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lunes, 18 de abril de 2011

¿Video de Nietzsche?



La autenticidad de esta filmación (de 1 minuto y 17 segundos de duración) ha sido puesta en entredicho, pese al notable parecido del personaje filmado con el Nietszche de los últimos días de su vida. Vídeo publicado en You Tube.

Contexto Histórico-cultural-filosófico de Nietzsche

Contexto histórico-cultural

La vida de Nietzsche ocupa casi exactamente la segunda mitad del s. XIX (1844-1900). Es el siglo en que toman cuerpo las profundas transformaciones que se venían preparando desde el origen de la Modernidad: proceso de industrialización, revoluciones sociales incesantes, auge de los nacionalismos, etc. (Véase a este propósito lo que se dijo acerca del contexto histórico de Marx). Para entender bien a Nietzsche hay que insistir en que durante la segunda mitad del s. XIX ya se empiezan a percibir los límites del proyecto de la Ilustración. Lo sueños de una sociedad fraternal, guiada por los ideales de libertad e igualdad, y en constante progreso hacia mejor, se están desvaneciendo: los conflictos no cesan, aunque cambia su forma: ahora predomina la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado industrial y las disputas nacionales o imperialistas. Alemania se gesta en estos años como nación. El movimiento nacionalista cubre todo el s. XIX, suscita la mayoría de las guerras y es uno de los factores decisivos de cambio. La Revolución Francesa había proclamado la soberanía nacional y el "principio de nacionalidades", que se vio defraudado por el Congreso de Viena. Sin embargo, es la época en que buena parte de las colonias españolas en América obtienen su independencia; Italia (1861) y Alemania (1871) se unifican como nación, etc. El imperialismo, por otra parte, arroja como resultado la expansión colonialista de Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Estados Unidos y Japón (mientras desaparecen los imperios español y chino). Todos los Estados imperialistas proclaman su "alta misión" en el mundo "para edificar la obra civilizadora que Dios les propone" (Guillermo II de Alemania).


Contexto filosófico

Desde el punto de vista ideológico-político en el s. XIX se enfrentan varias tendencias contrapuestas (liberalismo, tradicionalismo, socialismo, anarquismo, nacionalismo,...); por otra parte, desde el punto de vista filosófico proliferan diversos "-ismos" (idealismo, romanticismo, positivismo, irracionalismo, marxismo, historicismo,...) que se suceden unos a otros por reacción. Contra los ideales racionales de la Ilustración, el romanticismo reivindica un nuevo concepto de razón: la filosofía de Hegel la concibe como un Espíritu Absoluto que dirige la marcha de la historia humana. El romanticismo va a cuestionar la confianza que la Ilustración había puesto en la razón y la ciencia. Los románticos exaltarán la naturaleza y el poder infinito de la subjetividad, del yo. Frente al concepto exaltaban la intuición y el sentimiento. Reivindicarán una libertad sin límites para el genio creador que no debe someterse a los moldes sociales que frenan su potencia creadora. Sienten una afinidad especial por lo misterioso, lo oscuro, lo extraño y salvaje, frente a la claridad, orden y transparencia a que aspiraba la Ilustración. Aunque Nietzsche no es un autor romántico, se detecta en su obra influencia del romanticismo.

Contra estas grandes teorías totalizadoras, el positivismo intenta atenerse a los hechos concretos inspirándose en las ciencias empíricas. Durante la segunda mitad del siglo -época de Nietzsche- el positivismo (Comte) pretendía presentarse como la única respuesta adecuada a los tiempos. Las ciencias de la naturaleza (sobre todo la física) estaban pasando una época de ingenua pedantería: muchos científicos creían que la ciencia era capaz de explicar no sólo las leyes de la naturaleza, sino también los misterios del ser humano. La ciencia es considerada como saber absoluto y único modelo de conocimiento.

Cansados de tanta racionalidad, aparecen corrientes irracionalistas que ponen de relieve las dimensiones humanas que se escapan a la lógica abstracta de las teorías puramente racionales.

El materialismo, que se nutre de la explosiva situación social de la época, cuestiona profundamente el papel mismo de la filosofía y promueve cambios sociales profundos.

Por otra parte, una serie de pensadores muy distintos entre sí suelen agruparse en lo que se ha denominado vitalismo. Todos ellos se oponen a los intentos del positivismo de explicar el mundo a partir de la mera racionalidad científica y ponen por delante la "vida". Bajo la denominación de "vitalismo" suele comprenderse un conjunto de filósofos cuya reflexión gira en torno al tema de de la vida, como F. Nietzsche, W. Dilthey, J. Ortega y Gasset y H. Bergson.

Para concluir, decir que la de Nietzsche es una filosofía en grado sumo polémica y crítica. Hasta el punto de que sólo se la comprende adecuadamente si se sabe contra quién arremete en cada caso. No en vano es considerada como una crítica de toda la tradición platónico-cristiana occidental, es decir, nuestra cultura. Por tanto, son muchos los "enemigos" contra los que arremete: Parménides, Sócrates, Platón, Kant, el cristianismo, el socialismo,...

Actualidad de Nietzsche

Ha pasado más de un siglo desde que Nietzsche diagnosticara el Nihilismo como la enfermedad de su época. Hoy en día los síntomas de esa enfermedad se han extendido al máximo. Nunca antes la creencia en Dios fue algo tan discutido. Hoy las creencias religiosas se relegan al ámbito personal, se consideran una cuestión subjetiva. El cristianismo ha perdido gran parte de su influencia ideológica. Hoy en día, acostumbrados a la diversidad de opiniones, el dogmatismo es imposible. En nuestra época casi “todo vale”.

Sin embargo, no hemos evolucionado hacia ese Superhombre que Nietzsche esperaba. Hemos sustituido los valores ficticios del platonismo y el cristianismo por otros, igualmente falsos. Hoy nuestros valores, aunque puedan parecer cercanos al vitalismo que Nietzsche defendía (culto al cuerpo, disfrute de la vida, sexo, poder, juventud, etc.…), no son más que una imposición del mercado que inventa necesidades y valores para guiarnos al consumo. Nietzsche aspiraba a que el hombre viviera la vida asumiendo tanto el placer como el dolor que conllevara, y no esta versión light y edulcorada que nos transmiten los anuncios, que son los pulpitos ideológicos de nuestro tiempo.

lunes, 28 de febrero de 2011

Crítica a la Moral y Religión Judeo-Cristiana. F. Nietzsche (Etica)


Crítica al cristianismo.

En general Nietzsche considera que toda religión nace del miedo, de la incapacidad de asumir la vida y sus desafíos. El hombre recurre inmediatamente a una entidad superior (Dios) que le descarga de responsabilidades.
Los motivos de Nietzsche para criticar al cristianismo son los mismos por los que criticó a Platón. El cristianismo le parece una revisión del idealismo platónico. Ambos comparten la concepción dualista de la realidad. Existe un mundo real y otro aparente, el nuestro. También ambos coinciden en desvalorizar este y ensalzar el ideal. Pero la similitud va todavía más lejos: las dos teorías recurren a un principio creador que dota de sentido a la existencia (Dios-Idea de Bien). Asimismo, comparten la misma visión del hombre escindido en cuerpo y alma, dando a ésta el protagonismo y considerando su misión la huída de lo sensible para alcanzar el mundo ideal. El cuerpo es la fuente del mal, ignorancia o pecado según el caso. La vida es entendida, desde ambas perspectivas, como una estación de paso, como un castigo.
Por tanto el cristianismo en tanto que imita el modelo platónico comete también los mismos errores: el desprecio de lo sensible; y sobre todo, la desvalorización de la vida, su suplantación por otras instancias ficticias.

Critica a la moral judeo-cristiana

El eje de la crítica a la moral cristiana es su carácter contranatural. Se trata de una moral contraria a la vida, a la naturaleza, a los instintos.
Existe una manera distinta de valorar. Existe una moral que toma sus valores de la vida, de la naturaleza. Esta moral es denominada Moral de los Señores o Nobles por Nietzsche. Su valor principal es aquello que más conviene a la vida: la fuerza. Frente a la enfermedad y la debilidad, la fuerza es el valor que favorece la vida. El bueno, por tanto, será el fuerte, el poderoso. Las virtudes del fuerte serán el orgullo, el honor, la euforia, el valor, la fe en sí mismo. En definitiva, estas virtudes pueden resumirse en que el señor afirma la vida, se afirma a sí mismo. El fuerte afronta la vida en su complejidad, con sus placeres y sus sufrimientos, no se acobarda. El fuerte pone por encima de todo su voluntad. Su meta será el cumplimiento de su voluntad. Todo lo que existe esta dotado de una voluntad de ser más, de extender sus dominios, su poder (voluntad de poder). El hombre debe seguir esta voluntad de poder que anida en él. Todo lo que aumente el poder es bueno. En este sentido, la lucha, la guerra, a la que arrastra necesariamente el dictado de la voluntad, es buena: sometiendo otras voluntades aumento mi poder.
Frente a la fuerza de los señores están los débiles. Los esclavos, como los llama Nietzsche, se caracterizan por su impotencia. Es decir, son incapaces de reaccionar con la acción, no devuelven las afrentas (parábola de la mejilla). Esta actitud antinatural provocada por su impotencia, les hace acumular odio, resentimiento hacia los fuertes. Este resentimiento da lugar al deseo de venganza.
En este punto Nietzsche reconoce en el débil al malvado pues siente resentimiento, odia, desea vengarse del fuerte. Sin embargo, el señor no es malvado, sino inocente. No siente odio, al responder siempre con la acción se desfoga, no acumula resentimientos, Además, sus acciones están guiadas por el instinto, por la naturaleza. Puede acusarse a alguien porque actúe según su naturaleza (Águila-conejo).
Por otra parte, se desvela también aquí la inteligencia como una virtud propia de los débiles. Son ellos los que tienen que urdir estrategias, planificar, cavilar para llevar a delante su venganza. Los fuertes toman lo que necesitan sin más complicaciones.
La venganza de los débiles tendrá que ver con esta característica. El pueblo, considerado por Nietzsche, más malvado e inteligente llevará a cabo esa venganza: Los Judíos. La venganza consistirá en la transvaloración de los valores. Invierten los valores naturales. Lo que era bueno en la moral de los fuertes se convierte en malo, y lo malo en bueno. Fundan, de esta manera, una nueva moral basada en sus propias características y limitadora del fuerte. Es decir una moral en la que el bueno es el débil, en la que las virtudes son las características propias del débil: la humildad (no destacar), La resignación (no actuar), la paz (cobardía, miedo), la piedad, la misericordia, etc.… En definitiva, estos valores pueden resumirse en la renuncia a la vida. Los débiles dicen no a la vida. Con esta moral los débiles hacen caer sobre los fuertes, y sobre todos los que escuchen sus instintos, todo el peso de la culpa, del pecado. Esta nueva moral de los débiles o de los esclavos es el origen de la moral cristiana.
Por tanto, discurre Nietzsche, el mensaje del cristianismo, la buena nueva que trae Cristo al mundo, no es, como proclaman, el amor, sino, al contrario, el odio. La moral cristiana no nace del amor, sino del resentimiento. Cristo es el Mesías del odio.

Nihilismo

La cultura occidental ha tomado sus valores del platonismo y de la religión judeo-cristiana, alejándose de los valores de la vida.
Los valores de la vida, los valores nobles se suprimieron adoptándose frente a estos los “valores superiores”, por ejemplo: Dios, Bien, esencia, verdad. En definitiva diría Nietzsche, valores de la debilidad, valores esclavos.
Esta actitud ha propiciado la enfermedad del hombre moderno, es decir, el nihilismo. La cultura occidental es una cultura de la negación, de la reacción, de la decadencia. Se hunde en la no-vida, la vida se nadifica (se convierte en nada).
Pero resulta que, según Nietzsche, estos valores supremos se están derrumbando en su época (Filosofía de la Sospecha, movimientos socialistas, etc.…). Occidente ha perdido la fe, se ha cansado de los valores supremos. Esta ficción que ha durado tantos siglos (desde Sócrates) está llegando a su fin.
En “La Gaya Ciencia” proclama Nietzsche que “Dios ha muerto”. Ha muerto por que nosotros lo hemos matado al dejar de creer en él. Occidente ha dejado de creer en el mundo suprasensible y en Dios.
Las consecuencias son importantes. Dios, y los valores a él ligados, ejercían una función reguladora de la vida. Toda nuestra existencia se guiaba por estos valores. Sin Dios nos quedamos sin guía. La vida carece de sentido. El hombre se siente perdido, se hunde sin reaccionar. Esta sensación es la propia de lo que Nietzsche denomina Nihilismo pasivo. Éste es un símbolo de la decadencia de occidente. Era el destino inevitable de la tradición socrático-platónica.
Sin embargo, es posible otra actitud. La cara positiva del nihilismo parte del reconocimiento de las condiciones que han llevado a occidente a caer en el nihilismo. Una vez conocidas las causas de la decadencia, y desenmascarados los culpables (Sócrates-Platón y el cristianismo) se deben alumbrar soluciones. Éste es el nihilismo activo. Su tarea consistirá en la destrucción del mundo irreal de los valores superiores, en la proclamación de la falsedad de esos valores, y sobre todo, en constituirse en punto de partida hacia una nueva forma de entender la realidad y el hombre. El nihilismo activo será el inicio de un nuevo mundo y un nuevo hombre que se guiará por valores nuevos. Valores nacidos de la vida.

Superhombre

El Nihilismo significa el fin de la tradición socrático-platónica y cristiana, y el ocaso de sus “valores supremos”. Nietzsche entiende esta circunstancia como el momento idóneo para acabar con los falsos ídolos. Es la oportunidad de volver del revés la transvaloracion de los valores que dio origen a la tradición. Hay que crear un mundo nuevo basado en los valores antes despreciados, los valores de la vida.
La afirmación de la vida, el amor a la vida no solo hará aparecer un mundo nuevo, sino que con el surgirá un hombre nuevo y superior: el Superhombre. El hombre no es más que un paso intermedio entre el animal y el superhombre, y debe ser superado.
Nietzsche nos explica, en Así habló Zaratustra, a través de una fabula la triple transformación que da lugar al superhombre. El espíritu del hombre se manifiesta, en primer lugar, como un camello. Carga resignadamente con todo el peso de la vida: las imposiciones de la religión y la moral (culpa, pecado…). Simboliza al hombre que vive bajo el yugo de la tradición, sometido a la moral de esclavos. Se le exige paciencia, renuncia, ascetismo. El segundo momento de esta transformación nos muestra al espíritu como un león. Un espíritu libre que conquista su libertad enfrentándose a los viejos valores. Representa al hombre que en el nihilismo tomo una actitud activa. Por ultimo, el espíritu aparece bajo la apariencia de un niño. Simboliza un nuevo comienzo, nuevos valores, un mundo nuevo y un hombre nuevo: el superhombre.

Crítica al Idealismo y a la Metafísica. F. Nietzsche (Onto-Epistemológico)

Crítica al Idealismo Platónico

Nietzsche junto con Marx y Freud son los representantes de la denominada Filosofía de la Sospecha. Sospecha de la razón, de la moral, de la religión, en definitiva sospecha de la cultura occidental.
La filosofía de Nietzsche es principalmente una crítica a la cultura occidental. Esta crítica profundiza en las raíces de nuestra cultura y las ataca. Los pilares de la cultura occidental para Nietzsche son el idealismo platónico y la religión y moral judeo-cristiana.
Desde su primera obra, “El origen de la tragedia”, Nietzsche emprende esta crítica. En esta obra denuncia la errónea concepción que Occidente tiene de la Grecia clásica, que tanto ha imitado (renacimiento, neoclasicismo…). Nuestra cultura cuando vuelve su mirada al mundo griego rescata y adopta como sus valores fundamentales la armonía, el equilibrio, la serenidad, la proporción que tan bien reflejan el Partenón en la arquitectura o el discóbolo de Mirón en la escultura. Sin embargo, Nietzsche afirma que estamos olvidando otras actitudes que también eran propias de la Grecia clásica. En la música y la danza se muestran otros valores: la fuerza, la vitalidad, lo exaltado, lo que se desborda. Nietzsche denomina a los valores de la armonía Espíritu Apolíneo, en referencia a Apolo dios de la belleza, las artes, la verdad. Los valores de la vitalidad representan el Espíritu Dionisiaco, en honor a Dionisos dios del vino. Ambos espíritus convivían en la Grecia clásica en continua lucha. En la tragedia griega encuentra Nietzsche un claro ejemplo de esta coexistencia. En las obras de teatro griegas el protagonismo se repartía entre la escena y el coro. En la escena, manifestación para Nietzsche del espíritu apolíneo, los actores representaban su papel según el guión, el coro, representación del espíritu dionisiaco, mucho más libre, intervenía cantando, gritando, llorando, riendo.
Nietzsche afirma que a nuestra época solo ha llegado el espíritu apolíneo y que el dionisiaco se ha perdido. La responsabilidad, la culpa es de Sócrates y Platón. Ambos filósofos coinciden con los valores apolíneos y reniegan de lo dionisiaco. El triunfo del intelectualismo de Sócrates-Platón, provoca el desprecio y el olvido de lo vital, de lo dionisiaco.
Sócrates-Platón defienden un mundo estático, eterno, inmutable, inmaterial, perfecto (Mundo de las Ideas), frente al devenir, el cambio, el movimiento, la generación y la muerte que encarnaba Dionisos y ensalza Nietzsche. Sócrates-Platón defienden la razón como instrumento para llegar al conocimiento, a la verdad. Sin embargo, para Nietzsche son los sentidos los que nos muestran la única verdad posible: el devenir, la vida. El hombre de Sócrates-Platón es un hombre teórico, cuya virtud y felicidad dependen del conocimiento, de la razón (Intelectualismo moral).Nietzsche reclama un hombre vital que se guía por sus instintos, que vive la vida con sus placeres y sufrimientos. En definitiva, Sócrates y Platón defienden la razón a toda costa, mientras Nietzsche reivindica la vida como valor fundamental.
Platón ha cometido según Nietzsche el peor error de toda la historia de la Filosofía: creer en el Bien en si, admitir un mundo ficticio frente al real. Esto es síntoma de decadencia, de odio a la vida.
Si se ha convertido en el peor error de la historia es porque los filósofos posteriores han continuado la línea iniciada por Platón.


Crítica a la Metafísica tradicional.

La crítica que Nietzsche realiza a la tradición filosófica, deudora del legado de Platón, se centra en:
· su carácter dogmático (cree estar en posesión de toda la verdad).
· su consideración del ser como algo estático, fijo, inmutable, inmaterial.
· Su creencia en la verdad absoluta.
· su distinción entre lo aparente y lo real.
· Su sobrevaloracion de la razón frente a los sentidos.


El mundo estático, eterno,… heredado de Platón por la metafísica tradicional, para Nietzsche no existe, solo existe el devenir, “este” mundo, el de las apariencias. De entre todos los filósofos solo Heráclito entendió el ser como devenir y merece ser respetado.
Nietzsche no cree en verdades absolutas. Difícilmente se pueden encontrar verdades en un mundo siempre cambiante, y menos, por los hombres, sometidos igualmente al devenir.
Nietzsche quiere desenmascarar a la razón tan idolatrada por los filósofos. La razón utiliza conceptos fijos, inmutables para explicar la realidad. La razón nos hace concebir las cosas como dotadas de unidad, identidad, duración, etc. Pero esto solo es un prejuicio de la razón. Las cosas no poseen estas características, su realidad es el cambio, el devenir. Solo los sentidos nos pueden mostrar esta realidad. Sin embargo nuestras estructuras de conocimiento (la razón) requieren de conceptos, nos vemos necesitados, obligados al error. No obstante esta necesidad, debemos reconocer que es la razón la que introduce el error, nunca los sentidos.
El triunfo del prejuicio de la razón tiene como aliado al Lenguaje. Los conceptos, unidad básica de la lengua, son en principio metáforas para referirse a lo real, pero con el tiempo y el uso hemos olvidado ese carácter metafórico y les atribuimos realidad. Por otra parte, la estructura común de nuestras oraciones (sujeto + predicado) da pie a una interpretación substancialista de la realidad (creer que en el mundo existen cosas definidas con características propias). También en este sentido, el uso del verbo mas importante (ser) favorece la idea de la existencia de entidades dotadas de rasgos permanentes. De esta manera el lenguaje ayuda a la razón a hacernos caer en la trampa de su prejuicio y de la realidad de los conceptos.

Comparación de Nietzsche


Nietzsche es uno de los autores más polémicos de la historia de la Filosofía. Se manifiesta contra la tradición filosófica en general, pero sus críticas más feroces las dedica a los, según él, fundadores de esta tradición: Sócrates y Platón.
Nuestra comparación se centrara fundamentalmente en estudiar los puntos de desacuerdo de Nietzsche con estos autores.

Comenzaremos constatando las diferencias en cuanto a la concepción de la realidad. Platón desprecia “este mundo” (Mundo Sensible), le parece caótico, dominado por el cambio, la multiplicidad, la finitud, etc. Considera que debe existir otro mundo (Mundo de las Ideas) en el que impere el orden. Un mundo eterno, estático, inmutable. Este “otro mundo” será el real, donde reside el ser y, por ende, la verdad. Frente a este, nuestro mundo tiene realidad solo en la medida en que copia al real. Nuestro mundo es sólo apariencia.
Precisamente las características por las que “este mundo” es rechazado por Platón, son las que demuestran, según Nietzsche, su realidad. Lo real es el devenir, el cambio, la generación, la muerte… El Ser, tal y como lo conciben Parménides y Platón, y en esto cita Nietzsche a Heráclito (único filosofo que salva de la quema), es una ficción vacía. El dualismo platónico es una afrenta contra el mundo, un desprecio de lo único que tenemos: la vida.

En relación con el conocimiento Platón, y la tradición que le sigue, considera la razón, instrumento del alma, como la única instancia capaz de guiarnos al conocimiento, a la verdad. Descartes coincide en esta apreciación. La sustancia pensante (yo, alma) posee la razón, que si está guiada por un método adecuado, la conducirá al conocimiento de todas las verdades que se proponga. También coinciden en despreciar los sentidos, y por tanto el cuerpo que los alberga, al considerarlos incapaces de llevarnos a la verdad. Platón afirma que sólo nos pueden aportar opinión (doxa), no verdadero conocimiento (episteme). Descartes los rechaza, por poco fiables, para construir la ciencia.
Nietzsche, al contrario, realiza una defensa de los sentidos. Estos no nos engañan nunca, mostrándonos la multiplicidad, el cambio, el movimiento, es decir, el devenir nos enseñan la realidad. Quien nos engaña con su prejuicio es la razón. Ella transforma el testimonio de los sentidos convirtiéndolo en conceptos que nos hacen concebir las cosas como dotadas de unidad, duración, esencia, etc. Los conceptos suplantan, y nos hacen olvidar, la vida. La razón momifica la realidad. El lenguaje es el mayor aliado de la razón en este fraude, pues propaga incesantemente los conceptos. Para evitar este engaño del lenguaje propone Nietzsche la metáfora. La verdad absoluta en que creían Platón y Descartes es imposible para Nietzsche. La verdad no es más que un error, provocado por la forma de funcionamiento de la razón, aunque sea útil.

La concepción del Hombre de Nietzsche es opuesta a la de la filosofía tradicional. Platón, también Descartes, identifica al hombre con el alma. El cuerpo no es más que su cárcel. El alma pertenece al mundo inteligible, su estancia en “este” mundo es accidental y transitoria. El cuerpo es además el centro de todos los males: nos confunde con sus sentidos, nos ata al mundo con sus pasiones complicando el ascenso al mundo de las ideas. El hombre debe liberarse, purificarse de su influjo negativo. El hombre alcanzará la virtud y la felicidad mediante el conocimiento (intelectualismo moral).
Nietzsche, muy al contrario, valora el cuerpo: sus sentidos y sus instintos naturales. Los sentidos nos mostrarán la realidad del devenir. Frente al intelectualismo de Platón afirma que los instintos deben guiar nuestros actos. El único comportamiento con sentido es la fidelidad a la tierra, al cuerpo, a los instintos. Lo demás son añadidos mentirosos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Texto de Nietzsche

NIETZSCHE, F:
El Crepúsculo de los Ídolos. (Trad. A. Sánchez Pascual). Ed. Alianza. Madrid. 1979, pp.45-50.
‘La "razón" en la filosofía’
(Marcados en color los fragmentos que caído en selectividad en los últimos años)

1

Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?... Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno], cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, - se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones, - incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es... Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. "Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador? - "Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia [Historie], de la mentira, la historia no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es "pueblo". ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono-teísmo con una mímica de sepulturero! - ¡Y, sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable idée fixe [idea fija] de los sentidos!, ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real! ... "

2

Pongo a un lado, con gran reverencia, el nombre de Heráclito. Mientras que el resto del pueblo de los filósofos rechazaba el testimonio de los sentidos porque éstos mostraban pluralidad y modificación, él rechazó su testimonio porque mostraban las cosas como si tuviesen duración y unidad. También Heráclito fue injusto con los sentidos. Estos no mienten ni del modo como creen los eléatas ni del modo como creía él, no mienten de ninguna manera. Lo que nosotros hacemos de su testimonio, eso es lo que introduce la mentira, por ejemplo la mentira de la unidad, la mentira de la coseidad, de la sustancia, de la duración... La "razón" es la causa de que nosotros falseemos el testimonio de los sentidos. Mostrando el devenir, el perecer, el cambio, los sentidos no mienten... Pero Heráclito tendrá eternamente razón al decir que el ser es una ficción vacía. El mundo "aparente" es el único: el "mundo verdadero" no es más que un añadido mentiroso...

3

-¡Y qué sutiles instrumentos de observación tenemos en nuestros sentidos! Esa nariz, por ejemplo de la que ningún filósofo ha hablado todavía con veneración y gratitud, es hasta este momento incluso el más delicado de los instrumentos que están a nuestra disposición: es capaz de registrar incluso diferencias mínimas de movimiento que ni siquiera el espectroscopio registra. Hoy nosotros poseemos ciencia exactamente en la medida en que nos hemos decidido a aceptar el testimonio de los sentidos, en que hemos aprendido a seguir aguzándolos, armándolos, pensándolos hasta el final. El resto es un aborto y todavía no-ciencia: quiero decir, metafísica, teología, psicología, teoría del conocimiento. 0 ciencia formal, teoría de los signos: como la lógica, y esa lógica aplicada, la matemática. En ellas la realidad no llega a aparecer, ni siquiera como problema; y tampoco como la cuestión de qué valor tiene en general ese convencionalismo de signos que es la lógica.

4

La otra idiosincrasia de los filósofos no es menos peligrosa: consiste en confundir lo último y lo primero. Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final -¡por desgracia!, ¡pues no debería siquiera venir!- los "conceptos supremos", es decir, los conceptos más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora. Esto es, una vez más, sólo expresión de su modo de venerar: a lo superior no le es lícito provenir de lo inferior, no le es lícito provenir de nada... Moraleja: todo lo que es de primer rango tiene que ser causa sui [causa de sí mismo]. El proceder de algo distinto es considerado como una objeción, como algo que pone en entredicho el valor. Todos los valores supremos son de primer rango, ninguno de los conceptos supremos, lo existente, lo incondicionado, lo bueno, lo verdadero, lo perfecto ninguno de ellos puede haber devenido, por consiguiente tiene que ser causa sui. Mas ninguna de esas cosas puede ser tampoco desigual una de otra, no puede estar en contradicción consigo misma... Con esto tienen los filósofos su estupendo concepto "Dios"... Lo último, lo más tenue, lo más vacío es puesto como lo primero, como causa en sí, como ens realissimum [ente realísimo]... ¡Que la humanidad haya tenido que tomar en serio las dolencias cerebrales de unos enfermos tejedores de telarañas! - ¡Y lo ha pagado caro! ...

5

- Contrapongamos a esto, por fin, el modo tan distinto como nosotros (digo nosotros por cortesía ... ) vemos el problema del error y de la apariencia. En otro tiempo se tomaba la modificación, el cambio, el devenir en general como prueba de apariencia, como signo de que ahí tiene que haber algo que nos induce a error. Hoy, a la inversa, en la exacta medida en que el prejuicio de la razón nos fuerza a asignar unidad, identidad, duración, sustancia, causa, coseidad, ser, nos vemos en cierto modo cogidos en el error, necesitados al error; aun cuando, basándonos en una verificación rigurosa, dentro de nosotros estemos muy seguros de que es ahí donde está el error. Ocurre con esto lo mismo que con los movimientos de una gran constelación: en éstos el error tiene como abogado permanente a nuestro ojo, allí a nuestro lenguaje. Por su génesis el lenguaje pertenece a la época de la forma más rudimentaria de psicología: penetramos en un fetichismo grosero cuando adquirimos consciencia de los presupuestos básicos de la metafísica del lenguaje, dicho con claridad: de la razón. Ese fetichismo ve en todas partes agentes y acciones: cree que la voluntad es la causa en general, cree en el "yo", cree que el yo es un ser, que el yo es una sustancia, y proyecta sobre todas las cosas la creencia en la sustancia-yo -así es como crea el concepto "cosa"... El ser es añadido con el pensamiento, es introducido subrepticiamente en todas partes como causa; del concepto "yo" es del que se sigue, como derivado, el concepto "ser"... Al comienzo está ese grande y funesto error de que la voluntad es algo que produce efectos, de que la voluntad es una facultad... Hoy sabemos que no es más que una palabra... Mucho más tarde, en un mundo mil veces más ilustrado, llegó a la consciencia de los filósofos, para su sorpresa, la seguridad, la certeza subjetiva en el manejo de las categorías de la razón: ellos sacaron la conclusión de que esas categorías no podían proceder de la empiria, - la empiria entera, decían, está, en efecto, en contradicción con ellas. ¿De dónde proceden, pues? - Y tanto en India como en Grecia se cometió el mismo error: "nosotros tenemos que haber habitado ya alguna vez en un mundo más alto (en lugar de en un mundo mucho más bajo: ¡lo cual habría sido la verdad! ), nosotros tenemos que haber sido divinos, ¡pues poseemos la razón!"... De hecho, hasta ahora nada ha tenido una fuerza persuasiva más ingenua que el error acerca del ser, tal como fue formulado, por ejemplo, por los eléatas: ¡ese error tiene en favor suyo, en efecto, cada palabra, cada frase que nosotros pronunciamos! -También los adversarios de los eléatas sucumbieron a la seducción de su concepto de ser: entre otros Demócrito, cuando inventó su átomo... La "razón" en el lenguaje: ¡oh, qué vieja hembra engañadora! Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática...

6

Se me estará agradecido si condenso un conocimiento tan esencial, tan nuevo, en cuatro tesis: así facilito la comprensión, así provoco la contradicción.
Primera tesis. Las razones por las que "este" mundo ha sido calificado de aparente fundamentan, antes bien, su realidad, otra especie distinta de realidad es absolutamente indemostrable.
Segunda tesis. Los signos distintivos que han sido asignados al "ser verdadero" de las cosas son los signos distintivos del no-ser, de la nada, a base de ponerlo en contradicción con el mundo real es como se ha construido el "mundo verdadero": un mundo aparente de hecho, en cuanto es meramente una ilusión óptico-moral.
Tercera tesis. Inventar fábulas acerca de "otro" mundo distinto de éste no tiene sentido, presuponiendo que no domine en nosotros un instinto de calumnia, de empequeñecimiento, de recelo frente a la vida: en este último caso tomamos venganza de la vida con la fantasmagoría de "otra" vida distinta de ésta, "mejor" que ésta.
Cuarta tesis. Dividir el mundo en un mundo "verdadero" y en un mundo "aparente", ya sea al modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en última instancia, un cristiano alevoso), es únicamente una sugestión de la décadence, un síntoma de vida descendente... El hecho de que el artista estime más la apariencia que la realidad no constituye una objeción contra esta tesis. Pues "la apariencia" significa aquí la realidad una vez más, sólo que seleccionada, reforzada, corregida... El artista trágico no es un pesimista, dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco...