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martes, 4 de enero de 2011

Vocabulario de Tomás de Aquino

VOCABULARIO FILOSÓFICO
STO. TOMÁS DE AQUINO


1.- Verdad Divina = Alta verdad = cosas divinas = “Bien más alto” = Bien superior = Bienes espirituales/eternos = verdades inmortales y divinas = principios evidentes = primeros principios: término tomista por el que se indica aquel conocimiento verdadero que el hombre puede conocer y alcanzar por medio de la fe (luz sobrenatural) que hace referencia a la causa primera incausada responsable de la existencia de todo el orden natural. Este conocimiento de la causa primera es evidente por sí mismo; sin embargo, la naturaleza humana es finita y sin la ayuda de Dios, el hombre no los podría alcanzar para asegurarse la contemplación de la Verdad total y con ella la felicidad.

2.- Razón natural = Razón = entendimiento humano = saber humano: términos usados por el autor para hacer referencia a la vía de conocimiento natural que posee el hombre en virtud de la cual puede conocer sin ayuda de Dios y de su gracia (iluminación) el orden natural de las cosas (el mundo físico), con la intención de alcanzar la comprensión de las causas segundas que gobiernan este mundo. El proceso de conocimiento lo explicaría por medio de la teoría de su “maestro”: la teoría aristotélica de la abstracción. La verdad de su conocimiento reside en la evidencia de lo conocido y la virtud en su empleo sólo se consigue por medio de la repetición constante convertida en hábito.

3.- Inspiración divina/sobrenatural: término con el que el autor se refiere a aquel conocimiento que procede de Dios y que éste nos proporciona para facilitarnos el acceso a la Verdad completa al conocerlo a él y por tanto al conocer la causa primera de la existencia de todo el orden natural.

4.- Dios = sustancia superior: término identificado con la sustancia o único ser o ente que posee, además de los atributos habituales adscritos a él, la peculiaridad de coincidir en él la existencia y la esencia, siendo por tanto, el único ser que sólo necesita de sí mismo para poder existir, sin depender causalmente de ningún otro ser.

5.- La verdad: expresión tomista por la cual debe entenderse todo el ámbito de lo natural y lo sobrenatural, de forma que el conocimiento verdadero sólo se obtendrá por medio de la necesaria colaboración entre la razón y la fe, ya que a través de la primera se obtiene el conocimiento de las causas segundas y por medio de la segunda, el conocimiento de la causa primera (Dios).

6.- Filosofía = metafísica: disciplinas tomadas por Sto. Tomás como instrumentos o vías de conocimiento que nos llevan a darnos cuenta de los dos tipos de seres existentes: por un lado, Dios como la sustancia, como aquel único ser que para existir sólo necesita de sí mismo y por otro lado, los seres contingentes o criaturas de Dios, que serían seres cuya existencia depende del concurso ordinario de Dios.

7.- Ciencia = investigación racional: término usado por el autor para hacer referencia al conjunto de disciplinas usadas por el hombre con la finalidad de acceder al conocimiento de las causas segundas que gobiernan el funcionamiento del mundo y de sus fenómenos, siendo este conocimiento totalmente compatible con el conocimiento de la causa primera obtenido por medio de la fe.

8.- Alma: término tomista tomado del planteamiento aristotélico con la peculiaridad de que para Sto. Tomás el alma sería necesariamente inmortal y siendo éste el vehículo para la contemplación final directa de Dios. Para Sto. Tomás, el alma realizaría las mismas funciones previstas para ella por Aristóteles: vegetativa, sensitiva y racional.

9.- Fe: término tomista que hace referencia a aquella luz sobrenatural de la razón que con la ayuda y guía de Dios nos lleva al conocimiento de él como causa primera incausada, llevándonos al conocimiento total de la verdad (compatible con el conocimiento de las causas segundas accesibles por medio de la ciencia). La verdad del conocimiento obtenido por la fe tiene su fundamento y garantía en la fuente de la cual procede este conocimiento: Dios (el cual no nos podría nunca engañar). Y la virtud en este conocimiento sólo se conseguiría por medio de la ayuda de Dios y nunca por medio de la repetición convertida en hábito.

10.- Virtud: término usado por Sto. Tomás para hacer referencia al modo de realizar de forma excelente las acciones propias de la razón (entendimiento) que nos llevaría al conocimiento de las causa primera (Dios), así como las acciones propias de la fe que nos llevaría a completar nuestro conocimiento al poder conocer la causa primera de todo lo existente (la creación divina y el orden natural).

11.- Sustancia inferior = Naturaleza humana: expresión tomista por medio de la cual se hace referencia a aquellos seres cuya naturaleza consiste en depender de otra sustancia más perfecta que ellas para poder existir: nos referimos a las criaturas de Dios o seres contingentes (nosotros). Estos seres se caracterizan por poder conocer el orden natural (naturaleza) sin ayuda de Dios pero necesitándola para poder obrar bien, con el fin de poder garantizarse el acceso a la felicidad eterna.

12.- Ley Natural: expresión usada por el autor con el fin de mostrar cuál debe ser el origen de aquellos preceptos y normas que deben ser elaboradas por los hombres para vivir en Sociedad construyendo así la llamada Ley positiva. Este Ley tiene su origen en Dios y en sus mandatos que vertidos y tomados como modelos para la convivencia en la sociedad, nos asegurarían la consecución de la virtud por parte de los hombres y con ella garantizarles la consecución de la felicidad.

13.- Ente, ser y no-ser: términos usados por el autor con el fin de a través de su estudio filosófico y metafísico poner de manifiesto los tipos de seres existentes y creados por Dios: todos son entes (entidades) que necesariamente poseen un ser (esencia) y se distinguen en función de ese ser o esencia de modo que; Dios posee como esencia la peculiaridad de no depender de nadie para existir, mientras que los demás seres creados por él tienen como esencia el depender precisamente de él para poder existir.
(Este vocabulario ha sido tomado de la web del Colegio de Santo Tomás de Aquino)

Modelo de examen. Tomás de Aquino. Línea Ético-política

MODELO
STO. TOMAS DE AQUINO
(LÍNEA ÉTICO-POLÍTICA)

Texto:
La ley natural es consecuencia de la naturaleza humana. Y la naturaleza humana, aunque múltiple en sus partes, es una en cuanto al todo. Por consiguiente, o es uno solo el precepto de la ley natural, en virtud de la unidad que posee el todo de la naturaleza humana, o son muchos, por razón de la multitud de partes de la misma, y en este caso hasta las inclinaciones del apetito concupiscible habrían de pertenecer a la ley natural.

Tomás de Aquino, Suma contra gentiles, I.

1) Descripción del contexto histórico-cultural y filosófico que influye en el autor del texto elegido.

Este texto pertenece al filósofo medieval Sto. Tomás de Aquino nacido en el año 1225 en el Castillo de Rocaseca, cerca de Nápoles, siendo hijo del Conde de Aquino y el más pequeño de los varones entre doce hermanos, y fallecido en el año 1274 en el camino entre Nápoles y Roma, cuando se dirigía al Concilio de Lyon, en el Monasterio cisterciense de Fosanova. Y a su obra, “Suma contra los gentiles”, donde el autor, junto con otra de sus “Sumas” expone principalmente todo su pensamiento filosófico y teológico, convirtiéndose al mismo tiempo en uno de los libros de texto más importantes de la Filosofía Escolástica y compuesta por cuatro libros. Filósofo representativo y cumbre de la filosofía escolástica que durante su corta vida realizaría una de las mayores síntesis filosófico-teológicas de la historia, entregando su vida a la búsqueda de la verdad y a la unión mística con Dios. Por su parte, el siglo al cual pertenecen autor y obra, el siglo XIII se caracterizaría por el apogeo de la Escolástica y la importancia filosófica de Aristóteles en el contexto filosófico del momento. Respecto a otras obras del autor, podemos citar algunos de sus “Comentarios” como por ejemplo, los “Comentarios a la Sagrada Escritura” o los “Comentarios a Aristóteles” y por supuesto la otra gran “Suma”, la “Suma Teológica”.


Histórica y culturalmente, el siglo XIII se va a caracterizar por las constantes luchas entre el Imperio y el Papa, ganando finalmente la batalla éste último y acumulando el poder no sólo espiritual sino también material y convirtiéndose así en el mayor poder de Occidente. Por otra parte, Sto. Tomás de Aquino se movería en un ambiente donde las herejías no se toleraban, siendo castigadas con penas civiles e incluso con la muerte. Socialmente, existe la mentalidad de una estratificación social basada en la voluntad divina: por él, unos son príncipes, otros obispos y otros vasallos. Finalmente, el reparto de poderes también obedece a unos designios divinos, ya que él se lo ha dado a unos para que lo ejerzan: rebelarse contra éstos es rebelarse contra el mismo Dios.

Filosóficamente, el siglo XIII va a ser uno de los más fecundos en la medida en que el apogeo de la Escolástica se va a materializar en la aparición de distintas corrientes filosóficas que van a estar centradas en el estudio de Aristóteles. En primer lugar, frente a esta importancia medieval de Aristóteles, estaría, como consecuencia de la etapa medieval anterior, el agustinismo platónico, que se caracterizaría por negar la separación entre la Fé y la razón (Teología y Filosofía), por mantener un dualismo antropológico basado en dos substancias distintas (alma y cuerpo), por defender un predominio de la voluntad sobre el entendimiento en el campo de la Ética, por sostener un Hilemorfismo en cuanto a la explicación ontológica de la realidad y por desconfiar de la pruebas físicas de la existencia de Dios a favor del argumento ontológico de San Anselmo. El más representativo sería San Anselmo de Canterbury. Por su parte, el aristotelismo medieval sería defendido por una multitud de distintas interpretaciones.

En primer lugar, nos encontraríamos con el Aristotelismo Averroísta (cuya principal figura filosófica sería Averroes)que defendería como tesis principales la existencia de un “motor inmóvil” como principal causa del movimiento mecánico del Universo, la mortalidad y caducidad del alma (en contra de la opinión habitual mantenida por los griegos) y la defensa de una doble verdad (la de la fé y la de la razón). En segundo lugar, nos encontraríamos con el Aristotelismo Tomista (representado por Sto. Tomas de Aquino) que se caracterizaría por las siguientes tesis: la negación de la eternidad del mundo, la afirmación de la inmortalidad del alma y la negación de una doble verdad.

2) Comentario del texto:
Apartado a) Explicación de las expresiones subrayadas.


Ambos términos e encuentran tan relacionados que la definición de uno conlleva la definición del otro. Por ley natural entendemos todos aquellos preceptos y normas que deben ser tenidos en cuenta por la Ley positiva y que hacen referencia a la propia naturaleza humana que se manifiesta individualmente en cada uno de los hombres y que hunden sus raíces en las tendencias e inclinaciones humanas que nos llevan a conservar nuestra propia existencia (como sustancia), procrear y cuidar de la prole (como animal) y buscar incesantemente la verdad, la justicia y la felicidad (como humanos).

Apartado b) Exposición de la temática del mismo.

La temática del presente texto versa sobre la unidad y universalidad de la Ley natural a pesar de que ésta encuentra su manifestación en la multiplicidad de los individuos que tienen en común dicha naturaleza humana, en la cual es también contemplada como parte de esa Ley natural todo aquello que pertenece a la multiplicidad de los individuos y que precisamente los hace distintos unos de otros: sus inclinaciones.

Apartado c) Justificación desde la posición filosófica del autor.

En íntima relación con la felicidad, durante esta época los filósofos retomarían de nuevo el tema político y ético como campos obligados de estudio donde indagar la manera práctica y efectiva de actuar del hombre con el fin de conseguir garantizarse dicha felicidad en esta vida y también en la otra, tras la muerte.

En este sentido, nuestro autor, Sto. Tomás de Aquino no se quedaría al margen de dicho debate llegando a adoptar posturas que retornarían a posturas ya clásicas como la defendida por algún que otro sofista, como por ejemplo Hippias.

El punto de partida del planteamiento del autor se centra en la defensa del concepto aristotélico de felicidad, entendida como perfeccionamiento y plenitud humana que se consigue a través del desarrollo virtuoso de aquello que nos resulta específico a nuestra especie: en el caso del hombre, el desarrollo y perfeccionamiento de nuestra capacidad racional. En este sentido, el punto de partida tomista se basaría en defender, nuevamente, el concepto finalista o teleológico y aristotélico de felicidad.

Pero, ¿cómo se puede llegar a ella?. Sto. Tomás afirmaría que necesariamente compaginando dos facetas inseparables para la vida humana: la ética y la política. En este sentido, volvemos a defender el ideal clásico de Platón o del mismo Aristóteles. El planteamiento tomista partirá, por tanto, de la afirmación de una doble Ley (incurriendo así en un parecido con los planteamientos sofistas en este campo): por una lado, una ley natural y por la otra, una ley positiva.

En primer lugar, por ley natural, Sto. Tomás de Aquino entiende aquellas normas que tengan como fin el desarrollo de la naturaleza humana y que por tanto nos permitirán conseguir la anhelada felicidad. Unas normas que deben atender a las tendencias naturales o necesidades inherentes al ser humano y de las que él mismo es consciente. Necesidades que en la medida en que sean cubiertas o tendencias que sean desarrolladas permitirán el acceso del hombre a la felicidad. En ese sentido, esta Ley natural debe permitir la conservación de la existencia del hombre (como sustancia), garantizar la procreación y el cuidado de los hijos (como animal) y finalmente la búsqueda de la verdad y la garantía de la justicia (como se racional).

Esta ley, a juicio de Sto. Tomás de Aquino, posee una serie de propiedades tales como la evidencia, la universalidad y la inmutabilidad de las mismas. Universalidad en tanto que la Ley afecta necesariamente a todo ser humano como individuo perteneciente a una especie y por tanto a una generalidad. Inmutabilidad en la medida en que no puede estar sujeta a variaciones temporales o culturales sino que estarían entroncadas en la propia naturaleza humana y en su relación con la felicidad. Finalmente, evidente porque debe ser fácilmente cognoscible para todo ser humano para que sea factible el acceso de todos a la felicidad.

Pero, una vez definida la naturaleza humana y sus tendencias y la relación que con ellas mantiene la felicidad, ¿cómo conseguirla?. La respuesta de Sto. Tomás no podría ser de otra manera: a través de la Ley positiva. Esta ley resulta ser totalmente necesaria para posibilitar la satisfacción de aquellas tendencias naturales del ser humano que le llevarían irremisiblemente a la felicidad. Una felicidad que únicamente podrá accederse en esta vida a través de una comunidad social a través de la convivencia reglada por unas normas positivas creadas y consensuadas por los hombres.

En este sentido, podríamos decir que nuestro autor volvería a planteamientos clásicos de corte platónico o aristotélico en el sentido de afirmar que el hombre es social por naturaleza. En la misma línea, nuestro autor coincidiría con Hippias al afirmas que tal ley, la ley positiva, serviría para prolongar la ley natural en tanto que sus normas hacen posible el cumplimiento de la ley natural. Consecuentemente, la ley positiva debe respetar la ley natural.


3) Relación del tema elegido con otra posición filosófica y valoración razonada de su actualidad.

En cuanto a la temática planteada en el presente texto de Sto. Tomás de Aquino, la relación de fundamentación entre la ley natural y la propia naturaleza humana, podemos encontrar ciertas similitudes con otros planteamientos filosóficos, tales como los desarrollados en la filosofía clásica por los sofistas e incluso por el mismo Platón y Aristóteles.

En cuanto a los sofistas, en el seno de este movimiento encontramos una similitud con el planteamiento de Hippias. Éste autor defendería, al igual que Sto. Tomás, la necesidad de relacionar la Ley positiva con la Ley natural teniendo cono base la propia naturaleza humana. Hippias defendía que tal necesidad residía en el hecho de poder garantizar de este modo que tales leyes positivas y creadas artificialmente por los hombres no se convirtieran en injustas al ir en contra de aquella naturaleza humana, la cual se encontraría representada por la mismísima ley natural. En concreto, Hippias mantenía la necesidad de atemperar la ley positivas con la Ley natural.

Dentro del mismo movimiento filosófico, nos encontramos un punto de vista totalmente opuesto representado por Protágoras. Por su parte, este autor defendía la necesidad de elaborar una ley positiva totalmente al margen de la ley natural tal y como Hippias la entendía. La razón de este planteamiento opuesto residía en que para Protágoras, la ley natural lejos de ser considerada como aquellas tendencias naturales del hombre, era visto como la situación de guerra de todos contra todos, provocado por un ser humano que al margen de toda ley y castigo dejaría rienda suelta a sus más bajos y animales instintos. En este sentido, para Protágoras la ley positiva se convertiría en el freno adecuado y positivo para la ley natural.

Por último, existe una cierta similitud con los planteamientos clásicos platónico y aristotélico al defender Sto. Tomás que la felicidad sólo se alcanza a través de una necesaria vida social por medio de la cual, el hombre al desarrollar su naturaleza especifica alcanzaría dicha felicidad.
(Este modelo ha sido tomado de la web del Colegio Santo Tomás de Aquino)

Modelo de examen. Tomás de Aquino. Onto-epsitemológica

MODELO
STO. TOMAS DE AQUINO
(LÍNEA ÓNTICO-EPISTEMOLÓGICA)

Texto:

“Es también necesaria la fe en estas verdades para tener un conocimiento más veraz de Dios. Únicamente poseeremos un conocimiento verdadero de Dios cuando creamos que su ser está sobre todo lo que podemos pensar de Él, ya que la sustancia divina trasciende el conocimiento natural del hombre, como más arriba se dijo. Porque el hecho de que se proponga al hombre alguna verdad divina que excede a la razón humana, le afirma en el convencimiento de que Dios está por encima de lo que se puede pensar”
Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles, I, 5.

1) Descripción del contexto histórico-cultural y filosófico que influye en el autor del texto elegido.

Este texto pertenece al filósofo medieval Sto. Tomás de Aquino nacido en el año 1225 en el Castillo de Rocaseca, cerca de Nápoles, siendo hijo del Conde de Aquino y el más pequeño de los varones entre doce hermanos, y fallecido en el año 1274 en el camino entre Nápoles y Roma, cuando se dirigía al Concilio de Lyon, en el Monasterio cisterciense de Fosanova. Y a su obra, “Suma contra los gentiles”, donde el autor, junto con otra de sus “Sumas” expone principalmente todo su pensamiento filosófico y teológico, convirtiéndose al mismo tiempo en uno de los libros de texto más importantes de la Filosofía Escolástica y compuesta por cuatro libros. Filósofo representativo y cumbre de la filosofía escolástica que durante su corta vida realizaría una de las mayores síntesis filosófico-teológicas de la historia, entregando su vida a la búsqueda de la verdad y a la unión mística con Dios. Por su parte, el siglo al cual pertenecen autor y obra, el siglo XIII se caracterizaría por el apogeo de la Escolástica y la importancia filosófica de Aristóteles en el contexto filosófico del momento. Respecto a otras obras del autor, podemos citar algunos de sus “Comentarios” como por ejemplo, los “Comentarios a la Sagrada Escritura” o los “Comentarios a Aristóteles” y por supuesto la otra gran “Suma”, la “Suma Teológica”.


Histórica y culturalmente, el siglo XIII se va a caracterizar por las constantes luchas entre el Imperio y el Papa, ganando finalmente la batalla éste último y acumulando el poder no sólo espiritual sino también material y convirtiéndose así en el mayor poder de Occidente. Por otra parte, Sto. Tomás de Aquino se movería en un ambiente donde las herejías no se toleraban, siendo castigadas con penas civiles e incluso con la muerte. Socialmente, existe la mentalidad de una estratificación social basada en la voluntad divina: por él, unos son príncipes, otros obispos y otros vasallos. Finalmente, el reparto de poderes también obedece a unos designios divinos, ya que él se lo ha dado a unos para que lo ejerzan: rebelarse contra éstos es rebelarse contra el mismo Dios.

Filosóficamente, el siglo XIII va a ser uno de los más fecundos en la medida en que el apogeo de la Escolástica se va a materializar en la aparición de distintas corrientes filosóficas que van a estar centradas en el estudio de Aristóteles. En primer lugar, frente a esta importancia medieval de Aristóteles, estaría, como consecuencia de la etapa medieval anterior, el agustinismo platónico, que se caracterizaría por negar la separación entre la Fé y la razón (Teología y Filosofía), por mantener un dualismo antropológico basado en dos substancias distintas (alma y cuerpo), por defender un predominio de la voluntad sobre el entendimiento en el campo de la Ética, por sostener un Hilemorfismo en cuanto a la explicación ontológica de la realidad y por desconfiar de la pruebas físicas de la existencia de Dios a favor del argumento ontológico de San Anselmo. El más representativo sería San Anselmo de Canterbury. Por su parte, el aristotelismo medieval sería defendido por una multitud de distintas interpretaciones.

En primer lugar, nos encontraríamos con el Aristotelismo Averroísta (cuya principal figura filosófica sería Averroes)que defendería como tesis principales la existencia de un “motor inmóvil” como principal causa del movimiento mecánico del Universo, la mortalidad y caducidad del alma (en contra de la opinión habitual mantenida por los griegos) y la defensa de una doble verdad (la de la fé y la de la razón). En segundo lugar, nos encontraríamos con el Aristotelismo Tomista (representado por Sto. Tomas de Aquino) que se caracterizaría por las siguientes tesis: la negación de la eternidad del mundo, la afirmación de la inmortalidad del alma y la negación de una doble verdad.

2) Comentario del texto:

Apartado a) Explicación de las expresiones subrayadas.


Dios, como tradicionalmente ocurría en el marco del pensamiento medieval, Sto. Tomás lo entiende como aquel ser que no necesita de nada más que de sí mismo para existir. Es decir, aquella causa incausada o “causa sui” de la que depende ontológicamente todas las “creaturas” divinas. Dios constituye en sí mismo ese orden sobrenatural que lógicamente es causa del efecto: el orden natural. Un orden natural al que accedemos por medio del conocimiento natural o racional (sin ayuda de Dios) que es concebido por nuestro autor como aquella operación del entendimiento que conoce las causas segundas que rigen los fenómenos del orden natural y cuya veracidad se basa en la evidencia de lo conocido por este medio (sin que Dios lo tenga que fundamentar o garantizar) y cuyo ejercicio virtuoso sólo se consigue por medio de la repetición.

Apartado b) Exposición de la temática del mismo.

El tema de este texto versa sobre una prueba usada por nuestro autor para justificar no sólo la existencia de Dios sino igualmente otra vía de conocimiento (al margen del conocimiento natural y racional del hombre) como la fe, a través de la cual todo aquello que queda fuera del alcance de nuestro conocimiento racional es proporcionado (y por tanto iluminado) por Dios. Por lo que consecuentemente, si tenemos ese conocimiento (la fe) también debe existir la fuente (Dios). No obstante, tenemos que resaltar la dependencia de Sto. Tomás con respecto a San Anselmo dada el enorme parecido que existe entre la estructura lógica de este texto y el argumento usado por aquel: Dios existe porque no podemos pensar otra cosa o entidad más perfecta que él (en palabras de Sto. Tomás “Únicamente poseeremos un conocimiento verdadero de Dios cuando creamos que su ser está sobre todo lo que podemos pensar de Él”.


Apartado c) Justificación desde la posición filosófica del autor.

La justificación de esta temática se encuentra en la postura filosófica mantenida por Sto. Tomás de intentar conciliar ambos modos de conocimiento (razón y fe) para el conocimiento de la verdad y la unión con Dios. Pero una conciliación que es justificada por este autor en base a dos conceptos claves muy relacionados: verdad (que nos llevaría a ver su teoría ontológica de claro corte creacionista) y la felicidad (con el que nos adentraríamos en su análisis del pecado original y sus consecuencias morales para el hombre)

Debemos adentrarnos primero en su teoría ontológica por medio de la cual nos expone su visión de la realidad con fuertes connotaciones religiosas. Este autor defendería una visión creacionista de la realidad (como no podía ser de otra manera) donde veía, por un lado, un nivel natural formado por aquellos fenómenos naturales, analizados e investigados fundamentalmente por la ciencia, y por aquellos seres inferiores que habían sido creados directamente por Dios y que dependían de él directamente para su existencia. Unos seres que serían tradicionalmente llamados seres contingentes, y entre los cuales el hombre ocuparía un lugar privilegiado al ser el único creado a imagen y semejanza de Dios.

Para Sto. Tomás, este orden llamada orden natural se regía por unas causas llamadas causas segundas que sólo podíamos conocer por medio de la razón o luz natural de la razón. Un conocimiento propio del hombre y que no dependía de Dios. Justamente por medio de esta razón se podía conocer una parte de la verdad en forma de verdades de razón o verdades naturales.

Sin embargo, la realidad no se agota en el orden natural: existe también el orden sobrenatural formado por aquella causa primera o causa sui, identificada con Dios, que es la responsable de la existencia de orden natural y que se relaciona con la sabiduría, la felicidad , la perfección y la salvación necesaria para todo hombre.

Este orden sobrenatural estaría sólo al alcance de la fe y con ella completaríamos el conocimiento de toda la verdad posible sobre la realidad por medio de las verdades de fe o verdades reveladas o verdades sagradas.

Por eso, y tras lo expuesto, la primera conclusión a la que llegamos es que tanto la razón como la fe poseen ámbitos propios de conocimiento pero que indudablemente deben colaborar entre sí.

La razón de esta mutua colaboración defendida por Sto. Tomás no estriba sólo en el ámbito de la verdad sino también, y quizás mucho más importante para el hombre, en el ámbito de la salvación del alma humana. Una salvación que debe ser buscada y que tiene su origen en el pecado original.

Para nuestro autor, la existencia del hombre parte en un estado que él llamó estado de inocencia o de justicia original y que nos explica cuál fue la situación de partida del hombre antes del pecado original. Con tal expresión el autor se refiere al momento de la existencia del hombre en el paraíso tras su creación dotado de una serie de dones dotados a él por Dios. Unos dones naturales con los que le proporcionaba las capacidades cognoscitivas necesarias para poder conocer el mundo sin necesidad de ayuda divina. Otros dones, los dones sobrenaturales con los que Dios se aseguraba darle aquellas capacidades que lo mantuvieran en contacto con él para evita así el pecado y obrar siempre de una forma recta y virtuosa. Y finalmente, otros dones llamados dones preternaturales con los que el hombre se aseguraba, en caso de perder los dones sobrenaturales, poder volver a estar en contacto con Dios y así asegurarse su salvación.

Sin embargo, tal situación idílica se truncaría como consecuencia del pecado original. Un pecado que analizado por nuestro autor provocaría en el hombre la pérdida de aquellos dones sobrenaturales que le mantenían en contacto directo con Dios y por tanto su capacidad de tender al bien de una forma constante se vería muy dañada. Eso implicaba que ahora el ser humano podía conocer sin ayuda de Dios el orden natural pero a la hora de actuar necesitaba ayuda que lo guiara por el camino correcto de la virtud y poder así salvarse. Y es aquí donde llega la fe, la iluminación divina, la gracia divina con la que Dios ilumina el camino de nuestra salvación.

Es así como finalmente Sto. Tomás de dos formas distintas pero complementarias justifica la necesidad de colaboración entre la fe y la razón.

Una razón que es entendida como el conjunto de operaciones del entendimiento (aquí se ve la influencia aristotélica) que conocen el orden natural y donde la verdad de lo conocido por ella se basa en la evidencia. Una razón que se consigue desarrollar únicamente por medio de la repetición, del hábito (nuevamente se ve la influencia de Aristóteles con su teoría del la virtud como el justo término medio). Por su parte, la fe es entendida como aquella operación del entendimiento que está guiada por Dios y donde la verdad de lo conocido por la fe reside en la fuente de dicho conocimiento: Dios. Un Dios que no nos permitiría engañarnos tomando algo como verdadero cuando es falso o viceversa. Una fe que conseguimos desarrollar virtuosamente sólo por medio de la obediencia a lo comunicado por Dios. Hablamos en ese sentido de una virtud teologal.

En este sentido, resulta comprensible las conclusiones a las que llega Sto. Tomas y que se basan en los siguientes puntos:

1.- La razón y la fe poseen ámbitos de conocimiento propios: el primero el orden natural y el segundo el orden sobrenatural.
2- Por medio de la razón obtenemos el conocimiento de las verdades de la razón y por medio de la fe conocemos las verdades de la fe o verdades sagradas o reveladas. Junto con estas verdades, Sto. Tomás afirma la existencia de dos tipos más de verdades: los preámbulos de fe (necesarios para la salvación humana y accesibles por medio de la razón o de la fe) y los artículos de fe (dogmas de fe sólo accesibles por medio de la fe)
3.- En caso de contradicción entre la fe y la razón, debemos creer en la fe, en l a medida en que nuestra razón pudiera equivocarse pero Dios no.
4.- La razón ayudará a la fe haciendo más comprensibles los dogmas de fe mientras que los dogmas de fe ayudaran a la razón como criterio extrínseco de validez de sus conocimientos.

3) Relación del tema elegido con otra posición filosofica y valoración razonada de su actualidad.

Con respecto a la temática planteada en el texto acerca de la necesaria complementariedad de la razón y la fe como dos vías de conocimiento humano para alcanzar el conocimiento de la verdad, podemos ver planteamientos semejantes cerca así como fuera de su momento histórico y filosófico. En primer lugar, advertimos un gran parecido en la postura agustiniana que se pone de manifiesto en la sentencia que afirma “creer para comprender y comprender para creer”. Una sentencia agustiniana que está íntimamente relacionada con el desarrollo de su teoría de la iluminación donde defiende la existencia de tres niveles cognoscitivos que nos acercarían al conocimiento de la Verdad que anida en nuestro interior en forma de todos aquellos arquetipos que estando en la mente divina y usados por él para la creación, son alojados por él mediante su gracia en nuestro alma para proporcionarnos el camino al padre, al origen y con ello a nuestro autoconocimiento y al conocimiento del todo, de toda la creación junto con el origen y la fuente de ella; Dios. El conocimiento se convierte en un necesario proceso de introspección en busca de la Verdad que anida en el interior del hombre.

En lo que respecta a posturas contrarias, la Edad Media comenzaría a tocar su fin con planteamientos filosóficos (junto a determinados acontecimientos históricos) que tendrían como principal representante al nominalismo de Guillermo de Occam. Contrariamente a lo defendido por Sto. Tomás con su Teología Natural, Occam afima la necesidad de limpiar la correcta imagen de Dios totalmente desdibujada por la imagen que él dio el propio Sto. Tomás al afirmar que al hombre le era posible dar argumentos racionales que probaran la existencia de Dios (sus famosas cinco vías). Para Occam Dios sólo puede ser conocido por la fe, dejando a la razón sólo para el conocimiento intuitivo de lo sensible y en ningún momento capacitada para alcanzar el conocimiento de Dios de una forma directa o indirecta. Sólo existe Dios y sus criaturas y en medio no existe nada en forma de esencias o ideas al más puro estilo platónico. En ese sentido, Occam no admitirá como posible la existencia de los preámbulos de fe.

Para finalizar, sería necesario recordar la similitud que encontramos en ciertos aspectos de la teoría tomista acerca de la razón y su naturaleza. Las verdades de la razón son creíbles a nuestro entendimiento y no susceptibles de ser juzgadas como falsas en la medida en que éstas se nos muestran evidentes. Una evidencia que posteriormente seria utilizada en los inicios de la modernidad de la mano de Descartes cuando afirmaba que toda aquella idea que se presentara evidente debía ser considerada como cierta e indudable.


La valoración de la actualidad de tales planteamientos medievales me lleva a afirmar mi coincidencia con las posturas tomistas y agustinianas en parte. En parte porque si hay una colaboración de la razón con la fe en la medida en que en base a un análisis racional y científico de la armonía y estructura del universo nos hace pensar en la necesidad de un inteligencia ordenadora o creadora del mismo. Una inteligencia que se escapa a la compresión racional humana de la misma, pero que nos abre la puerta de lo trascendente y de lo misterioso. Puerta que indudablemente tendremos que pasar con la ayuda de la fe. Y es en ese punto el que coincido con Occam al ver como única vía de acceso a Dios la fe y no la razón.
(Este modelo ha sido tomado de la web del Colegio Santo Tomás de Aquino)

jueves, 9 de diciembre de 2010

Tomás de Aquino: Ética

La ética tomista, como ocurre también en otros ámbitos, está inspirada en la filosofía de Aristóteles, más en concreto en su obra “Ética a Nicómaco”. Como la aristotélica, la ética de Tomás de Aquino es eudemonista y teleológica.
Con eudemonista queremos decir que considera que el objetivo final de la ética es la consecución de la Felicidad (Eudeimonia = Felicidad, en griego).
Cuando afirmamos que es teleológica (Telos = fin, en griego) nos referimos a que tiene como eje la idea de que todos los seres poseen una tendencia hacia unos fines. Fines que son un bien para ellos. En el caso de Santo Tomás, el fin último que persiguen todos los seres, como su mayor bien, es Dios.
El fin de todas las criaturas es conseguir la Felicidad absoluta. En el caso de los hombres ésta consistiría en la contemplación de Dios en el más allá, es decir, en la Beatitud. Para lograrla se requiere, además, la gracia divina (es un don de Dios).
Por consiguiente, llamaríamos acciones buenas a aquellas que llevan o son compatibles con la Beatitud; y malas a las que nos alejan, o son incompatibles con ésta.
Para actuar bien se requiere la Virtud que define Tomás de Aquino, siguiendo a Aristóteles, como el hábito selectivo de la razón que se forma mediante la repetición de acciones buenas. Existen dos tipos de virtudes: las intelectuales, aquellas que perfeccionan el intelecto; y, las morales, que consisten en la adecuación del apetito a la razón. La virtud moral consistiría en la elección del término medio para evitar el exceso o el defecto en nuestras acciones.

Solo el hombre, debido a su racionalidad, es capaz de tomar conciencia de sus propias tendencias. Por tanto, analizando estas tendencias, puede deducir de ellas ciertas normas de conducta propias de su naturaleza. A esta ley, que descubre el hombre investigando sus propias tendencias naturales, la llama, Tomás de Aquino, Ley Natural.
La Ley Natural es, a juicio de Santo Tomás:

- Evidente: objetiva y fácilmente cognoscible. Solo se requiere una atenta contemplación de las propias tendencias.
- Universal: común para todos los hombres. Todos los hombres comparten las mismas tendencias y, por tanto, la misma Ley.
- Inmutable: permanente y constante. No se ve afectada, al igual que la naturaleza humana, por los vaivenes de la historia.

Una de las tendencias humanas que se refleja en la Ley Natural es la necesidad de la vida en sociedad. La vida en sociedad requiere unas normas legales que la regulen. A esta Ley para la organizar la convivencia en sociedad de los humanos, y que surge como una exigencia de la Ley Natural, la llama, Santo Tomás, Ley Positiva.
La Ley Positiva no es entonces el resultado de un acuerdo o convención humana, sino la consecuencia de las tendencias naturales del hombre que se manifiestan en la Ley Natural.
En este sentido, podemos decir que la Ley Positiva es una prolongación de la Ley Natural que es de carácter general. La Ley Positiva regula, concreta y precisamente, las normas que rigen las particularidades de la convivencia humana.
Además, no puede existir contradicción entre la Ley Natural y la Positiva. La Ley Positiva debe respetar las exigencias de la Ley Natural, no puede ir contra las tendencias naturales del hombre.
Esta concepción demuestra que, para Tomás de Aquino, no existe diferencia entre la Moral (tendencias naturales del hombre) y el Derecho (Ley Positiva).

Por otra parte, y volviendo a la Ley Natural, afirma el dominico, que la Ley Natural del hombre forma parte de la ordenación general que Dios establece para toda la naturaleza o universo. A esta ley general de Dios la denomina Ley Eterna.
La Ley Natural sería la parte de la Ley Eterna que concierne a los humanos y que regula su comportamiento.

Tomás de Aquino: Esencia y Existencia


Toda la Filosofía Cristiana comparte la Doctrina de la Creación. El enfoque de Santo Tomás subraya la diferencia radical entre Dios y los seres creados.
Dios, principio primero, se caracteriza por su simplicidad (Dios es uno, e idéntico a sí mismo). Los seres, por el contrario, se distinguen por ser compuestos.
En los seres creados se puede diferenciar, según, Tomás de Aquino, entre Esencia y Existencia. La Esencia es lo que la cosa es; la Existencia es el hecho de que existe. Diferenciemos estos conceptos a través de un ejemplo: diríamos que la Esencia del hombre consiste en ser un animal racional; a cerca de su Existencia caben dos posibilidades (si o no) según respondamos a la pregunta ¿existen hombres? De cualquier manera el hecho de la existencia o no, no afecta a la Esencia. La Esencia del hombre seguirá siendo la misma independientemente de que existan hombres o no.
Diferenciar en las criaturas (seres creados) entre Esencia y Existencia es una consecuencia del carácter contingente de estos seres.
Para explicar esta relación, Esencia-Existencia, Santo Tomás acude a los términos aristotélicos de Potencia y Acto. La Esencia es una potencia, puede existir o no. La Existencia sería la puesta en acto de la capacidad de existir de la Esencia. La Existencia es un acto de la Esencia.
En los seres se puede distinguir entre Esencia y Existencia, pero ¿qué ocurre con Dios? En Dios su Esencia incluye su Existencia. La Esencia de Dios es su ser. Dios es pura Esencia, sin limitación y que incluye todas las perfecciones.

Conocimiento, Razón-Fe y Vías en Tomás de Aquino

Funcionamiento del entendimiento humano

Tomás de Aquino afirma la inmaterialidad del conocimiento y del alma, es decir, el entendimiento tiene por objeto el ser de todo lo real, sin limitación.
Sin embargo, en el Ser Humano el entendimiento está vinculado necesariamente al cuerpo, a los órganos de conocimiento de éste, es decir, a los sentidos. Así, el entendimiento humano solo puede tener como objeto el ser de las realidades materiales sensibles y no todo lo real.

Esta forma de entender el conocimiento es consecuencia de la concepción general que sobre el hombre tiene Tomás de Aquino. Santo Tomás comparte con Aristóteles la idea de que el hombre es una unión sustancial de cuerpo y alma. Cuerpo y alma son dos sustancias diferentes pero inseparables. Esta concepción proviene de la tesis aristotélica del Hilemorfismo que considera que todo ente (ser) está compuesto de materia (Hylé) y forma (Morphé). Aplicada al ser humano la materia correspondería al cuerpo y la forma al alma.

La vinculación entre entendimiento y cuerpo (sentidos) impone que el conocimiento empiece por lo sensible. Los conceptos (universales) se elaborarán a partir de los datos aportados por los sentidos.
Pero entonces, ¿cómo es posible el conocimiento intelectual (racional)?¿Cómo se pasa de lo sensible a los conceptos? Los conceptos y las percepciones sensibles son realidades muy diferentes. Los conceptos son universales. Por ejemplo: el concepto ser Humano, que podríamos definir como animal inteligente, libre, etc., no se refiere a un individuo concreto y es válido para todos los humanos, en ese sentido decimos que es universal. Al contrario, las percepciones no son universales, sino particulares. No percibimos al ser humano, sino a un ser humano en concreto.
Entonces, ¿cómo pasamos de la individualidad de las percepciones sensibles a la universalidad de los conceptos? La respuesta de Tomás de Aquino se resume en una palabra: Abstracción. Es la capacidad que tiene el entendimiento humano de extraer conceptos a partir de los datos sensibles. Santo Tomás reconoce en el hombre una doble capacidad:
Capacidad de universalizar, es decir, la función abstractiva, a la que llama Entendimiento Agente.
Capacidad de conocer universales, es decir, la función cognoscitiva a la que denomina Entendimiento Posible.

Podemos reconstruir el proceso de conocimiento de los conceptos universales del siguiente modo: Las percepciones captadas por los sentidos dejan en la memoria una imagen particular. El Entendimiento Agente actúa sobre estas imágenes despojándolas de sus elementos individuales hasta que no queda nada en ello de particular, se convierte en un concepto universal. Sobre este universal actúa la segunda capacidad (Entendimiento Posible) conociéndolo.
El conocimiento, propiamente dicho, es el conocimiento de los universales. De los datos sensibles no se puede decir que tengamos conocimiento, sino percepción. Lo referido a las imágenes de nuestra memoria es la imaginación, no el entendimiento.


Relaciones entre Razón y Fe

El edificio del conocimiento, como hemos comprobado antes, debe comenzarse desde abajo. Desde los sensible hacia lo inteligible.
Pero, ¿podremos obtener, entonces, un conocimiento completo de las realidades inteligibles que están más allá de lo sensible? La respuesta de Tomás de Aquino es: no. El conocimiento de las realidades superiores al que podemos aspirar a través de nuestro conocimiento es limitado. Nuestro conocimiento, al estar vinculado necesariamente a los sentidos y partir de ellos, está imposibilitado de alcanzar el conocimiento perfecto de lo inmaterial. Tomemos como ejemplo a Dios, la más importante de las realidades suprasensibles. Pues bien, la razón humana jamás podrá alcanzar un conocimiento completo y perfecto de Dios. Nuestro conocimiento racional de Dios será siempre imperfecto, incompleto y analógico. Con analógico se refiere a que el conocimiento que tengamos de Dios lo obtendremos por la analogía que descubrimos entre las cosas de este mundo y su causa, Dios. Es decir, contemplando las cosas de este mundo (lo creado) podremos conocer algo, por similitud, de Dios (el creador). Conocemos al creador a partir de lo creado.
No obstante, Santo Tomás cree que podemos conocer a Dios y las realidades superiores completa y perfectamente, por supuesto, no a través de la razón, sino de otra forma de conocimiento de que disponemos los humanos: la Fe.
La Fe es capaz de conocer más allá de los límites de la razón. A través de la revelación (información transmitida directamente por Dios a los hombres) la Fe aporta al hombre un conocimiento que no puede alcanzar con la razón.
Fe y Razón son dos formas de conocimiento distintas pero que, sin embargo, tienen algunos puntos en común. Ambas se preocupan de explicar a Dios, el alma, y el mundo.
La concepción de Tomás de Aquino sobre esta relación es positiva. En la época de nuestro autor se ha desató una enorme polémica sobre esta cuestión. Se dieron posturas completamente enfrentadas: desde los que sometían a la razón como herramienta de la Fe, hasta los que proclaman la contradicción entre Razón y Fe.
Santo Tomás considera que Razón y Fe pueden y deben colaborar mutuamente:
La razón puede ayudar a la Fe:
- Aportándole procedimientos de ordenación racional-científica (sistema de proposiciones).
- Adiestrándola en el uso de armas dialécticas para enfrentarse a afirmaciones contrarias a la Fe (herejías y otras religiones).
- Entregándole los datos de la ciencia que apoyen y expliquen artículos de la Fe.
La Fe, a su vez, ayuda a la Razón de la siguiente manera:
- Sirve de norma a la Razón. Si los resultados de la investigación racional son contrarios a la Fe, la razón sabrá que está equivocada. Es decir, la Fe aporta a la Razón un criterio de verdad. Se trata de un criterio extrínseco (exterior a la propia Razón) y negativo, es decir, no le dice lo que está bien, sino lo que está mal.

De todas maneras, Santo Tomás piensa que es imposible la contrariedad entre Razón y Fe, y si la hay es por error nuestro. Fe y Razón deben coincidir necesariamente porque ambas provienen de la misma fuente. Las verdades de la Fe son reveladas al hombre por el mismo Dios. La Razón, por su parte, es un don entregado al hombre por su creador, Dios. Es imposible, por tanto, que Dios nos diga una cosa con la Razón y otra distinta a través la Fe. Ambas deben coincidir.


Conocimiento de Dios (Cinco Vías)

Tomás de Aquino considera que una de las tareas fundamentales de la Razón es la demostración de la existencia de Dios. A través de la Razón podremos saber de su existencia, que no es lo mismo que conocerlo completamente.
Como ya sabemos, nuestro conocimiento, según Santo Tomás, comienza por lo sensible. Por tanto, las pruebas de la existencia de Dios también deberán partir de datos aportados por los sentidos.
El filósofo dominico descubre en la naturaleza cinco datos cuya explicación exige la existencia de Dios. Estos datos de la naturaleza se convierten en vías para la demostración de la existencia de Dios.
Las Cinco Vías de Santo Tomás comparten la misma estructura que podemos ordenar en cuatro fases:

- Se parte de un hecho observado en la naturaleza.
- Se le aplica el Principio de Causalidad.
- Se hace ver la imposibilidad de una serie infinita de causas.
- Afirmación de Dios como primera causa.

Las Cinco Vías son las siguientes:

Vía del Movimiento: El movimiento es un hecho de la naturaleza. Observamos también que todo lo que se mueve, tiene su causa en otro (es movido por otro). Sin embargo, si aplicásemos esto infinitamente no podríamos dar razón del movimiento actual, se requiere un primer motor (inmóvil, sino no sería el primer motor) que explique todos los movimientos posteriores. Ese primer motor, que mueve sin ser movido, es identificado por Tomás de Aquino con Dios.


Vía de la Causa: en la naturaleza contemplamos continuamente la relación causa-efecto, es decir, que una cosa (causa) da lugar a otra (efecto). No apreciamos en la naturaleza nada que sea causa de si mismo. Todos los efectos tienen una causa que, a su vez, ha sido causada por otra. Sin embargo, si llevamos este planteamiento al infinito no podremos explicar los efectos que ahora observamos. Se requiere una primera causa que de razón de todas las demás causas y efectos. Esa Primera Causa, causa de sí misma (si no, no sería la primera), solo puede ser Dios.


Vía de la Contingencia: En la naturaleza contemplamos por doquier seres contingentes, es decir, seres que pueden existir o no, sometidos al nacimiento y la muerte. Estos seres contingentes, ya que en algún momento no existieron, no pueden ser causa de sí mismos. La existencia les vino de otro ser, que no puede ser contingente (si no la existencia también le vendría de otro), sino necesario. El único ser necesario es Dios.


Vía de la Perfección: en los hechos de la naturaleza encontramos verdad, bondad, nobleza en distintos grados (en algunos más en otros menos). Ahora bien, el más y el menos toman su sentido comparándolos con el máximo. No puede existir una cadena infinita de “mases” tiene que existir un máximo que, a su vez, da sentido a todos los demás grados. El máximo de todas las perfecciones, y causa de las que encontremos en la naturaleza, es Dios.


Vía del Orden o de la Causa Final: En la naturaleza observamos como todas las cosas se mueven hacia algo que es un bien para ellas, persiguen su perfección. Ahora bien, como es posible que las cosas que carecen de inteligencia se conduzcan de esta manera. La única explicación posible es que una inteligencia superior las ordene hacia su perfección. Esta inteligencia, que dirige todas las cosas, es Dios.

De esta forma, partiendo de los seres del mundo, considerados como efectos, llega Santo Tomás, hasta Dios entendido como Causa.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Texto Ético-político de Tomás de Aquino

TOMÁS DE AQUINO:
Suma teológica I-II, cuestión 94, artículo 2
(BAC, Madrid 1989, pp. 731-733)
(Marcados en color los fragmentos que caído en selectividad en los últimos años)

La ley natural, ¿comprende muchos preceptos o uno solamente?
Objeciones por las que parece que la ley natural no comprende muchos preceptos, sino solamente uno.
1. Como ya vimos, la ley pertenece al género del precepto. Luego si hubiera muchos preceptos en la ley natural se seguiría que también serían muchas las leyes naturales.
2. La ley natural es algo consiguiente a la naturaleza humana. Mas la naturaleza humana, aunque es una considerada como un todo, es múltiple en sus partes. Por eso, la ley natural, o bien consta de un solo precepto por la unidad de la naturaleza humana como un todo, o bien consta de muchos por la multiplicidad de la naturaleza humana en sus partes. Pero en este caso también las inclinaciones de la parte concupiscible deberían pertenecer a la ley natural.
3. La ley, como ya vimos es cosa de la razón. Pero la razón en el hombre es una sola. Luego la ley natural sólo tiene un precepto.
En cambio consta que los preceptos de la ley natural son en el orden práctico lo que son los primeros principios en el orden de la demostración. Pero estos primeros principios son muchos. Luego también son múltiples los preceptos de la ley natural.
Solución. Hay que decir: Como ya dijimos, los principios de la ley natural son en el orden práctico lo que los primeros principios de la demostración en el orden especulativo, pues unos y otros son evidentes por sí mismos.
Ahora bien, esta evidencia puede entenderse en dos sentidos: en absoluto y en relación a nosotros. De manera absoluta es evidente por sí misma cualquier proposición cuyo predicado pertenece a la esencia del sujeto; pero tal proposición puede no ser evidente para alguno, porque ignora la definición de su sujeto.
Así, por ejemplo, la enunciación «el hombre es racional» es evidente por naturaleza, porque el que dice hombre dice racional; sin embargo, no es evidente para quien desconoce lo que es el hombre.
De aquí que, según expone Boecio en su obra De hebdomadibus, hay axiomas o proposiciones que son evidentes por sí mismas para todos; y tales son aquellas cuyos términos son de todos conocidos, como «el todo es mayor que la parte» o «dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí». Y hay proposiciones que son evidentes por sí mismas sólo para los sabios, que entienden la significación de sus términos. Por ejemplo, para el que sabe que el ángel no es corpóreo y entiende lo que esto significa, resulta evidente que el ángel no esta circunscrito a un lugar; mas no así para el indocto, que desconoce el sentido estricto de estos términos.
Ahora bien, entre las cosas que son conocidas de todos hay un cierto orden.
Porque lo primero que alcanza nuestra aprehensión es el ente, cuya noción va incluida en todo lo que el hombre aprehende. Por eso, el primer principio indemostrable es que «no se puede afirmar y negar a la vez una misma cosa», principio que se funda en las nociones de ente y no-ente y sobre el cual se asientan todos los demás principios, según se dice en IV Metaphysica. Mas así como el ente es la noción absolutamente primera del conocimiento, así el bien es lo primero que se alcanza por la aprehensión de la razón práctica, ordenada a la operación; porque todo agente obra por un fin, y el fin tiene razón de bien. De ahí que el primer principio de la razón práctica es el que se funda sobre la noción de bien, y se formula así: «el bien es lo que todos apetecen». En consecuencia, el primer precepto de la ley es éste: «El bien ha de hacerse y buscarse; el mal ha de evitarse ». Y sobre éste se fundan todos los demás preceptos de la ley natural, de suerte que cuanto se ha de hacer o evitar caerá bajo los preceptos de esta ley en la medida en que la razón práctica lo capte naturalmente como bien humano.

Por otra parte, como el bien tiene razón de fin, y el mal, de lo contrario, síguese que todo aquello a lo que el hombre se siente naturalmente inclinado lo aprehende la razón como bueno y, por ende, como algo que debe ser procurado, mientras que su contrario lo aprehende como mal y como vitando. De aquí que el orden de los preceptos de la ley natural sea correlativo al orden de las inclinaciones naturales. Y así encontramos, ante todo, en el hombre una inclinación que le es común con todas las sustancias, consistente en que toda sustancia tiende por naturaleza a conservar su propio ser. Y de acuerdo con esta inclinación pertenece a la ley natural todo aquello que ayuda a la conservación de la vida humana e impide su destrucción.
En segundo lugar, encontramos en el hombre una inclinación hacia bienes más determinados, según la naturaleza que tiene en común con los demás animales. Y a tenor de esta inclinación se consideran de ley natural las cosas que la naturaleza ha enseñado a todos los animales, tales como la conjunción de los sexos, la educación de los hijos y otras cosas semejantes.
En tercer lugar, hay en el hombre una inclinación al bien correspondiente a la naturaleza racional, que es la suya propia, como es, por ejemplo, la inclinación natural a buscar la verdad acerca de Dios y a vivir en sociedad. Y, según esto, pertenece a la ley natural todo lo que atañe a esta inclinación, como evitar la ignorancia, respetar a los conciudadanos y todo lo demás relacionado con esto.
Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Todos estos preceptos de la ley natural constituyen una ley natural única en cuanto se reducen a un único primer precepto.
2. A la segunda hay que decir: Todas las inclinaciones de cualquiera de las partes de la naturaleza humana, como la concupiscible y la irascible, en la medida en que se someten al orden de la razón, pertenecen a la ley natural y se reducen a un único primer precepto, como acabamos de decir. Y así, los preceptos de la ley natural, considerados en sí mismos, son muchos, pero todos ellos coinciden en la misma raíz.
3. A la tercera hay que decir: Aunque es una en sí misma, la razón ha de poner orden en todos los asuntos que atañen al hombre. Y en este sentido caen bajo la ley de la razón todas las cosas que son susceptibles de una ordenación racional.

Texto Onto-epistemológico de Tomás de Aquino

TOMÁS DE AQUINO: Suma Teológica I, cuestión 2, artículo 3
(BAC, Madrid 1988, pp. 110-113)
(Marcados en color los fragmentos que caído en selectividad en los últimos años)

¿Existe o no existe Dios?
Objeciones por las que parece que Dios no existe:
1. Si uno de los contrarios es infinito, el otro queda totalmente anulado. Esto es lo que sucede con el nombre Dios al darle el significado de bien absoluto. Pues si existiese Dios, no existiría ningún mal. Pero el mal se da en el mundo. Por lo tanto, Dios no existe.
2. Más aún. Lo que encuentra su razón de ser en pocos principios, no se busca en muchos. Parece que todo lo que existe en el mundo, y supuesto que Dios no existe, encuentra su razón de ser en otros principios; pues lo que es natural encuentra su principio en la naturaleza; lo que es intencionado lo encuentra en la razón y voluntad humanas.
Así, pues, no hay necesidad alguna de acudir a la existencia de Dios.
En cambio está lo que se dice en Éxodo 3,14 de la persona de Dios: Yo existo.

Solución. Hay que decir: La existencia de Dios puede ser probada de cinco maneras distintas:

1) La primera y más clara es la que se deduce del movimiento. Pues es cierto, y lo perciben los sentidos, que en este mundo hay movimiento. Y todo lo que se mueve es movido por otro. De hecho nada se mueve a no ser que en, cuanto potencia, esté orientado a aquello por lo que se mueve. Por su parte, quien mueve está en acto. Pues mover no es más que pasar de la potencia al acto. La potencia no puede pasar a acto más que por quien está en acto. Ejemplo: El fuego, en acto caliente, hace que la madera, en potencia caliente, pase a caliente en acto. De este modo la mueve y cambia. Pero no es posible que una cosa sea lo mismo simultáneamente en potencia y en acto; sólo lo puede ser respecto a algo distinto. Ejemplo: Lo que es caliente en acto, no puede ser al mismo tiempo caliente en potencia, pero sí puede ser en potencia frío. Igualmente, es imposible que algo mueva y sea movido al mismo tiempo, o que se mueva a sí mismo. Todo lo que se mueve necesita ser movido por otro. Pero si lo que es movido por otro se mueve, necesita ser movido por otro, y éste por otro. Este proceder no se puede llevar indefinidamente, porque no se llegaría al primero que mueve, y así no habría motor alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor. Ejemplo: Un bastón no mueve nada si no es movido por la mano. Por lo tanto, es necesario llegar a aquel primer motor al que nadie mueve. En éste, todos reconocen a Dios.
2) La segunda es la que se deduce de la causa eficiente. Pues nos encontramos que en el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. Sin embargo, no encontramos, ni es posible, que algo sea causa eficiente de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo, cosa imposible. En las causas eficientes no es posible proceder indefinidamente porque en todas las causas eficientes hay orden: la primera es causa de la intermedia; y ésta, sea una o múltiple, lo es de la última. Puesto que, si se quita la causa, desaparece el efecto, si en el orden de las causas eficientes no existiera la primera, no se daría tampoco ni la última ni la intermedia. Si en las causas eficientes llevásemos hasta el infinito este proceder, no existiría la primera habría efecto último ni causa intermedia; y esto es absolutamente falso. Por lo tanto, es necesario admitir una causa eficiente primera. Todos la llaman Dios.
3) La tercera es la que se deduce a partir de lo posible y de lo necesario. Y dice: Encontramos que las cosas pueden existir o no existir, pues pueden ser producidas o destruidas, y consecuentemente es posible que existan o que no existan. Es imposible que las cosas sometidas a tal posibilidad existan siempre, pues lo que lleva en sí mismo la posibilidad de no existir, en un tiempo no existió. Si, pues, todas las cosas llevan en sí mismas la posibilidad de no existir, hubo un tiempo en que nada existió. Pero si esto es verdad, tampoco ahora existiría nada, puesto que lo que no existe no empieza a existir más que por algo que ya existe. Si, pues, nada existía, es imposible que algo empezara a existir; en consecuencia, nada existiría; y esto es absolutamente falso. Luego no todos los seres son sólo posibilidad; sino que es preciso algún ser necesario. Todo ser otro, o no la tiene. Por otra parte, no es posible que en los seres necesarios se busque la causa de su necesidad llevando este proceder indefinidamente, como quedó probado al tratar las causas eficientes. Por lo tanto, es preciso admitir algo que sea absolutamente necesario, cuya causa de su necesidad no esté en otro, sino que él sea causa de la necesidad de los demás. Todos le dicen Dios.
4) La cuarta se deduce de la jerarquía de valores que encontramos en las cosas. Pues nos encontramos que la bondad, la veracidad, la nobleza y otros valores se dan en las cosas. En unas más y en otras menos. Pero este más y este menos se dice de las cosas en cuanto que se aproximan más o menos a lo máximo. Así, caliente se dice de aquello que se aproxima más al máximo calor. Hay algo, por tanto, que es muy veraz, muy bueno, muy noble; y, en consecuencia, es el máximo ser; pues las cosas que son sumamente verdaderas, son seres máximos, como se dice en II Metaphysica. Como quiera que en cualquier género, lo máximo se convierte en causa de lo que pertenece a tal género — así el fuego, que es el máximo calor, es causa de todos los calores, como se explica en el mismo libro —, del mismo modo hay algo que en todos los seres es causa de su existir, de su bondad, de cualquier otra perfección. Le llamamos Dios.
5) La quinta se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Pues vemos que hay cosas que no tienen conocimiento, como son los cuerpos naturales, y que obran por un fin. Esto se puede comprobar observando cómo siempre o a menudo obran igual para conseguir lo mejor. De donde se deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino intencionadamente. Las cosas que no tienen conocimiento no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente por el que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios.

Respuesta a las objeciones: 1. A la primera hay que decir: Escribe Agustín en el Enchiridion: Dios, por ser el bien sumo, de ninguna manera permitiría que hubiera algún tipo de mal en sus obras, a no ser que, por ser omnipotente y bueno, del mal sacara un bien. Esto pertenece a la infinita bondad de Dios, que puede permitir el mal para sacar de él un bien.
2. A la segunda hay que decir: Como la naturaleza obra por un determinado fin a partir de la dirección de alguien superior, es necesario que las obras de la naturaleza también se reduzcan a Dios como a su primera causa. De la misma manera también, lo hecho a propósito es necesario reducirlo a alguna causa superior que no sea la razón y voluntad humanas; puesto que éstas son mudables y perfectibles. Es preciso que todo lo sometido a cambio y posibilidad sea reducido a algún primer principio inmutable y absolutamente necesario, tal como ha sido demostrado.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Comparación y actualidad de Tomás de Aquino



Según Tomás de Aquino, siguiendo los pasos de Aristóteles, el conocimiento humano empieza por los sentidos. El objeto primero de nuestro conocimiento son las realidades sensibles materiales.
Frente a esta concepción podemos situar la interpretación platónica del conocimiento. En su Símil de la Línea distingue radicalmente el ámbito del auténtico conocimiento (Episteme) del ámbito de la opinión (Doxa). El conocimiento verdadero sólo está al alcance del alma cuando su instrumento, la razón, contempla las ideas iluminadas por la verdad.
En el ámbito del conocimiento distingue Platón dos niveles:
1) La Dianoia o pensamiento discursivo que es el conocimiento que se refiere a los objetos matemáticos. En éste los hombres sirviéndose de símbolos sensibles (representaciones gráficas de figuras geométricas o números) estudian las ideas que estos representan (Triángulo en sí, Diagonal en sí, etc.).
2) La Noesis. En este nivel se trabaja exclusivamente con ideas. Gracias a la ciencia dialéctica podemos ascender desde las ideas más simples hasta la idea más compleja: la idea de Bien.
El “conocimiento” que nos aportan los sentidos no es auténtico conocimiento. Platón lo denomina opinión (doxa). Los sentidos jamás podrán conducirnos al conocimiento pues por su naturaleza corporal están limitados al mundo material, solo nos pueden enseñar el mundo sensible, nunca alcanzarán el mundo inteligible. El conocimiento es para Platón conocimiento de las Ideas que sólo pueden ser alcanzadas por la razón, jamás por los sentidos.

Por otra parte, Tomás de Aquino afirma que el conocimiento humano es limitado. Precisamente por su origen sensible el conocimiento humano está incapacitado para lograr el conocimiento de las realidades inmateriales superiores. Esta limitación no sería admitida por Platón. Como hemos dicho antes, Platón pensaba que a través de la ciencia dialéctica, la razón puede lograr el conocimiento de la idea suprema. La Idea de Bien es lo último que se conoce, y con mucha dificultad, sólo unos cuantos privilegiados pueden llegar a conocerla. Pero los que conocen la Idea de Bien conocen las causas de todo, lo conocen todo.

No hay que confundir los universales de los que habla Tomás de Aquino con las ideas de Platón. Los universales manifiestan las esencias de los seres, lo que las cosas son, pero son conceptos creados por la razón mediante un proceso de abstracción realizado por el entendimiento agente y culminado por el entendimiento paciente. Por el contrario las ideas platónicas no son conceptos de la razón sino entes reales inmateriales. La auténtica realidad, la que constituye el mundo de las Ideas.

Por último, dirigiremos la comparación hacia la cuestión del conocimiento de Dios. Tomás de Aquino afirma, como ya hemos dicho, que no podemos, debido al origen sensible de nuestro conocimiento, conocer las realidades superiores inmateriales. Nuestro conocimiento de dios es analógico e imperfecto. Sólo gracias a la fe, podrá el hombre conocer íntegramente a Dios. Sin embargo, Agustín de Hipona, filósofo medieval cristiano y neoplatónico, sostiene que el objeto de nuestro conocimiento son las realidades inmateriales (ideas en Platón). Nuestro conocimiento no parte de los sentidos, sino del alma. A través de un proceso de introspección, es decir, investigando nuestra propia alma podremos encontrar en ella las verdades inmutables (sitúa Agustín en el alma lo que Platón pone en el Mundo Inteligible) y entre ellas a Dios fundamento de toda verdad. Para San Agustín Dios puede ser conocido por la razón, por el conocimiento humano, al contrario que para Santo Tomás.

Actualidad

En comparación con la platónica, la concepción del conocimiento aristotélico-tomista está mucho más próxima a la ciencia actual, en tanto que considera a los sentidos, a la experiencia como origen del conocimiento.
Pero lo más llamativo a este respecto es como la doctrina de Tomás de Aquino forma parte de una discusión educativo-filosófica de plena actualidad. En los últimos años se ha planteado en los Estados Unidos una disputa entre los defensores de la Teoría de la Evolución de Darwin y los simpatizantes de la hipótesis del Diseño Inteligente. Este enfrentamiento tiene como escenario el ámbito educativo pues en varios estados es obligatoria por ley la explicación, en los centros de enseñanza, como alternativa de la teoría científica darwiniana, del Diseño Inteligente. Esta hipótesis está estrechamente vinculada con la 5ª Vía de demostración de la existencia de Dios de Tomás de Aquino.
La Hipótesis del Diseño Inteligente se niega a admitir que la Teoría de la Evolución sea capaz de explicar a través de sus mecanismos (selección natural y micromutaciones) la complejidad de los órganos extremadamente especializados de algunos seres vivos. Consideran que esa perfección que parecen perseguir las especies en su evolución, no se puede explicar con la teoría de Darwin, sino que se requiere afirmar la existencia de un diseñador inteligente (Dios) que sea el que orienta esa evolución. La 5ª vía de Santo Tomás parte del hecho de que todas las cosas, incluso las cosas naturales que no poseen inteligencia, persiguen un fin, que es un bien, un perfeccionamiento para ellas. Esto, considera Tomás, solo puede explicarse admitiendo la existencia de un ser superior inteligente que es el que dirige a todas las cosas a su fin.

Contexto Histórico-cultural-filosófico de Tomás de Aquino


Históricamente, el siglo XIII representa el momento de mayor florecimiento de la Europa medieval, siendo Francia el centro político y cultural. La economía goza de una estabilidad impulsada por un comercio floreciente: la estabilidad de la moneda, el aumento de circulación de metales preciosos y la consolidación de los gremios artesanales. Socialmente, esto provoca el enriquecimiento de muchos campesinos y burgueses comerciantes, a la par que buena parte de la vieja nobleza empieza a empobrecerse. Las ciudades tienen un gran desarrollo. Políticamente, se comienzan a esbozar los Estados de la Europa moderna. Francia goza de gran prestigio, y en Inglaterra se inicia el proceso para la primera monarquía parlamentaria. El poder del papado alcanza su máxima cota.
Culturalmente, el s. XIII destaca por la aparición y auge de las Universidades, surgidas a partir de la evolución de las escuelas catedralicias. Destacan las de París, Oxford, Bolonia, Salamanca, Cambridge, etc. Por otra parte, aunque a la Edad Media se la trata como una Edad oscura para el saber, es indiscutible que algunas ciencias recibieron un importante empuje, como la Química, la astronomía y la medicina en el pensamiento musulmán, por poner unos ejemplos.
Destaca también el aumento de las traducciones de filósofos griegos, árabes y judíos, trabajo en el que destaca de Escuela de Traductores de Toledo. Las traducciones de Guillermo de Moerbeke serán fundamentales para Sto. Tomás.
Por otra parte, se fundan las órdenes mendicantes, principalmente la de los dominicos, órden de Tomás, y de los franciscanos, que llegaran a ocupar las principales cátedras de las Universidades.
En el contexto filosófico, el siglo XIII supone el período de apogeo de las principales discusiones teológico-filosóficas medievales:
1) De relaciones razón-fe se hace una distinción, aunque sin llegar a separarlas, con lo que la Filosofía se hace distinta de la Teología, aunque no independiente.
2) La naturaleza de los universales: ¿Qué tipo de realidad les corresponde?: Enfrentamiento de platónicos-agustinianos y aristotélicos, realistas y, ya en el XIV, nominalistas.
3) Diferencia esencia-existencia, punto central de la metafísica tomista.
4)Relaciones entre el Creador (Dios, Ser necesario) y los seres creados (contingentes), la creación y la conservación del mundo, todos ellos de gran relevancia en el pensamiento de nuestro autor.
Pero, en concreto en el siglo XIII, resultará especialmente novedoso el redescubrimiento, aunque con prevención por parte de muchos, de la física y metafísica aristotélica, vértebra fundamental de la síntesis tomista, aunque también mantenga relaciones con la doctrina platónica y neoplatónica.
El averroísmo latino surge en la Universidad de París, y hay que entenderlo como un aristotelismo arabizado, siendo Averroes el primer comentarista del Estagirita. Los primeros en cristianizar el pensamiento aristotélico serán S. Alberto Magno y Sto. Tomás de Aquino.