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martes, 4 de enero de 2011

Modelo de examen. Tomás de Aquino. Línea Ético-política

MODELO
STO. TOMAS DE AQUINO
(LÍNEA ÉTICO-POLÍTICA)

Texto:
La ley natural es consecuencia de la naturaleza humana. Y la naturaleza humana, aunque múltiple en sus partes, es una en cuanto al todo. Por consiguiente, o es uno solo el precepto de la ley natural, en virtud de la unidad que posee el todo de la naturaleza humana, o son muchos, por razón de la multitud de partes de la misma, y en este caso hasta las inclinaciones del apetito concupiscible habrían de pertenecer a la ley natural.

Tomás de Aquino, Suma contra gentiles, I.

1) Descripción del contexto histórico-cultural y filosófico que influye en el autor del texto elegido.

Este texto pertenece al filósofo medieval Sto. Tomás de Aquino nacido en el año 1225 en el Castillo de Rocaseca, cerca de Nápoles, siendo hijo del Conde de Aquino y el más pequeño de los varones entre doce hermanos, y fallecido en el año 1274 en el camino entre Nápoles y Roma, cuando se dirigía al Concilio de Lyon, en el Monasterio cisterciense de Fosanova. Y a su obra, “Suma contra los gentiles”, donde el autor, junto con otra de sus “Sumas” expone principalmente todo su pensamiento filosófico y teológico, convirtiéndose al mismo tiempo en uno de los libros de texto más importantes de la Filosofía Escolástica y compuesta por cuatro libros. Filósofo representativo y cumbre de la filosofía escolástica que durante su corta vida realizaría una de las mayores síntesis filosófico-teológicas de la historia, entregando su vida a la búsqueda de la verdad y a la unión mística con Dios. Por su parte, el siglo al cual pertenecen autor y obra, el siglo XIII se caracterizaría por el apogeo de la Escolástica y la importancia filosófica de Aristóteles en el contexto filosófico del momento. Respecto a otras obras del autor, podemos citar algunos de sus “Comentarios” como por ejemplo, los “Comentarios a la Sagrada Escritura” o los “Comentarios a Aristóteles” y por supuesto la otra gran “Suma”, la “Suma Teológica”.


Histórica y culturalmente, el siglo XIII se va a caracterizar por las constantes luchas entre el Imperio y el Papa, ganando finalmente la batalla éste último y acumulando el poder no sólo espiritual sino también material y convirtiéndose así en el mayor poder de Occidente. Por otra parte, Sto. Tomás de Aquino se movería en un ambiente donde las herejías no se toleraban, siendo castigadas con penas civiles e incluso con la muerte. Socialmente, existe la mentalidad de una estratificación social basada en la voluntad divina: por él, unos son príncipes, otros obispos y otros vasallos. Finalmente, el reparto de poderes también obedece a unos designios divinos, ya que él se lo ha dado a unos para que lo ejerzan: rebelarse contra éstos es rebelarse contra el mismo Dios.

Filosóficamente, el siglo XIII va a ser uno de los más fecundos en la medida en que el apogeo de la Escolástica se va a materializar en la aparición de distintas corrientes filosóficas que van a estar centradas en el estudio de Aristóteles. En primer lugar, frente a esta importancia medieval de Aristóteles, estaría, como consecuencia de la etapa medieval anterior, el agustinismo platónico, que se caracterizaría por negar la separación entre la Fé y la razón (Teología y Filosofía), por mantener un dualismo antropológico basado en dos substancias distintas (alma y cuerpo), por defender un predominio de la voluntad sobre el entendimiento en el campo de la Ética, por sostener un Hilemorfismo en cuanto a la explicación ontológica de la realidad y por desconfiar de la pruebas físicas de la existencia de Dios a favor del argumento ontológico de San Anselmo. El más representativo sería San Anselmo de Canterbury. Por su parte, el aristotelismo medieval sería defendido por una multitud de distintas interpretaciones.

En primer lugar, nos encontraríamos con el Aristotelismo Averroísta (cuya principal figura filosófica sería Averroes)que defendería como tesis principales la existencia de un “motor inmóvil” como principal causa del movimiento mecánico del Universo, la mortalidad y caducidad del alma (en contra de la opinión habitual mantenida por los griegos) y la defensa de una doble verdad (la de la fé y la de la razón). En segundo lugar, nos encontraríamos con el Aristotelismo Tomista (representado por Sto. Tomas de Aquino) que se caracterizaría por las siguientes tesis: la negación de la eternidad del mundo, la afirmación de la inmortalidad del alma y la negación de una doble verdad.

2) Comentario del texto:
Apartado a) Explicación de las expresiones subrayadas.


Ambos términos e encuentran tan relacionados que la definición de uno conlleva la definición del otro. Por ley natural entendemos todos aquellos preceptos y normas que deben ser tenidos en cuenta por la Ley positiva y que hacen referencia a la propia naturaleza humana que se manifiesta individualmente en cada uno de los hombres y que hunden sus raíces en las tendencias e inclinaciones humanas que nos llevan a conservar nuestra propia existencia (como sustancia), procrear y cuidar de la prole (como animal) y buscar incesantemente la verdad, la justicia y la felicidad (como humanos).

Apartado b) Exposición de la temática del mismo.

La temática del presente texto versa sobre la unidad y universalidad de la Ley natural a pesar de que ésta encuentra su manifestación en la multiplicidad de los individuos que tienen en común dicha naturaleza humana, en la cual es también contemplada como parte de esa Ley natural todo aquello que pertenece a la multiplicidad de los individuos y que precisamente los hace distintos unos de otros: sus inclinaciones.

Apartado c) Justificación desde la posición filosófica del autor.

En íntima relación con la felicidad, durante esta época los filósofos retomarían de nuevo el tema político y ético como campos obligados de estudio donde indagar la manera práctica y efectiva de actuar del hombre con el fin de conseguir garantizarse dicha felicidad en esta vida y también en la otra, tras la muerte.

En este sentido, nuestro autor, Sto. Tomás de Aquino no se quedaría al margen de dicho debate llegando a adoptar posturas que retornarían a posturas ya clásicas como la defendida por algún que otro sofista, como por ejemplo Hippias.

El punto de partida del planteamiento del autor se centra en la defensa del concepto aristotélico de felicidad, entendida como perfeccionamiento y plenitud humana que se consigue a través del desarrollo virtuoso de aquello que nos resulta específico a nuestra especie: en el caso del hombre, el desarrollo y perfeccionamiento de nuestra capacidad racional. En este sentido, el punto de partida tomista se basaría en defender, nuevamente, el concepto finalista o teleológico y aristotélico de felicidad.

Pero, ¿cómo se puede llegar a ella?. Sto. Tomás afirmaría que necesariamente compaginando dos facetas inseparables para la vida humana: la ética y la política. En este sentido, volvemos a defender el ideal clásico de Platón o del mismo Aristóteles. El planteamiento tomista partirá, por tanto, de la afirmación de una doble Ley (incurriendo así en un parecido con los planteamientos sofistas en este campo): por una lado, una ley natural y por la otra, una ley positiva.

En primer lugar, por ley natural, Sto. Tomás de Aquino entiende aquellas normas que tengan como fin el desarrollo de la naturaleza humana y que por tanto nos permitirán conseguir la anhelada felicidad. Unas normas que deben atender a las tendencias naturales o necesidades inherentes al ser humano y de las que él mismo es consciente. Necesidades que en la medida en que sean cubiertas o tendencias que sean desarrolladas permitirán el acceso del hombre a la felicidad. En ese sentido, esta Ley natural debe permitir la conservación de la existencia del hombre (como sustancia), garantizar la procreación y el cuidado de los hijos (como animal) y finalmente la búsqueda de la verdad y la garantía de la justicia (como se racional).

Esta ley, a juicio de Sto. Tomás de Aquino, posee una serie de propiedades tales como la evidencia, la universalidad y la inmutabilidad de las mismas. Universalidad en tanto que la Ley afecta necesariamente a todo ser humano como individuo perteneciente a una especie y por tanto a una generalidad. Inmutabilidad en la medida en que no puede estar sujeta a variaciones temporales o culturales sino que estarían entroncadas en la propia naturaleza humana y en su relación con la felicidad. Finalmente, evidente porque debe ser fácilmente cognoscible para todo ser humano para que sea factible el acceso de todos a la felicidad.

Pero, una vez definida la naturaleza humana y sus tendencias y la relación que con ellas mantiene la felicidad, ¿cómo conseguirla?. La respuesta de Sto. Tomás no podría ser de otra manera: a través de la Ley positiva. Esta ley resulta ser totalmente necesaria para posibilitar la satisfacción de aquellas tendencias naturales del ser humano que le llevarían irremisiblemente a la felicidad. Una felicidad que únicamente podrá accederse en esta vida a través de una comunidad social a través de la convivencia reglada por unas normas positivas creadas y consensuadas por los hombres.

En este sentido, podríamos decir que nuestro autor volvería a planteamientos clásicos de corte platónico o aristotélico en el sentido de afirmar que el hombre es social por naturaleza. En la misma línea, nuestro autor coincidiría con Hippias al afirmas que tal ley, la ley positiva, serviría para prolongar la ley natural en tanto que sus normas hacen posible el cumplimiento de la ley natural. Consecuentemente, la ley positiva debe respetar la ley natural.


3) Relación del tema elegido con otra posición filosófica y valoración razonada de su actualidad.

En cuanto a la temática planteada en el presente texto de Sto. Tomás de Aquino, la relación de fundamentación entre la ley natural y la propia naturaleza humana, podemos encontrar ciertas similitudes con otros planteamientos filosóficos, tales como los desarrollados en la filosofía clásica por los sofistas e incluso por el mismo Platón y Aristóteles.

En cuanto a los sofistas, en el seno de este movimiento encontramos una similitud con el planteamiento de Hippias. Éste autor defendería, al igual que Sto. Tomás, la necesidad de relacionar la Ley positiva con la Ley natural teniendo cono base la propia naturaleza humana. Hippias defendía que tal necesidad residía en el hecho de poder garantizar de este modo que tales leyes positivas y creadas artificialmente por los hombres no se convirtieran en injustas al ir en contra de aquella naturaleza humana, la cual se encontraría representada por la mismísima ley natural. En concreto, Hippias mantenía la necesidad de atemperar la ley positivas con la Ley natural.

Dentro del mismo movimiento filosófico, nos encontramos un punto de vista totalmente opuesto representado por Protágoras. Por su parte, este autor defendía la necesidad de elaborar una ley positiva totalmente al margen de la ley natural tal y como Hippias la entendía. La razón de este planteamiento opuesto residía en que para Protágoras, la ley natural lejos de ser considerada como aquellas tendencias naturales del hombre, era visto como la situación de guerra de todos contra todos, provocado por un ser humano que al margen de toda ley y castigo dejaría rienda suelta a sus más bajos y animales instintos. En este sentido, para Protágoras la ley positiva se convertiría en el freno adecuado y positivo para la ley natural.

Por último, existe una cierta similitud con los planteamientos clásicos platónico y aristotélico al defender Sto. Tomás que la felicidad sólo se alcanza a través de una necesaria vida social por medio de la cual, el hombre al desarrollar su naturaleza especifica alcanzaría dicha felicidad.
(Este modelo ha sido tomado de la web del Colegio Santo Tomás de Aquino)

Modelo de examen. Tomás de Aquino. Onto-epsitemológica

MODELO
STO. TOMAS DE AQUINO
(LÍNEA ÓNTICO-EPISTEMOLÓGICA)

Texto:

“Es también necesaria la fe en estas verdades para tener un conocimiento más veraz de Dios. Únicamente poseeremos un conocimiento verdadero de Dios cuando creamos que su ser está sobre todo lo que podemos pensar de Él, ya que la sustancia divina trasciende el conocimiento natural del hombre, como más arriba se dijo. Porque el hecho de que se proponga al hombre alguna verdad divina que excede a la razón humana, le afirma en el convencimiento de que Dios está por encima de lo que se puede pensar”
Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles, I, 5.

1) Descripción del contexto histórico-cultural y filosófico que influye en el autor del texto elegido.

Este texto pertenece al filósofo medieval Sto. Tomás de Aquino nacido en el año 1225 en el Castillo de Rocaseca, cerca de Nápoles, siendo hijo del Conde de Aquino y el más pequeño de los varones entre doce hermanos, y fallecido en el año 1274 en el camino entre Nápoles y Roma, cuando se dirigía al Concilio de Lyon, en el Monasterio cisterciense de Fosanova. Y a su obra, “Suma contra los gentiles”, donde el autor, junto con otra de sus “Sumas” expone principalmente todo su pensamiento filosófico y teológico, convirtiéndose al mismo tiempo en uno de los libros de texto más importantes de la Filosofía Escolástica y compuesta por cuatro libros. Filósofo representativo y cumbre de la filosofía escolástica que durante su corta vida realizaría una de las mayores síntesis filosófico-teológicas de la historia, entregando su vida a la búsqueda de la verdad y a la unión mística con Dios. Por su parte, el siglo al cual pertenecen autor y obra, el siglo XIII se caracterizaría por el apogeo de la Escolástica y la importancia filosófica de Aristóteles en el contexto filosófico del momento. Respecto a otras obras del autor, podemos citar algunos de sus “Comentarios” como por ejemplo, los “Comentarios a la Sagrada Escritura” o los “Comentarios a Aristóteles” y por supuesto la otra gran “Suma”, la “Suma Teológica”.


Histórica y culturalmente, el siglo XIII se va a caracterizar por las constantes luchas entre el Imperio y el Papa, ganando finalmente la batalla éste último y acumulando el poder no sólo espiritual sino también material y convirtiéndose así en el mayor poder de Occidente. Por otra parte, Sto. Tomás de Aquino se movería en un ambiente donde las herejías no se toleraban, siendo castigadas con penas civiles e incluso con la muerte. Socialmente, existe la mentalidad de una estratificación social basada en la voluntad divina: por él, unos son príncipes, otros obispos y otros vasallos. Finalmente, el reparto de poderes también obedece a unos designios divinos, ya que él se lo ha dado a unos para que lo ejerzan: rebelarse contra éstos es rebelarse contra el mismo Dios.

Filosóficamente, el siglo XIII va a ser uno de los más fecundos en la medida en que el apogeo de la Escolástica se va a materializar en la aparición de distintas corrientes filosóficas que van a estar centradas en el estudio de Aristóteles. En primer lugar, frente a esta importancia medieval de Aristóteles, estaría, como consecuencia de la etapa medieval anterior, el agustinismo platónico, que se caracterizaría por negar la separación entre la Fé y la razón (Teología y Filosofía), por mantener un dualismo antropológico basado en dos substancias distintas (alma y cuerpo), por defender un predominio de la voluntad sobre el entendimiento en el campo de la Ética, por sostener un Hilemorfismo en cuanto a la explicación ontológica de la realidad y por desconfiar de la pruebas físicas de la existencia de Dios a favor del argumento ontológico de San Anselmo. El más representativo sería San Anselmo de Canterbury. Por su parte, el aristotelismo medieval sería defendido por una multitud de distintas interpretaciones.

En primer lugar, nos encontraríamos con el Aristotelismo Averroísta (cuya principal figura filosófica sería Averroes)que defendería como tesis principales la existencia de un “motor inmóvil” como principal causa del movimiento mecánico del Universo, la mortalidad y caducidad del alma (en contra de la opinión habitual mantenida por los griegos) y la defensa de una doble verdad (la de la fé y la de la razón). En segundo lugar, nos encontraríamos con el Aristotelismo Tomista (representado por Sto. Tomas de Aquino) que se caracterizaría por las siguientes tesis: la negación de la eternidad del mundo, la afirmación de la inmortalidad del alma y la negación de una doble verdad.

2) Comentario del texto:

Apartado a) Explicación de las expresiones subrayadas.


Dios, como tradicionalmente ocurría en el marco del pensamiento medieval, Sto. Tomás lo entiende como aquel ser que no necesita de nada más que de sí mismo para existir. Es decir, aquella causa incausada o “causa sui” de la que depende ontológicamente todas las “creaturas” divinas. Dios constituye en sí mismo ese orden sobrenatural que lógicamente es causa del efecto: el orden natural. Un orden natural al que accedemos por medio del conocimiento natural o racional (sin ayuda de Dios) que es concebido por nuestro autor como aquella operación del entendimiento que conoce las causas segundas que rigen los fenómenos del orden natural y cuya veracidad se basa en la evidencia de lo conocido por este medio (sin que Dios lo tenga que fundamentar o garantizar) y cuyo ejercicio virtuoso sólo se consigue por medio de la repetición.

Apartado b) Exposición de la temática del mismo.

El tema de este texto versa sobre una prueba usada por nuestro autor para justificar no sólo la existencia de Dios sino igualmente otra vía de conocimiento (al margen del conocimiento natural y racional del hombre) como la fe, a través de la cual todo aquello que queda fuera del alcance de nuestro conocimiento racional es proporcionado (y por tanto iluminado) por Dios. Por lo que consecuentemente, si tenemos ese conocimiento (la fe) también debe existir la fuente (Dios). No obstante, tenemos que resaltar la dependencia de Sto. Tomás con respecto a San Anselmo dada el enorme parecido que existe entre la estructura lógica de este texto y el argumento usado por aquel: Dios existe porque no podemos pensar otra cosa o entidad más perfecta que él (en palabras de Sto. Tomás “Únicamente poseeremos un conocimiento verdadero de Dios cuando creamos que su ser está sobre todo lo que podemos pensar de Él”.


Apartado c) Justificación desde la posición filosófica del autor.

La justificación de esta temática se encuentra en la postura filosófica mantenida por Sto. Tomás de intentar conciliar ambos modos de conocimiento (razón y fe) para el conocimiento de la verdad y la unión con Dios. Pero una conciliación que es justificada por este autor en base a dos conceptos claves muy relacionados: verdad (que nos llevaría a ver su teoría ontológica de claro corte creacionista) y la felicidad (con el que nos adentraríamos en su análisis del pecado original y sus consecuencias morales para el hombre)

Debemos adentrarnos primero en su teoría ontológica por medio de la cual nos expone su visión de la realidad con fuertes connotaciones religiosas. Este autor defendería una visión creacionista de la realidad (como no podía ser de otra manera) donde veía, por un lado, un nivel natural formado por aquellos fenómenos naturales, analizados e investigados fundamentalmente por la ciencia, y por aquellos seres inferiores que habían sido creados directamente por Dios y que dependían de él directamente para su existencia. Unos seres que serían tradicionalmente llamados seres contingentes, y entre los cuales el hombre ocuparía un lugar privilegiado al ser el único creado a imagen y semejanza de Dios.

Para Sto. Tomás, este orden llamada orden natural se regía por unas causas llamadas causas segundas que sólo podíamos conocer por medio de la razón o luz natural de la razón. Un conocimiento propio del hombre y que no dependía de Dios. Justamente por medio de esta razón se podía conocer una parte de la verdad en forma de verdades de razón o verdades naturales.

Sin embargo, la realidad no se agota en el orden natural: existe también el orden sobrenatural formado por aquella causa primera o causa sui, identificada con Dios, que es la responsable de la existencia de orden natural y que se relaciona con la sabiduría, la felicidad , la perfección y la salvación necesaria para todo hombre.

Este orden sobrenatural estaría sólo al alcance de la fe y con ella completaríamos el conocimiento de toda la verdad posible sobre la realidad por medio de las verdades de fe o verdades reveladas o verdades sagradas.

Por eso, y tras lo expuesto, la primera conclusión a la que llegamos es que tanto la razón como la fe poseen ámbitos propios de conocimiento pero que indudablemente deben colaborar entre sí.

La razón de esta mutua colaboración defendida por Sto. Tomás no estriba sólo en el ámbito de la verdad sino también, y quizás mucho más importante para el hombre, en el ámbito de la salvación del alma humana. Una salvación que debe ser buscada y que tiene su origen en el pecado original.

Para nuestro autor, la existencia del hombre parte en un estado que él llamó estado de inocencia o de justicia original y que nos explica cuál fue la situación de partida del hombre antes del pecado original. Con tal expresión el autor se refiere al momento de la existencia del hombre en el paraíso tras su creación dotado de una serie de dones dotados a él por Dios. Unos dones naturales con los que le proporcionaba las capacidades cognoscitivas necesarias para poder conocer el mundo sin necesidad de ayuda divina. Otros dones, los dones sobrenaturales con los que Dios se aseguraba darle aquellas capacidades que lo mantuvieran en contacto con él para evita así el pecado y obrar siempre de una forma recta y virtuosa. Y finalmente, otros dones llamados dones preternaturales con los que el hombre se aseguraba, en caso de perder los dones sobrenaturales, poder volver a estar en contacto con Dios y así asegurarse su salvación.

Sin embargo, tal situación idílica se truncaría como consecuencia del pecado original. Un pecado que analizado por nuestro autor provocaría en el hombre la pérdida de aquellos dones sobrenaturales que le mantenían en contacto directo con Dios y por tanto su capacidad de tender al bien de una forma constante se vería muy dañada. Eso implicaba que ahora el ser humano podía conocer sin ayuda de Dios el orden natural pero a la hora de actuar necesitaba ayuda que lo guiara por el camino correcto de la virtud y poder así salvarse. Y es aquí donde llega la fe, la iluminación divina, la gracia divina con la que Dios ilumina el camino de nuestra salvación.

Es así como finalmente Sto. Tomás de dos formas distintas pero complementarias justifica la necesidad de colaboración entre la fe y la razón.

Una razón que es entendida como el conjunto de operaciones del entendimiento (aquí se ve la influencia aristotélica) que conocen el orden natural y donde la verdad de lo conocido por ella se basa en la evidencia. Una razón que se consigue desarrollar únicamente por medio de la repetición, del hábito (nuevamente se ve la influencia de Aristóteles con su teoría del la virtud como el justo término medio). Por su parte, la fe es entendida como aquella operación del entendimiento que está guiada por Dios y donde la verdad de lo conocido por la fe reside en la fuente de dicho conocimiento: Dios. Un Dios que no nos permitiría engañarnos tomando algo como verdadero cuando es falso o viceversa. Una fe que conseguimos desarrollar virtuosamente sólo por medio de la obediencia a lo comunicado por Dios. Hablamos en ese sentido de una virtud teologal.

En este sentido, resulta comprensible las conclusiones a las que llega Sto. Tomas y que se basan en los siguientes puntos:

1.- La razón y la fe poseen ámbitos de conocimiento propios: el primero el orden natural y el segundo el orden sobrenatural.
2- Por medio de la razón obtenemos el conocimiento de las verdades de la razón y por medio de la fe conocemos las verdades de la fe o verdades sagradas o reveladas. Junto con estas verdades, Sto. Tomás afirma la existencia de dos tipos más de verdades: los preámbulos de fe (necesarios para la salvación humana y accesibles por medio de la razón o de la fe) y los artículos de fe (dogmas de fe sólo accesibles por medio de la fe)
3.- En caso de contradicción entre la fe y la razón, debemos creer en la fe, en l a medida en que nuestra razón pudiera equivocarse pero Dios no.
4.- La razón ayudará a la fe haciendo más comprensibles los dogmas de fe mientras que los dogmas de fe ayudaran a la razón como criterio extrínseco de validez de sus conocimientos.

3) Relación del tema elegido con otra posición filosofica y valoración razonada de su actualidad.

Con respecto a la temática planteada en el texto acerca de la necesaria complementariedad de la razón y la fe como dos vías de conocimiento humano para alcanzar el conocimiento de la verdad, podemos ver planteamientos semejantes cerca así como fuera de su momento histórico y filosófico. En primer lugar, advertimos un gran parecido en la postura agustiniana que se pone de manifiesto en la sentencia que afirma “creer para comprender y comprender para creer”. Una sentencia agustiniana que está íntimamente relacionada con el desarrollo de su teoría de la iluminación donde defiende la existencia de tres niveles cognoscitivos que nos acercarían al conocimiento de la Verdad que anida en nuestro interior en forma de todos aquellos arquetipos que estando en la mente divina y usados por él para la creación, son alojados por él mediante su gracia en nuestro alma para proporcionarnos el camino al padre, al origen y con ello a nuestro autoconocimiento y al conocimiento del todo, de toda la creación junto con el origen y la fuente de ella; Dios. El conocimiento se convierte en un necesario proceso de introspección en busca de la Verdad que anida en el interior del hombre.

En lo que respecta a posturas contrarias, la Edad Media comenzaría a tocar su fin con planteamientos filosóficos (junto a determinados acontecimientos históricos) que tendrían como principal representante al nominalismo de Guillermo de Occam. Contrariamente a lo defendido por Sto. Tomás con su Teología Natural, Occam afima la necesidad de limpiar la correcta imagen de Dios totalmente desdibujada por la imagen que él dio el propio Sto. Tomás al afirmar que al hombre le era posible dar argumentos racionales que probaran la existencia de Dios (sus famosas cinco vías). Para Occam Dios sólo puede ser conocido por la fe, dejando a la razón sólo para el conocimiento intuitivo de lo sensible y en ningún momento capacitada para alcanzar el conocimiento de Dios de una forma directa o indirecta. Sólo existe Dios y sus criaturas y en medio no existe nada en forma de esencias o ideas al más puro estilo platónico. En ese sentido, Occam no admitirá como posible la existencia de los preámbulos de fe.

Para finalizar, sería necesario recordar la similitud que encontramos en ciertos aspectos de la teoría tomista acerca de la razón y su naturaleza. Las verdades de la razón son creíbles a nuestro entendimiento y no susceptibles de ser juzgadas como falsas en la medida en que éstas se nos muestran evidentes. Una evidencia que posteriormente seria utilizada en los inicios de la modernidad de la mano de Descartes cuando afirmaba que toda aquella idea que se presentara evidente debía ser considerada como cierta e indudable.


La valoración de la actualidad de tales planteamientos medievales me lleva a afirmar mi coincidencia con las posturas tomistas y agustinianas en parte. En parte porque si hay una colaboración de la razón con la fe en la medida en que en base a un análisis racional y científico de la armonía y estructura del universo nos hace pensar en la necesidad de un inteligencia ordenadora o creadora del mismo. Una inteligencia que se escapa a la compresión racional humana de la misma, pero que nos abre la puerta de lo trascendente y de lo misterioso. Puerta que indudablemente tendremos que pasar con la ayuda de la fe. Y es en ese punto el que coincido con Occam al ver como única vía de acceso a Dios la fe y no la razón.
(Este modelo ha sido tomado de la web del Colegio Santo Tomás de Aquino)

Modelo de examen. Descartes

MODELO
DESCARTES
(LÍNEA ÓNTICO-EPISTEMOLÓGICA)

Texto:

El primero consistía en no admitir cosa alguna como verdadera si no se la había conocido evidentemente como tal. Es decir, con todo cuidado debía evitar la precipitación y la prevención, admitiendo exclusivamente en mis juicios aquello que se presentara tan clara y distintamente a mi espíritu que no tuviera motivo alguno para ponerlo en duda.
El segundo exigía que dividiese cada una de las dificultades a examinar en tantas parcelas como fuera posible y necesario para resolverlas más fácilmente.
El tercero requería conducir por orden mis reflexiones comenzando por los objetos más simples y más fácilmente cognoscibles, para ascender poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más complejos, suponiendo inclusive un orden entre aquellos que no se preceden naturalmente los unos a los otros.
Según el último de estos preceptos debería realizar recuentos tan completos y revisiones tan amplias que pudiese estar seguro de no omitir nada.

R. Descartes, Discurso del Método, II


1) Descripción del contexto histórico-cultural y filosófico que influye en el autor del texto elegido.

Este texto pertenece a Descartes, filósofo francés nacido en La Haya (Francia) en el año 1596 y fallecido en el año 1650 y a su obra “Discurso del Método”. Descartes ha de ser considerado tópicamente como uno de los responsables de la modernidad y de su filosofía, y por supuesto el máximo responsable de la revitalización del idealismo y racionalismo. Debe ser recordado, tal y como él pretendía por sus contribuciones científicas, de entre las cuales destacaríamos el intento de elaborar un nuevo método filosófico que garantizase la objetividad y validez universal de todos sus conocimientos en íntima conexión con el método matemático. Es, sin embargo, su gran legado para la Historia de la Filosofía la Teoría de las tres substancias formulada con la única intención de fundamentar filosóficamente aquel método y que tendría como origen el “cogito cartesiano”. Respecto a la obra a la cual pertenece el texto, titulada “Discurso del método y de la recta conducción de la razón y de la búsqueda de la verdad en las ciencias” sería publicada como obra independiente en 1936, estando ya preparado mucho antes como prefacio o prólogo de una obra publicada póstumamente titulada “Mundo o Tratado de la Luz”, encontrándose la causa de tal modificación en las repercusiones en el ambiente intelectual de la condena de Galileo por la Santa Sede. Escrita de forma autobiográfica, consta de seis partes bastantes inconexas donde podríamos considerar como partes fundamentales la segunda y cuarta parte, donde respectivamente, nuestro autor hace referencia a su método y a la fundamentación metafísica del mismo que se encontraría en el ya aludido “cogito”. Por su parte y respecto al siglo, se caracterizaría por ser una siglo de gran convulsión política e intelectual, donde se desarrollaría intensamente el pensamiento filosófico devenido en gnoseología y epistemología teniendo como telón de fondo las continuas guerras religiosas que azotarían la Europa del siglo XVII.


Históricamente, llamaríamos la atención sobre el acontecimiento más cercano temporalmente a Descartes: la Guerra de los treinta años. Tras ésta se sucederían acontecimientos políticos que desdibujarían continuamente el mapa de Europa: Muere Felipe III, Richelieu se convierte en presidente del Consejo Real en Francia, Luis XII declara la Guerra a España, se produce la Rebelión de Portugal y Cataluña contra Felipe V, se produce una guerra civil en Inglaterra entre el rey y el parlamento. Así llegaríamos finalmente a la Paz de Westfalia con la acabaría la guerra de los treinta años al tiempo que se declaraba la libertad religiosa en Alemania y la independencia de Portugal.

Culturalmente, desde la filosofía asistimos al nacimiento del racionalismo y empirismo moderno de la mano de pensadores como Descartes y Locke. Dos teorías ontoepistémicas que dibujarán las dos líneas fundamentales del desarrollo de la filosofía hasta la llegada del Idealismo transcendental Kantiano al que se subirán pensadores tales como Pascal, Spinoza, Malebranche o Hobbes y que crearán el marco filosófico bajo el cual se desarrolla la ciencia moderna llevada a su culminación con las aportaciones de Galileo y Newton, pero sólo posible por las contribuciones de otros científicos y filósofos importantes presentes ya desde el Otoño de la Edad Media: Occam, Bacon, Copérnico, Brahe, Kepler, entre otros. Una ciencia moderna que de desarrollaría a través de varios campos (la física, la matemática, la metodología de la ciencia, la química o la medicina), pero que encontraría en la Astronomía aquella disciplina paradigmática en la que es sumamente palpable la revolución científica de la modernidad. Una revolución que partiría del Renacimiento donde bajo una férrea defensa de la libertad de pensamiento, el paradigma aristotélico-ortodoxo sería sustituido por el paradigma renacentista como paso previa para la definitiva legada del mecanicismo moderno. En otro ámbito, la existencia de Descartes tendría lugar en un momento de gran pérdida para la cultura y la Humanidad dada las continuas muertes de personajes de la talla de Góngora, Cervantes, Moliére, Lope de Vega, Rubens o Quevedo.

2) Comentario del texto:
Apartado a) Explicación de las expresiones subrayadas.

Claridad y distinción son para Descartes las cualidades de todo pensamiento o idea que se muestra con tal grado de evidencia que resulta totalmente indudable. Claridad en tanto que ese pensamiento se muestra a una mente atenta sin dificultad alguna. Distinción cuando resulte imposible confundir eses pensamiento con otro de naturaleza similar. Características éstas de todo pensamiento que nos llevaría al conocimiento, por supuesto un conocimiento verdadero que tiene como base la intuición y por tanto la simple operación de la razón.

Apartado b) Exposición de la temática del mismo.

En este texto, Descartes enumera de forma detallada cada uno de los cuatro pasos (las reglas de su famoso método cartesiano) diseñado específicamente y de aplicación totalmente personal, necesarios para dirigir correctamente su pensamiento en la búsqueda de la veracidad de todos sus propios pensamientos y que tendría como regla fundamental la identificación del conocimiento verdadero y evidente con la intuición clara y distinta.

Apartado c) Justificación desde la posición filosófica del autor.

René Descartes debe ser considerado como uno de los filósofos más representativos de la filosofía moderna, en contra de su propia intención. Y decimos esto en la medida en que sabemos por referencias directas de él que su principal contribución a la historia del pensamiento debía encontrarse en el campo de la ciencia, y en concreto en su principal aportación científica: la elaboración de un método científico.

Pero aquí es donde entra en juego una de las obras más emblemáticas de la filosofía, en general, y del autor, en particular: el “Discurso del método y de la recta conducción de la razón y de la búsqueda de la verdad en las ciencias” (más conocida popularmente como el “Discurso del método”). Ésta fue presentada por el autor en el año 1637 como una obra independiente (siendo en su mayor parte el prólogo de la obra “Mundo o Tratado de la luz”) en donde se nos propone la búsqueda personal y metódica de Descartes en pos de la verdad.

Una búsqueda que tiene como punto de partida la duda de todos sus pensamientos en un intento de encontrar un criterio indudable que le permita distinguir lo verdadero de lo falso y sobre él cimentar en su mente un edificio de conocimiento verdadero e indubitable. Una duda cartesiana que se caracteriza por ser teórica (las costumbres no eran sometidas a duda), provisional (el ejercicio de la duda tenía como finalidad dejar de dudar), metódica (en la medida en que el método era la propia duda de aquello que no se presentara evidente a su mente) y universal (en la medida en que debía ser una duda que abarcara todos sus pensamientos sobre el exterior y sobre sí mismo, lo cual hacía de la duda una duda hiperbólica).

Descartes somete sus pensamientos a duda, con la intención de ordenarlos (tal y como afirma en la segunda parte del “Discurso del método”) de forma metódica. En primer lugar, la evidencia en la que el sujeto debe dudar de todos aquellos pensamientos que no se le presenten de forma evidente. En segundo lugar, el análisis donde todas aquellas ideas complejas (que no se nos muestran de un forma evidente) las analizamos y descomponemos en las ideas simples que las forman para así comprenderlas mejor). En tercer lugar, realizamos una síntesis donde volvemos a unir tales ideas simples que ahora nos posibilitan la comprensión evidente de la anterior idea compleja que ahora se nos muestra clara y distinta. Finalmente ealizamos una enumeración o revisión en la que realizamos el recuento de todos los pasos anteriormente dados con la intención identificar algún error en el análisis y síntesis de la idea.

Un método filosófico que el propio Descartes aplica a sus pensamientos, dudando primero de los sentidos como fuente fiable de conocimiento. En segundo lugar, pondría en tela de juicio la diferencia entre la vigilia y el sueño y la tópica idea de considerar que lo real es lo único que se encuentra en el estado de vigilia. Con ello, el mundo exterior al sujeto en puesto en duda.

Ya sólo queda dudar del sujeto. En primer lugar, los razonamientos matemáticos (ejemplo por aquel entonces de verdad incuestionable) son también sometidos al ejercicio de la duda. Existen algunos razonamiento que aunque parezcan verdaderos no lo son (paralogismos) y el engaño que sufre en este caso la razón es por la acción del genio maligno. El mismo genio que hará que el propio Descartes dude de su propia existencia como sujeto. Un genio que debe se entendido como una hipótesis de trabajo y no como una ser que existe realmente fuera de la mente del propio Descartes.

Pero una vez dudado de todo, sólo hay una idea, un pensamiento que se le presenta al propio Descartes de una forma evidente, cierta e indudable por su claridad (propiedad de un pensamiento que se presenta sin dificultad alguna a la mente que la piensa) y distinción (propiedad de un pensamiento que no se puede confundir con ningún otro): que existe como un sujeto pensante (“cogito, ergo sum”). Aquí Descartes se encuentra con su primera certeza tras la cual volverá a ser consciente de otros dos: la existencia en su mente de la idea de Dios y de la idea de extensión.

La idea de Dios que también se le presenta clara y distinta será la que lleve a Descartes a pensar en la posibilidad de la existencia de ese Dios fuera de su mente, para lo cual recurrirá a tres pruebas racionales que demostraran al necesidad lógica de la existencia de ese ser: los argumentos de S. Anselmo, S. Agustín de Hipona y la tercera vía tomista.
Demostrada la existencia de Dios, éste garantizaría aquello que antes el propio Descartes había sometido a duda: la existencia de una realidad externa a él. Ahora la existencia de Dios garantizaba la existencia de una realidad externa de la que el propio Descartes tenía una idea clara y distinta.

Sin embargo, aún podía quedar una sombra de duda: ¿y si todo lo que yo he pensado hasta ahora lo he tomado como verdadero y resulta ser falso por obra de otro engaño del genio maligno?. Imposible, puesto que Dios con su existencia hacía imposible la existencia probable de ese genio y por tanto de mi equivocación: todo aquello que mi mente conociera clara y distintamente resultaba indubitable. Así Dios se convertía en garante de la verdad.

Para finalizar, poner de manifiesto que tal consideración cartesiana de Dios como garante de la verdad fue duramente criticada por Arnauld en la medida en que a juicio de éste Descartes incurría en un círculo vicioso en esta última argumentación: Dios es al mismo tiempo una idea de la mente de Descartes y al mismo tiempo es el fundamento de la claridad y distinción con la que se presenta la idea que tiene Descartes del propio Dios. Se convierte en fundamento y fundamentado al mismo tiempo.


3) Relación del tema elegido con otra posición filosófica y valoración razonada de su actualidad.

Con respecto a la temática planteada en el texto acerca de la verdad y del conocimiento de ésta por parte del hombre, en contra de la postura cartesiana encontraríamos en la historia del pensamiento una larga tradición de pensadores que defenderían un mayor protagonismo de los sentidos del que afirma el propio Descartes.

Una tradición que comenzaría con el fenomenismo de los sofistas que les llevaría a negar, en contra de lo que por aquel entonces se afirmaba, la existencia de definiciones universales universalmente verdaderas e indubitables. Esta tradición, que pasaría por las manos del científico y filósofo Aristóteles (el cual aceptaría la primacía del conocimiento sensorial igualmente aceptaba la existencia de un concepto universal que se abstraía de los datos sensibles) nos llevaría de una parte a la defensa del conocimiento intuitivo de Occam por medio del cual se afirmaba que el conocimiento racional se basaba en el conocimiento sensible de lo individual, hasta que llegaríamos al empirismo británico clásico representado por J. Locke, G. Berkeley y D. Hume.

En cuanto al tercer, máximo representante de esta movimiento que llevaría hasta el escepticismo, no coincidiría, en cuanto a la primacía de los sentidos, con la postura cartesiana. Para Hume, al igual que el propio Aristóteles, no hay nada en la mente humana que previamente no provenga de los sentidos. En este sentido, el origen de nuestro conocimiento reside en nuestras propias experiencias que nos suministran impresiones que posteriormente llegarán a nuestra mente en forma de recuerdos de esas mismas experiencias más débiles y más perennes. Con tales ideas, la imaginación compone un nuevo conocimiento mediante unos mecanismos de asociación innatos en toda mente humana que Hume llamaría leyes de la asociación.


La valoración de la actualidad de tales planteamientos nos llevaría en primer lugar a ver una similitud entre el planteamiento cartesiano y el cientificismo que hoy por hoy sigue imperando en nuestra sociedad: nada que no se pase por el ojo del microscopio y de lo cual no se tenga una evidencia experimental, no se puede asegurar y por tanto entraría dentro del campo de la duda razonable, del escepticismo y en algunos de los casos en el campo de lo milagroso o religioso.

Ante esto, y en función de la postura cartesiana frente a los sentidos, éstos son necesarios, dudables o no, puesto que se convierten en la primera forma de contactar con todo aquello que nos rodea.

Finalmente, en relación con el planteamiento de Hume, lo considero todo un adelantado al nacimiento y posterior desarrollo de la Psicología, ya que dentro de este campo y en concreto en los estudios sobre el conocimiento y la percepción humana, la corriente más usada en la actualidad es la teoría de la Gestalt. Ésta afirma que la sensación nos nutre de sensaciones que posteriormente unificamos no de cualquier forma para la elaboración de un concepto que sirva para la unificación de tales sensaciones: me refiero a las Leyes de la percepción.
(Este modelo de examen ha sido tomado de la web del Colegio Santo Tomás de Aquino)

martes, 9 de noviembre de 2010

Modelo examen Platón (Ético-Político)

MODELO 2
PLATÓN
(LÍNEA ÉTICO-POLÍTICA)


Texto:

“Pienso, en todo caso, que, si se desconoce en qué sentido las cosas justas y bellas del Estado son buenas, no sirve de mucho tener un guardián que ignore esto en ellas; y presiento que nadie conocerá adecuadamente las cosas justas y bellas antes de conocer en qué sentido son buenas.
- Presientes bien.
- Pues entonces nuestro Estado estará perfectamente organizado, si el guardián que lo vigila es alguien que posee el conocimiento de estas cosas.”
Platón, República, libro VI.

1) Descripción del contexto histórico-cultural y filosófico que influye en el autor del texto elegido.

Este texto pertenece a Platón, filósofo griego nacido en Egina (Atenas) en el año 428/7 a. de C. Y fallecido en el año 347 a. de C. y a su obra “La República”. Platón ha de ser considerado como uno de los primeros filósofos y uno de los más importantes de la antigüedad. Máximo representante del idealismo clásico, se caracteriza por abarcar a través de todos sus diálogos una gran variedad de temas, que van desde la epistemología, hasta la antropología, pasando por la ética, política y la ontología. Es, sin embargo, su gran legado para la Historia de la Filosofía la Teoría de las Ideas o Formas formulada, principalmente en “La República”. Respecto a la obra a la cual pertenece el texto, a pesar de las distintas clasificaciones que los autores han realizado sobre su extensa bibliografía, ha de ser considerada como una de las obras más representativas del filósofo. Escrita entre el primer periodo (juventud o socrático) y el tercer periodo (madurez), toma como pretexto cuestiones políticas a través de las cuales expone sus principales ideas filosóficas, magníficamente ejemplificadas heurísticamente con un extenso y variopinto recital de alegorías o mitos. Por su parte y respecto al siglo, éste siglo (siglo V a. de C.) se caracterizaría de forma general por las continuas guerras que enfrentarían a las distintas “polis” griegas, principalmente Atenas y Esparta, siendo la más destacada la Guerra del Peloponeso iniciada en el año 431 a. de C. Finalmente, algunas otras obras del autor son, distribuidas correspondientemente entre sus distintos periodos, las siguientes: en su periodo de juventud o periodo socrático la “Apología de Sócrates”; en su periodo de transición, el Crátilo; en su periodo de madurez, “Fedón” y, por último, en su periodo de vejez, el Parménides.


El siglo V a. de C. se va a caracterizar por la sustitución de la inestabilidad política que vive Grecia. Este siglo se inició con las dos primeras Guerras Médicas, transcurridas respectivamente en los años493-481 y 480-499. Tras la confederación de Delfos ocurrida en el año 477 y la dirección de Atenas por parte de Pericles en el año 462, Atenas entraría en la lucha contra Esparta en el año 459. Este ambiente, totalmente inestable, fue el marco de referencia del inicio de la Guerra del Peloponeso (431), que sería la antesala de la derrota de Atenas por parte de Esparta en el año 406. Dos acontecimientos más marcarían, políticamente, este siglo: por una lado, la institución del gobierno de los 30 tiranos (404) y por otro lado, el posterior derrocamiento de los mismos en el año 403 a. de C.

Culturalmente, este siglo, llamado el siglo de la “Ilustración Griega” se caracterizaría por ser el siglo donde se iniciaría el periodo clásico. Siglo donde abundarían artistas y literatos de la talla de Píndaro, Esquilo, Sófocles; historiadores como Heródoto y Tucídices y escultores como Pitágoras de Samos, Kritios, Mirón y Policleto, entre otros. Filosóficamente, Platón, en mayor o menor medida puede considerarse como hijo de su tiempo, siendo buena parte de sus ideas recogidas y reelaboradas de forma original y nueva, de una tradición filosófica que se inicia en el siglo V con la aparición de los sofistas, de entre los cuales fue Protágoras el más representativo. Junto con éste, filósofos como Sócrates, el atomista Leucipo, el sofista Gorgias o el mismo Hipócrates configurarían buena parte del ambiente filosófico en el que se movería Platón. Fueron, sin embargo, algunos filósofos los que más directamente influirían en él. En primer lugar, Sócrates con su incesante búsqueda de las definiciones universales y el uso de la Dialéctica; Parménides y Heráclito, en su conjunto motivarían la síntesis conceptual que daría lugar a la Teoría de las Ideas o Formas; Pitágoras con la utilización de la armonía y las matemáticas como herramientas para descifrar los misterios del universo y la creencia en la inmortalidad del alma; y finalmente, Anaxágoras quien con su idea del “Nous” introduciría la idea de Demiurgo en Platón.

2) Comentario del texto:

Apartado a) Explicación de las expresiones subrayadas.

Comenzando con el término guardián y con el texto como referencia, Platón se refiere a aquellos guardianes que tras un proceso educativo teórico y altamente selectivo, mostrando además determinadas virtudes que lo predispongan al gobierno, se convierte en el guardián perfecto, gobernante, arconte o rey filósofo que garantizará la justicia en el Estado por el conocimiento de lo auténticamente real (ideas o formas) referidas en el texto con la expresión “cosas justas y bellas”

Apartado b) Exposición de la temática del mismo.

La temática del presente texto nos lleva a la vinculación entre la teoría óntico-epistemológica platónica (teoría de las ideas y símil de la línea) y su concepción utópica del Estado. En concreto, nuestro autor plantea la necesidad de un guardián perfecto sabio cuya sabiduría (fundamentada y anclada en los conocimientos de las ideas o formas de la realidad) garantizaran el correcto funcionamiento del Estado y con ello la justicia en el mismo. Un conocimiento que explícitamente en el texto que nos ocupa aparece bajo la expresión “cosas bellas y justas”. De no ser así, tal y como se alude en el texto, cualquier intento de construcción de Estado en que tal condición se ignore estaría abocado a degenerar en cualquiera de las formas injustas de Estados posibles.

Apartado c) Justificación desde la posición filosófica del autor.

Este planteamiento teórico platónico encuentra su justificación en el símil de la línea y su vinculación con la principal preocupación política de Platón: la creación de un modelo político adecuado que garantizará la creación de un Estado justo gobernado por un sabio. Sabiduría que se encontraría explicada a través de la teoría de las ideas (en cuanto al qué lo hace sabio) pero igualmente con el símil de la línea que nos explicaría el cómo se llega a la aprehensión de esas ideas.

Un Estado perfecto que se sustentaría sobre varios pilares teóricos pero que indudablemente tenía un pilar muy básico: el gobernante debía ser sabio. Una sabiduría que por supuesto no estaba al alcance de cualquiera, sino más bien al alcance de algunos que por su carácter y aptitudes, estuvieran destinados a una larga preparación que los convirtiera en sabio y que con cuya sabiduría garantizarán la justicia y el bienestar de la comunidad. Y es así, como el símil de la línea encuentra su relación con la política, puesto que es a través de este símil como se explica metafóricamente los distintos niveles de conocimiento que aquellos deberían pasar para alcanzar esa sabiduría.

En el símil de la línea, expuesto en el libro VI de La República, Platón desarrolla su teoría gnoseológica defendiendo un dualismo gnoseológico: para él, el hombre dispone de dos modalidades cognoscitivas. Por un lado, nos encontramos con la Dóxa, término con el que se refiere al conocimiento opinable, aparente y bastante dudable (falso) que se divide a su vez en otras dos modalidades: Eikasia y Pistis. La primera, entendida como conjeturas, nos proporciona el conocimiento de sombras e imágenes (las proyectadas en el fondo de la caverna en el mito de la caverna) que no nos proporcionan ningún conocimiento verdadero. La Pistis, por su parte, entendida como creencia o explicación plausible, nos proporciona un conocimiento más veraz pero aún falsable, dudable pues con ella sólo tenemos acceso al conocimiento de los objetos físicos que son muy cambiantes y mutables (lo que se correspondería a los objetos que portan los hombres que se encuentran detrás del tabique en el mito de la caverna).


Después de abandonar este conocimiento, llegamos al otro: la Episteme. Traducida como ciencia, se puede entender también como conocimiento racional y por supuesto, conocimiento verdadero puesto que con él conocemos aquello que no cambia; las Ideas. Dentro de la Episteme, nos encontraríamos con la Dianoía y la Noésis. La primera es entendida como pensamiento discursivo (Matemáticas) con la que accedemos al conocimiento de los entes matemáticos (números y figuras geométricas). Para Platón, este es un momento muy importante debido al carácter propedéutico de tal materia: las matemáticas resultaban indispensables en el sistema educativo propuesto por él y seguido en su propia Academia, ya que abría la mente del alumno y lo familiarizaba con lo abstracto.

Finalmente, el hombre puede acceder al conocimiento de las causas de todo por medio de la Noésis, disciplina que se traduce como inteligencia, pensamiento puro o Ciencia Dialéctica o Suprema con la que el gobernante convertido en sabio conocería aquello que garantizaría el bienestar y la justicia de su Estado: las ideas de Bien y de Justicia (junto, por supuesto, con todas las demás)


Tales vías de conocimiento están presentes en el sistema educativo propuesto por nuestro autor. Un sistema educativo que cumplía un fin muy importante para el mantenimiento de la justicia en el estado: educar a cada uno en aquello para lo cual había nacido y asegurarse así que obrar en eso de forma muy virtuosa. Un sistema educativo doble: por un lado, un sistema dirigido a la clase productora y por otro lado, una educación propiamente dicha dirigida a los guardianes auxiliares que después se convertirían en gobernantes perfectos.

Con respecto a esta última, una primera etapa abarcaría hasta los 20 años, en los cuales el niño recibía una educación en valores y costumbres a través del teatro y un desarrollo de su corporalidad y espiritualidad a través de la gimnasia y la música respectivamente. De los 20 a los 30 años, eran instruidos en estrategias militares junto con el conocimiento de materias propedéuticas tales como las matemáticas, la música y la astronomía. Justo aquí se producía una selección de aquellos que aspirarían a ser en un futuro gobernantes siguiendo tres criterios: su amor a la patria, su perseverancia en el estudio y su inteligencia. Finalmente, de los 30 a los 35, los ya aspirantes a gobernantes perfectos se especializarían en matemáticas, astronomía, música, bellas artes, dialéctica y filosofía. Una vez acabada su preparación teórica, comenzaría su preparación práctica en la que desempeñarían cargos públicos con la intención de que se enfrentaran a problemas reales y no teóricos hasta la edad de 50 años. Llegada esa edad, gobernarían durante un periodo de 2 años mínimo (para hacer efectivo su mandato y garantizar así la justicia en su estado) y un máximo de 8 años (para evitar así su corrupción).

Tras ese largo periodo de aprendizaje, el gobernador se encargaría de preparar a los futuros gobernantes y de nunca olvidares de llevar una vida contemplativa, necesaria para mantener aquella sabiduría que le permitiera orientar bien a los aspirantes.

Es aquí donde se pone de manifiesto los dos momentos de la dialéctica defendidos por nuestro autor: un momento ascendente que llevaría a algunos a abandonar su ignorancia por una nueva sabiduría adquirida y un momento descendente que llevaría necesariamente a enseñar lo aprendido a aquellos que aún son presos de su ignorancia (tal y como se ponde de manifiesto en el mito de la caverna)


Para finalizar, conseguida esa sabiduría por el aspirante a gobernante, garantizaría cualquiera de las dos formas justas de Estado para Platón; la aristocracia o la monarquía. Cualquier otro gobierno donde el que gobernara no hubiera sido debidamente preparado desencadenaría cualquiera de las formas injustas o enfermas: timocracia o timarquía, oligarquía, democracia y tirania.


3) Relación del tema elegido con otra posición filosófica y valoración razonada de su actualidad.

Con respecto al tema político y su relación con un determinado sistema educativo que garantizará la sabiduría del gobernante y con ella, la justicia y bienestar del Estado, podríamos comparar este planteamiento con Aristóteles y Marx.

Comenzando con Aristóteles, encontramos cierta similitud en estos planteamientos en la medida en que los dos pensadores clásicos coinciden en considerar el origen del estado y de la sociedad en la propia naturaleza humana que ambos caracterizan casi de la misma forma. Ambos afirman la falta de autarquía que lleva al hombre necesariamente a vivir en sociedad con la finalidad de subsistir con la ayuda de todos y cubrir así todas las necesidades básicas. En cambio, Aristóteles ve también como el origen que justifica la existencia de la sociedad como una forma inherente de vida del ser humano en hecho de ser el único ser vivo con capacidad de hablar, con capacidad de poseer lenguaje.

Otros puntos de coincidencia estriban por un lado, en la identificación del Bien común y por tanto la felicidad de todos los miembros de la sociedad como la principal finalidad del funcionamiento del Estado posibilitando lo más posible el desarrollo intelectual y racional del hombre (que para ambos pensadores equivale a la felicidad más plena). Por otro lado, ambos pensadores coinciden de alguna forma en clasificar las formas de estado en justas e injustas, aunque literalmente ambas clasificaciones no coincidan. Por parte de Aristóteles, como formas justas nos encontramos la monarquía, aristocracia y democracia justa o “politeia”. En cuanto a las formas injustas, y en total correspondencia con aquellas, tendríamos la tiranía, oligarquía y democracia injusta o “demagogia”.

Para terminar con Aristóteles no podemos olvidar la clasificación de los grupos sociales que el hace el pensador clásico (en familia, tribu y estado) y que le llevaría una vez más a defender que aunque las tres son necesarias, es la tercera (estado) la que en mejor disposición se encuentra para garantizar la felicidad del hombre.

Con respecto a Marx, sólo incidir en una cuestión de similitud terminológica (no podemos olvidar la enorme distancia temporal que os separa) que consiste en el término comunismo. Si bien en éste, el comunismo en la forma de salir de una prehistoria humana caracterizada por la alienación de la mayoría a manos de una minoría, en el pensamiento de Platón por comunismo entendemos una de los cuatro pilares fundamentales en los que se basa el estado utópico de Platón y que pudiera coincidir con Marx en que para ambos tal palabra implica eliminación de la propiedad privada.

Con respecto a su valoración en la actualidad, creo que el planteamiento de Platón sigue siendo acertado en la medida en que no podemos olvidar el hecho de que quienes gobiernen deben estar preparado para ello ya que así garantizará un correcto funcionamiento de cualquier estamento del Estado y por tanto en claro beneficio de la convivencia pacífica en el seno de una sociedad.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Modelo de examen. Platón (Onto-Epistemológico)

MODELO 1
PLATÓN
(LÍNEA ONTICO-EPISTEMOLÓGICA)

Texto:
- "Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?
- Mucho más verdaderas".
Platón, República, Libro VII.

1) Descripción del contexto histórico-cultural y filosófico que influye en el autor del texto elegido.

Este texto pertenece a Platón, filósofo griego nacido en Egina (Atenas) en el año 428/7 a. de C. Y fallecido en el año 347 a. de C. y a su obra “La República”. Platón ha de ser considerado como uno de los primeros filósofos y uno de los más importantes de la antigüedad. Máximo representante del idealismo clásico, se caracteriza por abarcar a través de todos sus diálogos una gran variedad de temas, que van desde la epistemología, hasta la antropología, pasando por la ética, política y la ontología. Es, sin embargo, su gran legado para la Historia de la Filosofía la Teoría de las Ideas o Formas formulada, principalmente en “La República”. Respecto a la obra a la cual pertenece el texto, a pesar de las distintas clasificaciones que los autores han realizado sobre su extensa bibliografía, ha de ser considerada como una de las obras más representativas del filósofo. Escrita entre el primer periodo (juventud o socrático) y el tercer periodo (madurez), toma como pretexto cuestiones políticas a través de las cuales expone sus principales ideas filosóficas, magníficamente ejemplificadas heurísticamente con un extenso y variopinto recital de alegorías o mitos. Por su parte y respecto al siglo, éste siglo (siglo V a. de C.) se caracterizaría de forma general por las continuas guerras que enfrentarían a las distintas “polis” griegas, principalmente Atenas y Esparta, siendo la más destacada la Guerra del Peloponeso iniciada en el año 431 a. de C. Finalmente, algunas otras obras del autor son, distribuidas correspondientemente entre sus distintos periodos, las siguientes: en su periodo de juventud o periodo socrático la “Apología de Sócrates”; en su periodo de transición, el Crátilo; en su periodo de madurez, “Fedón” y, por último, en su periodo de vejez, el Parménides.


El siglo V a. de C. se va a caracterizar por la sustitución de la inestabilidad política que vive Grecia. Este siglo se inició con las dos primeras Guerras Médicas, transcurridas respectivamente en los años493-481 y 480-499. Tras la confederación de Delfos ocurrida en el año 477 y la dirección de Atenas por parte de Pericles en el año 462, Atenas entraría en la lucha contra Esparta en el año 459. Este ambiente, totalmente inestable, fue el marco de referencia del inicio de la Guerra del Peloponeso (431), que sería la antesala de la derrota de Atenas por parte de Esparta en el año 406. Dos acontecimientos más marcarían, políticamente, este siglo: por una lado, la institución del gobierno de los 30 tiranos (404) y por otro lado, el posterior derrocamiento de los mismos en el año 403 a. de C.

Culturalmente, este siglo, llamado el siglo de la “Ilustración Griega” se caracterizaría por ser el siglo donde se iniciaría el periodo clásico. Siglo donde abundarían artistas y literatos de la talla de Píndaro, Esquilo, Sófocles; historiadores como Heródoto y Tucídices y escultores como Pitágoras de Samos, Kritios, Mirón y Policleto, entre otros. Filosóficamente, Platón, en mayor o menor medida puede considerarse como hijo de su tiempo, siendo buena parte de sus ideas recogidas y reelaboradas de forma original y nueva, de una tradición filosófica que se inicia en el siglo V con la aparición de los sofistas, de entre los cuales fue Protágoras el más representativo. Junto con éste, filósofos como Sócrates, el atomista Leucipo, el sofista Gorgias o el mismo Hipócrates configurarían buena parte del ambiente filosófico en el que se movería Platón. Fueron, sin embargo, algunos filósofos los que más directamente influirían en él. En primer lugar, Sócrates con su incesante búsqueda de las definiciones universales y el uso de la Dialéctica; Parménides y Heráclito, en su conjunto motivarían la síntesis conceptual que daría lugar a la Teoría de las Ideas o Formas; Pitágoras con la utilización de la armonía y las matemáticas como herramientas para descifrar los misterios del universo y la creencia en la inmortalidad del alma; y finalmente, Anaxágoras quien con su idea del “Nous” introduciría la idea de Demiurgo en Platón.

2) Comentario del texto:
Apartado a) Explicación de las expresiones subrayadas.


La expresión “liberación de las cadenas” hace referencia al momento inicial de un proceso educativo y cognoscitivo que nos llevará por medio de un proceso de naturaleza ascendente a abandonar el conocimiento aparente (fundado en lo sensorial) para aprehender el conocimiento verdadero (basado en las ideas o formas), a partir del cual el propio conocimiento sensorial cobra aún más sentido. Consecuentemente con esto se pone de manifiesto la opinión crítica del autor sobre aquellos planteamientos filosóficos que ponen el origen y límite del conocimiento humano en lo fenoménico (como los sofistas), ya que con este conocimiento nos encadenaríamos al conocimiento de un mundo o realidad aparente que no tendría sentido sin el conocimiento de sus correspondientes ideas de las que nace.

En segundo lugar, la expresión “cosas más reales” si bien nos lleva a pensar en aquellas auténticas realidades inteligibles (ideas) con las que alcanzamos el auténtico conocimiento, una interpretación más literal del texto nos sitúa en el conocimiento de los objetos físicos que el protagonista del mito contempla al oro lado de la pared y que fruto de los cual, el primer conocimiento que tenía de ciertas sombras proyectadas en la pared ahora se le torna falso.




Apartado b) Exposición de la temática del mismo.

Centrándonos en el tema del texto y teniendo como telón de fondo el mito de la caverna (en concreto en momento inicial del ascenso del protagonista del mito), Platón plantea la necesidad de cuestionarnos lo tradicionalmente verdadero para comenzar un proceso educativo y cognoscitivo que nos llevaría en primer lugar a ser conscientes de la aparente realidad y verdad de todo aquello que antes considerabamos verdadero para alcanzar el conocimiento de las cosas que auténticamente lo son (conocimiento necesario de alcanzar por el guardián perfecto para garantizar la justicia en el Estado)






Apartado c) Justificación desde la posición filosófica del autor.

La justificación de tales tesis la encontramos en la teoría ontológica desarrollada por Platón a través de uno de sus más famosos mitos (el mito de la caverna) y teoría; la teoría de las ideas. De igual forma, otra parte importante de dicha justificación la encontramos en el desarrollo del símil de la línea y su vinculación con el sistema educativo platónico propuesto en la “República”.

Teorías de la Ideas y símil de la línea que no sólo usa el autor para explicar la estructura de la realidad y los grados del conocimiento humano para acceder a ella, sino que vienen también a justificar dónde reside y cómo se llega a alcanzar esa sabiduría (del gobernante o guardián perfecto) que garantizaría el Estado justo.


Teoría de las Ideas o Formas ampliamente desarrollada a través de muchos de los diálogos platónicos pero que encuentra una de sus más significativas expresiones en el mito de la caverna que Platón explica en el libro VII de La República. Una teoría que defiende una visión dualista de la realidad donde se entrecruzan conceptos tan dispares como lo único y lo múltiple, lo inmutable y lo mutable así como lo invisible y visible.

El dualismo ontológico platónico defiende la existencia de una primera realidad visible formada por múltiples cosas físicas que se caracterizan por su mutabilidad, caducidad y cambio constante denominada “mundo sensible” (Kosmos Koratos). Una realidad sólo accesible al hombre por medio de los sentidos y que encuentra su origen, fundamento, justificación de su existencia en otra realidad separada llamada “mundo inteligible” (Kosmos Noetos).

Este mundo inteligible está formado por aquellos entes ideales, modelos o arquetipos que se convierten en modelos, causas y esencias de aquellos objetos físicos que son lo que son por su parecido por tales modelos. Estas ideas (tradicionalmente entendidas como definiciones universales) se caracterizarían por su inmutabilidad, eternidad, inmaterialidad y accesibilidad sólo por medio del pensamiento puro y abstracto alejado de cualquier referencia sensorial. Ideas que se encuentra, además jerarquizadas en forma, podríamos decirlo así, piramidal donde en la base encontramos las ideas sensibles (los modelos o arquetipos de los múltiples y variados objetos físicos visibles). Después nos encontramos con las ideas inteligibles que nos sirven de modelo y justificación para la existencia en nuestro mundo de aquello que ya no podemos ver tales como los sentimientos. Un peldaño más arriba, se situarían junto con las entidades geométricas y aritméticas, las Ideas de Belleza y Justicia. Una Belleza entendida como modelo o canón de lo bello, de forma que un objeto sensible será bello en tanto en cuanto se parezca a ese canón . Así mismo la Idea de Justicia se convierte en canón de justicia no sólo para el hombre sino igualmente para el estado (que para platón será visto como un organismo vivo). En el caso del hombre, justicia será aquella virtud cardinal entendida como suma armónica de las otras tres; sabiduría, fortaleza y templanza. En lo referente al Estado, justo será aquel en el que se de una armonía funcional debido a que cada uno realice la función que le corresponda por situación social y educación.

Finalmente, en la cúspide de tal mundo o realidad, nos encontramos con la Idea de las Ideas, la Idea del Bien. Aquella de cierta dificultad a la hora de definir pero que en palabras del propio Platón, es el origen de todo lo visible así como de la sabiduría y el obrar prudentemente para aquel hombre que lo contemple directamente: el sabio.

Sería la figura del demiurgo la responsable de la creación del mundo sensible tomando como modelo el mundo inteligible y que Platón manifiesta por medio de términos cono analogía, participación o imitación. Términos con los que metafóricamente Platón salva el abismo existencial que existe entre ambos mundos y que relata en su obra el Timeo al referirse al demiurgo y a su amor platónico al mundo perfecto de las ideas.
En el símil de la línea, expuesto en el libro VI de La República, Platón desarrolla su teoría gnoseológica defendiendo un dualismo gnoseológico: para él, el hombre dispone de dos modalidades cognoscitivas. Por un lado, nos encontramos con la Dóxa, término con el que se refiere al conocimiento opinable, aparente y bastante dudable (falso) que se divide a su vez en otras dos modalidades: Eikasia y Pistis. La primera, entendida como conjeturas, nos proporciona el conocimiento de sombras e imágenes (las proyectadas en el fondo de la caverna en el mito de la caverna) que no nos proporcionan ningún conocimiento verdadero. La Pistis, por su parte, entendida como creencia o explicación plausible, nos proporciona un conocimiento más veraz pero aún falsable, dudable pues con ella sólo tenemos acceso al conocimiento de los objetos físicos que son muy cambiantes y mutables (lo que se correspondería a los objetos que portan los hombres que se encuentran detrás del tabique en el mito de la caverna).


Después de abandonar este conocimiento, llegamos al otro: la Episteme. Traducida como ciencia, se puede entender también como conocimiento racional y por supuesto, conocimiento verdadero puesto que con él conocemos aquello que no cambia; las Ideas. Dentro de la Episteme, nos encontraríamos con la Dianoía y la Noésis. La primera es entendida como pensamiento discursivo (Matemáticas) con la que accedemos al conocimiento de los entes matemáticos (números y figuras geométricas). Para Platón, este es un momento muy importante debido al carácter propedéutico de tal materia: las matemáticas resultaban indispensables en el sistema educativo propuesto por él y seguido en su propia Academia, ya que abría la mente del alumno y lo familiarizaba con lo abstracto.

Finalmente, el hombre puede acceder al conocimiento de las causas de todo por medio de la Noésis, disciplina que se traduce como inteligencia, pensamiento puro o Ciencia Dialéctica o Suprema con la que el gobernante convertido en sabio conocería aquello que garantizaría el bienestar y la justicia de su Estado: las ideas de Bien y de Justicia (junto, por supuesto, con todas las demás)



3) Relación del tema elegido con otra posición filosofica y valoración razonada de su actualidad.

Con respecto a la naturaleza de lo real y a sus diferentes modos de conocimiento, otros autores han desarrollado parecidos planteamientos. En un primer lugar ya fuera Parménides con su ser inmutable de las cosas hasta el mismo Sócrates con sus definiciones universales coincidirían con Platón en afirmar que lo que es, lo real es algo de naturaleza inteligible que se accede por medio de la razón o del pensamiento (Episteme). Planteamientos éstos que con el paso del tiempo derivarían en posturas racionalistas o idealistas como la defendida por Descartes. Éste afirmaría, a través de su teoría de las tres sustancias, que lo real es aquella idea, percibida por una mente atenta, clara y distinta no nacida de ninguna experiencia sensorial (innata) y que nos daría información verdadera sobre tres tipos de entidades: Dios, yo como sustancia pensante y la cosa como sustancia extensa. Este Idealismo derivaría con el correr de los tiempos en u idealismo transcendental defendido por Kant y posteriormente, en el límite de la modernidad y contemporaneidad filosófica (siglo XIX), en el idealismo absoluto defendido por Hegel.

Pero igualmente esta forma racionalista e idealista de entender la realidad ha tenido sus más firmes detractores: los realistas o empiristas. Ya en el siglo V a. C. los sofistas defendían una postura realista sobre lo real que encontraba su justificación en la experiencia sensible por medio de la cual sólo podía el hombre conocer ciertamente fenómenos. Un empirismo que encontraría su máximo esplendor en el mundo antiguo en la figura de Aristóteles que a través de su teoría hilemórfica, y muy en contra de Platón, defendería la unidad de lo real formada por la unión indisoluble de lo material y lo formal. Una unión que justificaría la existencia de todas aquellas sustancias o sujetos que podemos ver por nuestros sentidos y que se compondrían de una base material que adquiría su individualidad gracias a su figura o forma. En tal teoría no tendría ningún sentido hablar de analogía o de participación al más puro estilo platónico.
Esta postura aristotélica derivaría con el tiempo en un empirismo que encontraría en Inglaterra en la modernidad tres grandes representantes: Locke, Berkeley y Hume. Autores que volvería a defender la primacía de lo real entendido como lo sensible y material que se le aparece irremediablemente al hombre en forma de fenómeno sensorial.


Con respecto a la actualidad de tales planteamientos, podríamos echar mano de la psicología. Concretamente de la teoría de la Gestalt en la que se afirma la necesaria dependencia del concepto para poder unificar todas mis experiencias como consecuencia de un proceso activo de percepción que toma como materia prima todo aquello experimentado por los sentidos. En ese sentido, podemos afirmar no sólo la necesidad de sensaciones sino igualmente la utilidad e aquellos conceptos abstractos que nos permiten unificarlos y distinguirlos. Planteamiento que estaría más cerca de las posturas empiristas que de las racionalistas e idealistas.


Este modelo de resolución de examen ha sido elaborado por el Colegio Tomás de Aquino de Sevilla.