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jueves, 11 de mayo de 2017
Comparación Platón - Nietzsche
jueves, 9 de marzo de 2017
lunes, 18 de abril de 2011
Comparación de Ortega y Gasset
Hemos podido comprobar al estudiar a Ortega que su filosofía tiene mucho de intento de síntesis y superación de posiciones anteriores. Nos centraremos en estos momentos de síntesis para rastrear las relaciones de Ortega con otros autores tratados. Ortega pretende encontrar nuevas posiciones superadoras de las que ofrece la tradición en tres asuntos diferentes pero estrechamente relacionados:
En primer lugar, Ortega, con la aportación del Raciovitalismo, procura la superación de las posiciones que defienden Racionalismo y Vitalismo acerca de las fuentes legítimas del conocimiento.
- El Racionalismo afirma que el único vehículo válido para acceder al verdadero conocimiento es la razón. Ejemplo de esta posición es Descartes, para él, la razón, por sí sola, es capaz de alcanzar todo el conocimiento posible. Nada puede ocultarse a la razón. Esta concepción de la razón es la que Ortega llama “Razón Pura”. El Racionalismo ha creído que es posible llevar el análisis de la realidad hasta el límite último de un modo satisfactorio y con plenas garantías de validez, verdad y rigurosidad científica basándose únicamente en la razón. Y supone que la realidad entera es absolutamente penetrable por razón. La realidad y el pensamiento coinciden, si bien la razón es independiente de la experiencia. El racionalista considera a la razón como una facultad casi divina, capaz de revelarle la esencia última de las cosas, del universo. Por eso, para conocer sus leyes toma como ciencia ideal las matemáticas, modelo de ciencia formal racional (Recordemos a este respecto, como se podía leer en la puerta de la Academia platónica “no entre aquí nadie que no sepa matemáticas” o la obsesión de Descartes porque la filosofía imitase el exitoso método matemático).
- Como reacción a esta concepción de la razón aparece en la historia de la Filosofía el Vitalismo. Podemos considerar a Nietzsche su máximo representante y el más despiadado crítico de la “Razón Pura”. La razón ha sometido a la vida bajo sus conceptos, la ha amordazado, y despreciado desde los tiempos de Sócrates y Platón. La razón incapaz de atrapar la vida la ha sustituido por un mundo de conceptos ficticios. El Vitalismo propone como camino para encontrar la verdad la vuelta a la vida, a lo instintivo, a los sentidos, repudiando la razón.
- Ortega salva ambos conceptos: vida y razón. Postula una nueva aplicación de la razón, la razón al servicio de la vida. La razón debe explicar la vida, nunca sustituirla. La razón es el instrumento adecuado para esclarecer el sentido de la vida. Frente al Racionalismo Ortega coloca a la vida en un papel principal y a la razón como instrumento suyo, como una más de sus funciones. Pretende la sustitución de la Razón Pura por este nuevo tipo de razón que el propugna: la Razón Vital Frente al Vitalismo Ortega da un lugar a la razón, la considera un instrumento válido y con una función importante. La superación de estas posturas es el Raciovitalismo.
En segundo lugar, teniendo como fondo la cuestión de dónde reside la verdadera realidad, Ortega afronta la síntesis y superación de las posturas realista e idealista.
- El Realismo, representante clásico de él es Aristóteles, supone que la realidad estriba en los objetos. La realidad la componen los objetos independientemente del pensamiento.
- El Idealismo, que comienza con Kant y tiene su máxima expresión con Hegel, identifica realidad con conciencia. La realidad, incluso aquella que nos parece exterior, no es más que una experiencia interna.
- Para Ortega la realidad primera, la auténtica y verdadera realidad, a la que el llama "Realidad Radical” es la vida. Critica al Realismo su olvido del yo, el sujeto está tan pendiente de lo exterior que se ignora a sí mismo. Critica, también, al Idealismo por recluir el mundo dentro de la conciencia. Ortega defiende que la realidad está constituida por el yo y el mundo unidos, indisociables. Esta unión es la vida. La Realidad Radical es la vida. En ella se funda todo conocimiento y verdad.
Por último, la Doctrina del Punto de Vista o Perspectivismo es presentada por Ortega como una superación de las posiciones defendidas por Racionalismo dogmático y Relativismo sobre la naturaleza de la Verdad.
- El Racionalismo cree en la existencia de verdades trascendentes, eternas e inmutables. Estas verdades pueden ser captadas por el sujeto, pero el conocimiento de éstas exige un sujeto puro, es decir, transparente, que se deje traspasar por estas verdades sin aportar nada propio que pudiera deformarlas. El Racionalismo requiere un modelo de sujeto estático, inmutable, idéntico.
- El Relativismo por su parte niega la posibilidad de que lleguemos a alcanzar ninguna verdad. Cada sujeto es diferente y capta la verdad de forma distinta. Si existiera esa verdad trascendente, al recibirla, sería modificada por las peculiaridades de cada sujeto, creyendo cada cual que esas deformaciones individuales son la verdad. Es imposible la Verdad.
- El Perspectivismo de Ortega defiende que hay tantas verdades como puntos de vista. Cada vida es una perspectiva de la Verdad. Además no hay otra forma de acceder a la Verdad, éste es el carácter de la Verdad, ofrecerse en perspectiva. Critica al racionalismo su pretensión de imponer una perspectiva como la única verdadera, además de su estatismo. Critica al Relativismo la conclusión de que son incompatibles múltiples verdades. Para Ortega las distintas perspectivas no son contradictorias sino complementarias.
sábado, 2 de abril de 2011
Comparación y actualidad de Kant
lunes, 28 de febrero de 2011
Comparación de Nietzsche
Nietzsche es uno de los autores más polémicos de la historia de la Filosofía. Se manifiesta contra la tradición filosófica en general, pero sus críticas más feroces las dedica a los, según él, fundadores de esta tradición: Sócrates y Platón.
Nuestra comparación se centrara fundamentalmente en estudiar los puntos de desacuerdo de Nietzsche con estos autores.
Comenzaremos constatando las diferencias en cuanto a la concepción de la realidad. Platón desprecia “este mundo” (Mundo Sensible), le parece caótico, dominado por el cambio, la multiplicidad, la finitud, etc. Considera que debe existir otro mundo (Mundo de las Ideas) en el que impere el orden. Un mundo eterno, estático, inmutable. Este “otro mundo” será el real, donde reside el ser y, por ende, la verdad. Frente a este, nuestro mundo tiene realidad solo en la medida en que copia al real. Nuestro mundo es sólo apariencia.
Precisamente las características por las que “este mundo” es rechazado por Platón, son las que demuestran, según Nietzsche, su realidad. Lo real es el devenir, el cambio, la generación, la muerte… El Ser, tal y como lo conciben Parménides y Platón, y en esto cita Nietzsche a Heráclito (único filosofo que salva de la quema), es una ficción vacía. El dualismo platónico es una afrenta contra el mundo, un desprecio de lo único que tenemos: la vida.
En relación con el conocimiento Platón, y la tradición que le sigue, considera la razón, instrumento del alma, como la única instancia capaz de guiarnos al conocimiento, a la verdad. Descartes coincide en esta apreciación. La sustancia pensante (yo, alma) posee la razón, que si está guiada por un método adecuado, la conducirá al conocimiento de todas las verdades que se proponga. También coinciden en despreciar los sentidos, y por tanto el cuerpo que los alberga, al considerarlos incapaces de llevarnos a la verdad. Platón afirma que sólo nos pueden aportar opinión (doxa), no verdadero conocimiento (episteme). Descartes los rechaza, por poco fiables, para construir la ciencia.
Nietzsche, al contrario, realiza una defensa de los sentidos. Estos no nos engañan nunca, mostrándonos la multiplicidad, el cambio, el movimiento, es decir, el devenir nos enseñan la realidad. Quien nos engaña con su prejuicio es la razón. Ella transforma el testimonio de los sentidos convirtiéndolo en conceptos que nos hacen concebir las cosas como dotadas de unidad, duración, esencia, etc. Los conceptos suplantan, y nos hacen olvidar, la vida. La razón momifica la realidad. El lenguaje es el mayor aliado de la razón en este fraude, pues propaga incesantemente los conceptos. Para evitar este engaño del lenguaje propone Nietzsche la metáfora. La verdad absoluta en que creían Platón y Descartes es imposible para Nietzsche. La verdad no es más que un error, provocado por la forma de funcionamiento de la razón, aunque sea útil.
La concepción del Hombre de Nietzsche es opuesta a la de la filosofía tradicional. Platón, también Descartes, identifica al hombre con el alma. El cuerpo no es más que su cárcel. El alma pertenece al mundo inteligible, su estancia en “este” mundo es accidental y transitoria. El cuerpo es además el centro de todos los males: nos confunde con sus sentidos, nos ata al mundo con sus pasiones complicando el ascenso al mundo de las ideas. El hombre debe liberarse, purificarse de su influjo negativo. El hombre alcanzará la virtud y la felicidad mediante el conocimiento (intelectualismo moral).
Nietzsche, muy al contrario, valora el cuerpo: sus sentidos y sus instintos naturales. Los sentidos nos mostrarán la realidad del devenir. Frente al intelectualismo de Platón afirma que los instintos deben guiar nuestros actos. El único comportamiento con sentido es la fidelidad a la tierra, al cuerpo, a los instintos. Lo demás son añadidos mentirosos.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Comparación y actualidad de John Locke
Vamos a relacionar el pensamiento de Locke con un filósofo, también empirista: Hobbes. Existe cierta afinidad en el pensamiento de ambos autores, desde el punto de vista político y social, que es lo que, en este caso, realmente nos interesa.
Con Hobbes vamos a encontrar por primera vez un esfuerzo sistemático por teorizar acerca del Contrato Social, tema clave de la Ilustración.
En su obra “Leviatán”, Hobbes, propone la existencia de un estado de naturaleza basado en la guerra de todos contra todos (a diferencia de Locke). Para Hobbes, la única solución es la realización de un pacto social en el que se entrega el poder absoluto a un soberano. En este estado de naturaleza los hombres, poseídos por un egoísmo insaciable, se vuelven altamente peligrosos los unos para los otros, hasta el punto en que las mutuas agresiones se convierten en forma habitual de vida (Homo homini lupus). Para este autor la vida en el estado de naturaleza es solitaria, mísera, repugnante, brutal y breve. El poder es entregado a un soberano.
Para Locke, sin embargo, la soberanía de la sociedad que se constituye a través del pacto (igual en ambos autores, hay que hacer un pacto), no reside en el gobernante que aparece a causa de ese pacto, sino en la comunidad que, además, puede revocar ese pacto si el gobernante no cumple las condiciones para las que fue nombrado (idea clave de las sociedades capitalistas y democráticas modernas).
Por otro lado, si para Hobbes el gobierno resultante del pacto tenía muchas características típicas del poder absolutista, para Locke el gobierno civil debía estar constituido de acuerdo con la división de poderes como garantía de su mejor funcionamiento. En este sentido Locke supone un precedente de la famosa separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) teorizada por Montesquieu.
Puede, por tanto hablarse de dos tendencias dentro del contractualismo: una más absolutista, representada por Hobbes, que ve en la autoridad del estado no la expresión de una voluntad arbitraria sino la consecuencia lógica y racional para conseguir el objetivo que se busca, esto es, el bien común: y otra más liberal, en la que situaríamos a Locke, que establece un control y una limitación del poder del monarca a través de las asambleas representativas a las cuales se confía el poder legislativo. (Este es el caso de un famoso documento de directa inspiración en el pensamiento de Locke, tal como es el Bill of Rights, redactado por el Parlamento inglés en 1689 con motivo de la elección de Guillermo de Orange para el trono de Inglaterra, en el que se repudia explícitamente la teoría del derecho positivo de los reyes y que contiene claras limitaciones al poder real, constituyendo un verdadero contrato entre el pueblo, representado por su parlamento, y el rey).
ACTUALIDAD
Locke en sus teorías sobre el estado fundamenta y legitima las tesis del liberalismo. La libertad del individuo y sus derechos, especialmente el de la propiedad privada y el de herencia, son intocables. Además, la función del estado consiste en proteger estos derechos. Nada justifica una intervención de éste en estos ámbitos.
Estas teorías se mantienen hoy con el mismo convencimiento desde el neoliberalismo que defiende radicalmente la tesis en virtud de la cual la preservación sin restricciones de la propiedad privada y la promoción del bien común son términos sinónimos.
El fracaso de otros sistemas económicos alternativos (comunismo), ha reforzado las posturas liberales. Hoy parecen indiscutibles, por lo menos a nivel práctico, sus tesis. Han arraigado con tanta fuerza en nuestra cultura que ni las profundas y cíclicas crisis económicas son capaces de hacerlas tambalear. El FMI, los bancos centrales de Europa o Estados Unidos, los expertos en economía no conocen otro discurso. Un pensamiento único domina el mundo económico. ¿Otro mundo es posible?
domingo, 2 de enero de 2011
Comparación y actualidad de Descartes
Descartes afirma que la fuente del conocimiento es la Razón. La razón, por sí sola, puede alcanzar, si esta dirigida por un método correcto, todo el conocimiento. Es decir, la razón no necesita de nadie más para llegar al conocimiento ni de los sentidos, ni de la fe.
La exclusión de la fe del ámbito del conocimiento lo distingue de la filosofía medieval, y en concreto de Tomás de Aquino. Éste consideraba que la fe era un ámbito de conocimiento independiente de la razón, y que en los asuntos en que coincidían la razón debía dejarse tutelar por la fe. La razón tenía a la fe como guía. Si afirmaba algo contrario a las verdades de fe es que estaba equivocada y debía rectificar. La experiencia no es un elemento fiable para Descartes.
Los sentidos nos engañan a veces, por tanto, no se puede construir sobre ellos una ciencia rigurosa.
Platón expone una idea similar a Descartes sobre la razón. La razón es el instrumento de conocimiento del alma. Es la única instancia que nos puede conducir a la contemplación de las ideas, auténticas realidades, y entre ellas a la más elevada, la Idea de Bien que nos ilumina con la verdad y permite el conocimiento. Platón no sólo coincide con Descartes en su valoración de la razón, sino en su menosprecio de los sentidos como fuente del conocimiento. Éstos, ligados al cuerpo, sólo pueden mostrarnos el Mundo Sensible, lo material. La información que nos transmiten los sentidos no merece ser calificada como conocimiento, según Platón, es opinión vinculada a la percepción, no al conocimiento y la verdad.
Una opinión contraria a la de Descartes y Platón en este punto es la de los empiristas. Locke y Hume consideran que el origen y el límite del conocimiento es la experiencia. Todo nuestro contenido mental proviene originariamente de lo captado por los sentidos. Afirman también que no podemos denominar conocimiento a ninguna idea que no tenga una relación directa con la experiencia. No hay conocimiento más allá de la experiencia. No obstante, los empiristas no niegan un papel a la razón en el campo del conocimiento. La razón rige el tipo de conocimiento que los empiristas llaman Relaciones de ideas. A partir de las ideas simples, provenientes de la experiencia, se pueden crear ideas complejas y cadenas de razonamientos como hacen las ciencias formales (lógica y matemática). Sin embargo, el conocimiento sobre la naturaleza y la realidad depende de lo que llaman Cuestiones de hecho, inmediatamente ligadas a la percepción.
Lo expuesto hasta ahora desemboca necesariamente en criterios distintos sobre la verdad. Para Descartes para que una idea sea verdadera deberá presentarse en mi mente de forma evidente, es decir, clara y distintamente. Tal y como lo hace el “Cogito”, primera verdad y modelo para las demás. A partir de estas ideas evidentes y aplicando correctamente su método deductivo, estima Descartes que, se pueden obtener nuevos conocimientos igualmente ciertos.
Si tuviéramos que buscar un criterio de verdad en Platón éste estaría vinculado a la contemplación de las ideas, iluminadas por la verdad que aporta la Idea de Bien. Sólo cuando el alma mira las cosas iluminadas por la verdad obtiene conocimiento.
El criterio de verdad que propone Hume es radicalmente diferente. Para que una idea pueda considerarse verdadera debe provenir de una impresión previa. Una impresión es la huella que deja en nuestra mente una experiencia, que al ser recordada se convierte en idea. Una idea que no provenga de una impresión será producto de la fantasía, fe, etc, pero nunca conocimiento.
Por último otro elemento fructífero para la comparación es la cuestión de las ideas innatas. El innatismo es un elemento clave para los planteamientos racionalistas. Descartes sólo a través de estas ideas puede demostrar la existencia de Dios y salir del solipsismo del yo. Para Descartes existen unas ideas que no son adventicias, pues no provienen del exterior, ni facticias, pues tampoco han sido creadas por mí, son las ideas innatas que deben, por consiguiente, estar en mi desde siempre (infinito, perfección…).
Platón no habla de ideas innatas pero si afirma que poseemos desde siempre todo el conocimiento. Con la teoría de la reminiscencia explica como el alma, en su existencia anterior a la unión con el cuerpo, contempló las ideas y alcanzó el conocimiento. Por causa de su unión al cuerpo el alma olvidó. Defiende Platón, frente a los sofistas, que conocer es recordar lo que ya sabemos pero permanece olvidado.
El innatismo es criticado y combatido por los empiristas como una concepción errónea y superflua. Locke afirma que nuestra mente llega al mundo cono una tabula rasa (página en blanco) en la que es la experiencia la que irá escribiendo. Todo nuestro conocimiento proviene, por tanto, de la experiencia sensible.
Actualidad
La informática es la última expresión de la actualidad del proyecto cartesiano. Tanto es así que se habla de «mundo digital», de un mundo expresado únicamente con ceros y unos. ¡Es el ideal cartesiano! Cuando estamos frente a un ordenador estamos frente a lo que Descartes calificaría de modelo perfecto de conocimiento (y, por tanto, de mundo): un marco absolutamente axiomatizado en el que a partir de unos primeros principios se deduce todo lo demás. En un ordenador no hay contradicciones, no hay elementos que no se deduzcan de los principios establecidos. Si el programa no funciona es porque está mal diseñado. La deducción siempre es perfecta y la conclusión necesaria.
Hay otras ideas cartesianas que vuelven una y otra vez. Por ejemplo, la sospecha de que la realidad en la que el hombre se mueve no sea tal, sino una mera ilusión de los sentidos que nos aleja de lo real ha sido retornada por varias producciones cinematográficas. El argumento de la indistinción entre sueño y vigilia se refleja en la producción española de Alejandro Amenábar Abre los ojos. El director nos presenta el tormento en el que vive el protagonista incapaz de distinguir cuándo está viviendo y cuándo está soñando que vive. El argumento del genio maligno es actualizado en Matrix, producción que nos describe un mundo habitado por hombres que creyendo conocer a través de sus sentidos un mundo sensible, realmente sólo reciben impulsos eléctricos controlados por un poderosísimo sistema informático. Es decir, unos hombres a los que un genio maligno, reinterpretado como un inmenso ordenador, engaña, convirtiendo la realidad digital en la realidad que se impone y esconde la verdadera.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Comparación y actualidad de Tomás de Aquino
Según Tomás de Aquino, siguiendo los pasos de Aristóteles, el conocimiento humano empieza por los sentidos. El objeto primero de nuestro conocimiento son las realidades sensibles materiales.
Frente a esta concepción podemos situar la interpretación platónica del conocimiento. En su Símil de la Línea distingue radicalmente el ámbito del auténtico conocimiento (Episteme) del ámbito de la opinión (Doxa). El conocimiento verdadero sólo está al alcance del alma cuando su instrumento, la razón, contempla las ideas iluminadas por la verdad.
En el ámbito del conocimiento distingue Platón dos niveles:
1) La Dianoia o pensamiento discursivo que es el conocimiento que se refiere a los objetos matemáticos. En éste los hombres sirviéndose de símbolos sensibles (representaciones gráficas de figuras geométricas o números) estudian las ideas que estos representan (Triángulo en sí, Diagonal en sí, etc.).
2) La Noesis. En este nivel se trabaja exclusivamente con ideas. Gracias a la ciencia dialéctica podemos ascender desde las ideas más simples hasta la idea más compleja: la idea de Bien.
El “conocimiento” que nos aportan los sentidos no es auténtico conocimiento. Platón lo denomina opinión (doxa). Los sentidos jamás podrán conducirnos al conocimiento pues por su naturaleza corporal están limitados al mundo material, solo nos pueden enseñar el mundo sensible, nunca alcanzarán el mundo inteligible. El conocimiento es para Platón conocimiento de las Ideas que sólo pueden ser alcanzadas por la razón, jamás por los sentidos.
Por otra parte, Tomás de Aquino afirma que el conocimiento humano es limitado. Precisamente por su origen sensible el conocimiento humano está incapacitado para lograr el conocimiento de las realidades inmateriales superiores. Esta limitación no sería admitida por Platón. Como hemos dicho antes, Platón pensaba que a través de la ciencia dialéctica, la razón puede lograr el conocimiento de la idea suprema. La Idea de Bien es lo último que se conoce, y con mucha dificultad, sólo unos cuantos privilegiados pueden llegar a conocerla. Pero los que conocen la Idea de Bien conocen las causas de todo, lo conocen todo.
No hay que confundir los universales de los que habla Tomás de Aquino con las ideas de Platón. Los universales manifiestan las esencias de los seres, lo que las cosas son, pero son conceptos creados por la razón mediante un proceso de abstracción realizado por el entendimiento agente y culminado por el entendimiento paciente. Por el contrario las ideas platónicas no son conceptos de la razón sino entes reales inmateriales. La auténtica realidad, la que constituye el mundo de las Ideas.
Por último, dirigiremos la comparación hacia la cuestión del conocimiento de Dios. Tomás de Aquino afirma, como ya hemos dicho, que no podemos, debido al origen sensible de nuestro conocimiento, conocer las realidades superiores inmateriales. Nuestro conocimiento de dios es analógico e imperfecto. Sólo gracias a la fe, podrá el hombre conocer íntegramente a Dios. Sin embargo, Agustín de Hipona, filósofo medieval cristiano y neoplatónico, sostiene que el objeto de nuestro conocimiento son las realidades inmateriales (ideas en Platón). Nuestro conocimiento no parte de los sentidos, sino del alma. A través de un proceso de introspección, es decir, investigando nuestra propia alma podremos encontrar en ella las verdades inmutables (sitúa Agustín en el alma lo que Platón pone en el Mundo Inteligible) y entre ellas a Dios fundamento de toda verdad. Para San Agustín Dios puede ser conocido por la razón, por el conocimiento humano, al contrario que para Santo Tomás.
Actualidad
En comparación con la platónica, la concepción del conocimiento aristotélico-tomista está mucho más próxima a la ciencia actual, en tanto que considera a los sentidos, a la experiencia como origen del conocimiento.
Pero lo más llamativo a este respecto es como la doctrina de Tomás de Aquino forma parte de una discusión educativo-filosófica de plena actualidad. En los últimos años se ha planteado en los Estados Unidos una disputa entre los defensores de la Teoría de la Evolución de Darwin y los simpatizantes de la hipótesis del Diseño Inteligente. Este enfrentamiento tiene como escenario el ámbito educativo pues en varios estados es obligatoria por ley la explicación, en los centros de enseñanza, como alternativa de la teoría científica darwiniana, del Diseño Inteligente. Esta hipótesis está estrechamente vinculada con la 5ª Vía de demostración de la existencia de Dios de Tomás de Aquino.
La Hipótesis del Diseño Inteligente se niega a admitir que la Teoría de la Evolución sea capaz de explicar a través de sus mecanismos (selección natural y micromutaciones) la complejidad de los órganos extremadamente especializados de algunos seres vivos. Consideran que esa perfección que parecen perseguir las especies en su evolución, no se puede explicar con la teoría de Darwin, sino que se requiere afirmar la existencia de un diseñador inteligente (Dios) que sea el que orienta esa evolución. La 5ª vía de Santo Tomás parte del hecho de que todas las cosas, incluso las cosas naturales que no poseen inteligencia, persiguen un fin, que es un bien, un perfeccionamiento para ellas. Esto, considera Tomás, solo puede explicarse admitiendo la existencia de un ser superior inteligente que es el que dirige a todas las cosas a su fin.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Comparación y actualidad de Platón
COMPARACIÓN
PLATÓN – ARISTÓTELES
Aristóteles a pesar de ser el discípulo más aventajado de Platón mantuvo notables diferencias con su maestro en relación a la cuestión del ser como muestra gráficamente la famosa pintura de Rafael “La Academia.”. La auténtica realidad es para Platón el mundo de las ideas. El mundo sensible, de las cosas materiales, es mera apariencia, sólo posee realidad en tanto que participa del mundo inteligible imitándolo.
Por el contrario, para Aristóteles lo único real son los entes (cosas de éste mundo). Niega que sea necesaria la existencia de otro mundo donde resida lo real. Las esencias de las cosas no son trascendentes, sino inmanentes. Es decir, la esencia de las cosas, lo que hace que las cosas sean lo que son, no está fuera de ellas en otro mundo (trascendencia), sino en las cosas mismas (inmanencia), en su interior.
Aristóteles afirma en la teoría conocida como Hilemorfismo que los entes del mundo son un compuesto (synolon) de materia (hylé) y forma (morphé). La materia es de lo que está hecho el ente y la forma lo que lo configura y distingue de los demás entes.
Distingue Aristóteles dos materias: la prima que es indeterminada, caótica, sin forma; y la segunda, una materia unida ya a una forma, y, por tanto, cognoscible.
Del mismo modo diferencia también dos formas: la forma sustancial y la accidental. La forma accidental es lo que se dice, lo que se predica de un ente pero que no es esencial en él. La forma sustancial (ousia), la sustancia o esencia, es aquello que hace que una cosa sea lo que es, y lo distingue de cualquier otra cosa.
Es en la esencia o sustancia donde reside el auténtico ser de las cosas, y no como pensaba Platón en un ente ideal trascendente.
En el ámbito del conocimiento las diferencias entre los dos filósofos griegos también son significativas. Para Platón el verdadero conocimiento (episteme) consistía en la contemplación directa de las formas universales, las ideas. La única forma de acceder a ellas es a través de la razón. Por su parte los sentidos sólo pueden mostrarnos las cosas del mundo sensible, por tanto, jamás obtendremos de ellos conocimiento sino, lo que Platón llamó opinión (doxa). Los sentidos no sólo no aportan nada al conocimiento, sino que lo obstaculizan atándonos a lo sensible y dificultando la liberación del alma.
Aristóteles coincide con Platón en considerar que el conocimiento es conocimiento de los universales. Sin embargo, para él, el conocimiento empieza por las cosas materiales y particulares de este mundo que son captadas por los sentidos.
Todo conocimiento arranca de la percepción sensible. Las múltiples y particulares sensaciones procedentes de los sentidos dejan una imagen particular en la memoria. La repetición de sensaciones posibilitará la experiencia. Sin embargo, la experiencia no rebasa el ámbito de lo particular.
Para alcanzar el verdadero conocimiento, el de los universales, tienen que entrar en juego dos capacidades de la mete humana: el entendimiento agente y el entendimiento paciente. En primer lugar, el entendimiento agente intervendrá sobre las imágenes de la memoria llevando a cabo un proceso de abstracción en el que irá despojando a éstas de toda su particularidad hasta que sólo quede la esencia, el concepto, lo universal. Finalmente, el entendimiento paciente será el encargado de que podamos conocer esos universales y trabajar con ellos.
En definitiva, el conocimiento es conocimiento de los universales pero su consecución empieza necesariamente con las sensaciones que nos transmiten nuestros sentidos.
ACTUALIDAD
Sin duda Platón es el más influyente de los filósofos de la historia. Su influjo no se limita al ámbito de la Filosofía sino que se extiende a todos los aspectos de la cultura occidental.
- Hoy en día el dualismo ontológico que defendía no tiene sentido, nadie duda de nuestro mundo material. Sin embargo, la reflexión sobre la distinción entre realidad y apariencia que surge de su pensamiento tiene máxima actualidad. Hoy inmersos en el mundo de la comunicación y de la información (cine, televisión, prensa, internet…) necesitamos más que nunca la capacidad crítica que se desprende de su obra para no dejarnos llevar por primeras impresiones, ni asumir, sin más, aquello que se nos presenta como real. La publicidad nos muestra insistentemente como real un mundo en que sus sugerencias aparecen como auténticas necesidades. Los medios de comunicación al servicio de unos intereses económicos y políticos no dudan en mostrarnos la realidad desde la perspectiva que les beneficia. Internet está lleno de posibles trampas para incautos… etc. Debemos mantenernos alerta, y ser capaces por nosotros mismos, de ver más allá de la realidad que se nos presenta, no nos pase como aquellos hombres encadenados en el fondo de la caverna.
- Por otra parte, el dualismo antropológico (alma-cuerpo) expresado por Platón y retomado por el cristianismo sigue siendo una creencia mayoritaria en nuestra sociedad. Así como la idea platónico-cristiana de la existencia de un mundo mejor al que debe dirigirse nuestra alma.
- Platón escribió la República desde la convicción de la necesidad de una radical reforma política y la preocupación por el funcionamiento de las instituciones públicas. Esta preocupación se mantiene viva hoy en día, no hace falta más que ojear los tristemente habituales, titulares de los periódicos destapando escándalos de corrupción política.