristianismo son los mismos por los que criticó a Platón. El cristianismo le parece una revisión del idealismo platónico. Ambos comparten la concepción dualista de la realidad. Existe un mundo real y otro aparente, el nuestro. También ambos coinciden en desvalorizar este y ensalzar el ideal. Pero la similitud va todavía más lejos: las dos teorías recurren a un principio creador que dota de sentido a la existencia (Dios-Idea de Bien). Asimismo, comparten la misma visión del hombre escindido en cuerpo y alma, dando a ésta el protagonismo y considerando su misión la huída de lo sensible para alcanzar el mundo ideal. El cuerpo es la fuente del mal, ignorancia o pecado según el caso. La vida es entendida, desde ambas perspectivas, como una estación de paso, como un castigo.
Por tanto el cristianismo en tanto que imita el modelo platónico comete también los mismos errores: el desprecio de lo sensible; y sobre todo, la desvalorización de la vida, su suplantación por otras instancias ficticias.

Critica a la moral judeo-cristiana

El eje de la crítica a la moral cristiana es su carácter contranatural. Se trata de una moral contraria a la vida, a la naturaleza, a los instintos.
Existe una manera distinta de valorar. Existe una moral que toma sus valores de la vida, de la naturaleza. Esta moral es denominada Moral de los Señores o Nobles por Nietzsche. Su valor principal es aquello que más conviene a la vida: la fuerza. Frente a la enfermedad y la debilidad, la fuerza es el valor que favorece la vida. El bueno, por tanto, será el fuerte, el poderoso. Las virtudes del fuerte serán el orgullo, el honor, la euforia, el valor, la fe en sí mismo. En definitiva, estas virtudes pueden resumirse en que el señor afirma la vida, se afirma a sí mismo. El fuerte afronta la vida en su complejidad, con sus placeres y sus sufrimientos, no se acobarda. El fuerte pone por encima de todo su voluntad. Su meta será el cumplimiento de su voluntad. Todo lo que existe esta dotado de una voluntad de ser más, de extender sus dominios, su poder (voluntad de poder). El hombre debe seguir esta voluntad de poder que anida en él. Todo lo que aumente el poder es bueno. En este sentido, la lucha, la guerra, a la que arrastra necesariamente el dictado de la voluntad, es buena: sometiendo otras voluntades aumento mi poder.
Frente a la fuerza de los señores están los débiles. Los esclavos, como los llama Nietzsche, se caracterizan por su impotencia. Es decir, son incapaces de reaccionar con la acción, no devuelven las afrentas (parábola de la mejilla). Esta actitud antinatural provocada por su impotencia, les hace acumular odio, resentimiento hacia los fuertes. Este resentimiento da lugar al deseo de venganza.
En este punto Nietzsche reconoce en el débil al malvado pues siente resentimiento, odia, desea vengarse del fuerte. Sin embargo, el señor no es malvado, sino inocente. No siente odio, al responder siempre con la acción se desfoga, no acumula resentimientos, Además, sus acciones están guiadas por el instinto, por la naturaleza. Puede acusarse a alguien porque actúe según su naturaleza (Águila-conejo).
Por otra parte, se desvela también aquí la inteligencia como una virtud propia de los débiles. Son ellos los que tienen que urdir estrategias, planificar, cavilar para llevar a delante su venganza. Los fuertes toman lo que necesitan sin más complicaciones.
La venganza de los débiles tendrá que ver con esta característica. El pueblo, considerado por Nietzsche, más malvado e inteligente llevará a cabo esa venganza: Los Judíos. La venganza consistirá en la transvaloración de los valores. Invierten los valores naturales. Lo que era bueno en la moral de los fuertes se convierte en malo, y lo malo en bueno. Fundan, de esta manera, una nueva moral basada en sus propias características y limitadora del fuerte. Es decir una moral en la que el bueno es el débil, en la que las virtudes son las características propias del débil: la humildad (no destacar), La resignación (no actuar), la paz (cobardía, miedo), la piedad, la misericordia, etc.… En definitiva, estos valores pueden resumirse en la renuncia a la vida. Los débiles dicen no a la vida. Con esta moral los débiles hacen caer sobre los fuertes, y sobre todos los que escuchen sus instintos, todo el peso de la culpa, del pecado. Esta nueva moral de los débiles o de los esclavos es el origen de la moral cristiana.
Por tanto, discurre Nietzsche, el mensaje del cristianismo, la buena nueva que trae Cristo al mundo, no es, como proclaman, el amor, sino, al contrario, el odio. La moral cristiana no nace del amor, sino del resentimiento. Cristo es el Mesías del odio.

Nihilismo

La cultura occidental ha tomado sus valores del platonismo y de la religión judeo-cristiana, alejándose de los valores de la vida.
Los valores de la vida, los valores nobles se suprimieron adoptándose frente a estos los “valores superiores”, por ejemplo: Dios, Bien, esencia, verdad. En definitiva diría Nietzsche, valores de la debilidad, valores esclavos.
Esta actitud ha propiciado la enfermedad del hombre moderno, es decir, el nihilismo. La cultura occidental es una cultura de la negación, de la reacción, de la decadencia. Se hunde en la no-vida, la vida se nadifica (se convierte en nada).
Pero resulta que, según Nietzsche, estos valores supremos se están derrumbando en su época (Filosofía de la Sospecha, movimientos socialistas, etc.…). Occidente ha perdido la fe, se ha cansado de los valores supremos. Esta ficción que ha durado tantos siglos (desde Sócrates) está llegando a su fin.
En “La Gaya Ciencia” proclama Nietzsche que “Dios ha muerto”. Ha muerto por que nosotros lo hemos matado al dejar de creer en él. Occidente ha dejado de creer en el mundo suprasensible y en Dios.
Las consecuencias son importantes. Dios, y los valores a él ligados, ejercían una función reguladora de la vida. Toda nuestra existencia se guiaba por estos valores. Sin Dios nos quedamos sin guía. La vida carece de sentido. El hombre se siente perdido, se hunde sin reaccionar. Esta sensación es la propia de lo que Nietzsche denomina Nihilismo pasivo. Éste es un símbolo de la decadencia de occidente. Era el destino inevitable de la tradición socrático-platónica.
Sin embargo, es posible otra actitud. La cara positiva del nihilismo parte del reconocimiento de las condiciones que han llevado a occidente a caer en el nihilismo. Una vez conocidas las causas de la decadencia, y desenmascarados los culpables (Sócrates-Platón y el cristianismo) se deben alumbrar soluciones. Éste es el nihilismo activo. Su tarea consistirá en la destrucción del mundo irreal de los valores superiores, en la proclamación de la falsedad de esos valores, y sobre todo, en constituirse en punto de partida hacia una nueva forma de entender la realidad y el hombre. El nihilismo activo será el inicio de un nuevo mundo y un nuevo hombre que se guiará por valores nuevos. Valores nacidos de la vida.

Superhombre

El Nihilismo significa el fin de la tradición socrático-platónica y cristiana, y el ocaso de sus “valores supremos”. Nietzsche entiende esta circunstancia como el momento idóneo para acabar con los falsos ídolos. Es la oportunidad de volver del revés la transvaloracion de los valores que dio origen a la tradición. Hay que crear un mundo nuevo basado en los valores antes despreciados, los valores de la vida.
La afirmación de la vida, el amor a la vida no solo hará aparecer un mundo nuevo, sino que con el surgirá un hombre nuevo y superior: el Superhombre. El hombre no es más que un paso intermedio entre el animal y el superhombre, y debe ser superado.
Nietzsche nos explica, en Así habló Zaratustra, a través de una fabula la triple transformación que da lugar al superhombre. El espíritu del hombre se manifiesta, en primer lugar, como un camello. Carga resignadamente con todo el peso de la vida: las imposiciones de la religión y la moral (culpa, pecado…). Simboliza al hombre que vive bajo el yugo de la tradición, sometido a la moral de esclavos. Se le exige paciencia, renuncia, ascetismo. El segundo momento de esta transformación nos muestra al espíritu como un león. Un espíritu libre que conquista su libertad enfrentándose a los viejos valores. Representa al hombre que en el nihilismo tomo una actitud activa. Por ultimo, el espíritu aparece bajo la apariencia de un niño. Simboliza un nuevo comienzo, nuevos valores, un mundo nuevo y un hombre nuevo: el superhombre.

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